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DEPORTIVO SCHER

DEPORTIVO SCHER

Por Alejandro Duchini

“Nos explicó exactamente que la literatura estaba en el mundo para atrapar lo que no se puede atrapar de otro modo”, escribe Ariel Scher en su último libro, Deportivo Saer. Eso se lee en Locche, uno de los 16 cuentos que lo componen. Literatura, fútbol e ideas del autor. Deportivo Saer tiene todo eso. Es un viaje por la literatura pero también por el deporte y la cultura en general. Aparece el ambiente futbolero con sus exponentes más conocidos y no tanto, se menciona a John Lennon y a James Dean y de pronto se se leen cosas como “la vida es más o menos un barco bonito. ¿De qué sirve sujetarlo? Va y va”, citando a Haroldo Conti.

Este año, después de varias postergaciones, hice el curso de literatura y deportes que Scher dicta en su casa de Flores. Fue de invierno a primavera y si pude cumplir con la rutina de ir cada miércoles a la mañana es porque sus historias se volvieron fascinantes. Ahí me di cuenta cuánto sabe de literatura Scher. Por suerte, comparte esos conocimientos. Este libro es un reflejo de esos cursos. Están esos mismos temas pero en papel, lo que los pone más alcance de las manos. Un libro es también eso: algo que sirve para atrapar lo que no se puede atrapar de otro modo.

Scher insiste en la presencia del deporte en los cuentos y novelas. Si no es el fútbol, el más popular, cuenta quién le va al tenis, que Rodolfo Walsh menciona al ajedrez o que Horacio Quiroga practicaba ciclismo. Saca, en otras palabras, a los escritores de las bibliotecas para meterlos en la vida cotidiana. Eso es lo que se nota en este nuevo libro editado por Club House. Hay Borges, Bioy, Maradona, Soriano, Cortázar, Cristiano Ronaldo, San Martín, Martín Kohan y hasta Atahualpa Yupanqui.

“Sentimos eso porque, como enseña el fútbol, como se aprende existiendo, como se derrama en cada línea de los textos de Sacheri, ninguna desolación es mayor que la que provocan las cosas que perdimos sin comprender por qué las perdimos”, dice al comienzo del libro. Después me reí con el espanto de una familia ante la decisión de un hijo de querer ser árbitro de fútbol. Aprovecha, Scher, para meter la poesía de Homero Manzi: “El alma está orsai, che bandoneón”; unas líneas antes uno de los personajes, ante la drástica decisión del futuro árbitro, compara: “Si al menos hubiera querido ser Gregorio Samsa, el de La metamorfosis, que un día se levantó convertido en un monstruoso insecto”.

Mezcla, luego, la pelota con Chacarita y Lennon; y dice, en otro cuento, que “sólo se estudia con ganas aquello que se ama”. Y en otro: “Nosotros, conscientes de que pocas cosas son más innecesarias que los prejuicios”. O después: “Casi todo se aprende tarde. Casi todo, pero esto más que todo: uno cree que sabe, pero no sabe”. También: “Les posibilitó descubrir que los que se pelean por algo que de verdad es relevante no usan las trompadas”.

Hay algunos cuentos que me resultan imperdibles, y por lo tanto muy recomendables. Uno de ellos es Mi vecina y Pavlovsky: “No se justifica negarlo: a pesar de tanto testimonio y a pesar de tanto Pavlovsky, aún hay individuos que persisten en desvalorizar el papel del juego en la vida”, se lee en uno de sus párrafos. También me gustó (mucho) Ese es el Goyo Luna: “El entrenador de la selección no me largó el más mínimo comentario. Durante todo el entretiempo, habló de la táctica de los paraguayos, de la inmortalidad de los punteros izquierdos como Goyo Luna y de que, ya que tenemos la suerte de haber nacido, hay que corresponderse con esa suerte leyendo a Roa Bastos, que para todos los tiempos será un escritor descomunal”.

Ni hablar de la brillantez periodística que logra en Las páginas de Monzón: “Y un título, acaso el mejor con Monzón, de un escritor que fue a entrevistarlo, que lo confrontó feo y que casi (pero sólo casi) acabó a las trompadas con el mayor experto en trompadas del país. Sin vueltas, Jorge Di Paola, ese escritor, rotuló de esta manera su experiencia: ‘La primera vez que Monzón se rindió ante un supermosca’”. Me gusto como Locche o el titulado Mataderos, donde recuerda “la cara de perplejidad de Pep Guardiola cuando leyó sin parar Operación Masacre hasta sentenciar sobre Walsh: ‘Imagino que él inventó la palabra coraje y, si no lo hizo, al menos la llevó a los altares, la dignificó’”.

No quiero olvidar Tesis sobre las eliminatorias: “Ustedes dirán que las cosas están y no hace falta preguntarse por ellas. Mentira: las cosas están y si uno no se pregunta por ellas, vive con menos problemas, o sea vive de una manera más parecida a las paredes o a la plantas”.

Destaco además la Bibliografía del final. Tiene una guía riquísima para meterse más en el tema. Una lista genial e interminable de escritores, libros, cuentos y biografías que, sabiendo que Scher leyó todo eso (y más), a nadie le quedará la duda de por qué sabe tanto de literatura y deporte.

Estos cuentos trazan un rápido perfil de deportistas y escritores y de la literatura como tal. Por eso es recomendable para aquellos que amen los deportes y quieran incorporar conocimientos culturales. Y, más todavía, para los que deseen pasar un muy buen momento de lectura.

FIDEL

FIDEL

Por Alejandro Duchini / Foto: Nicolás Borojovich

“Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas”, así menciona por segunda vez Eduardo Galeano a Fidel Castro en su libro El fútbol a sol y sombra, para mí la Biblia futbolera. En en esas páginas están, en base a los mundiales y otros momentos, la historia contemporánea. Fidel Castro aparece catorce veces en total, hasta la última edición de este trabajo, actualizada en Brasil 2014. La primera de las menciones es al referir el Mundial del 58: “En Cuba fracasaba la huelga general de Fidel Castro contra la dictadura de Batista”. Lo genial de Galeano es que suele referirlo después de la misma manera: “Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas”. Así deja en claro que las especulaciones no sirven para nada.

La última vez que habla de Castro es con motivo del Mundial de Sudáfrica, en 2010: “Fuentes bien informadas de Miami seguían negándose a creer que Fidel Castro siguiera vivito y coleando, como si no les estuviera dando nuevos disgustos cada día”. Vuelvo a este libro -del que nunca me voy del todo- porque anoche murió Fidel Castro.

“¿Cuántos sueños, cuántas esperanzas y frustraciones simboliza para nosotros el hombre que está parado allí, al borde de la vereda, agitando los brazos como un nadador solitario? ¿Representa todavía el inquietante estallido de la revolución que debía incendiar a toda América Latina para redimir a los oprimidos y los humillados”, se pregunta a fines de 1985 Osvaldo Soriano en su texto Fidel Castro, ¿la utopía inconclusa?. Se encuentra en Rebeldes, Soñadores y Fugitivos. Lo publicó anteriormente en El Periodista e Il Manifesto, cuenta. “¿Qué hago yo en este lugar, caminando al encuentro que tantas veces ha conmovido al mundo?”, se interorga después, cuando describe el momento en que Gabriel García Márquez le dice “ven que te lo presento”.

“Hace cuatro meses que no fumo, pero todavía no lo he dicho oficialmente; hay que ver si soy capaz de aguantarme. Estamos haciendo una campaña contra el tabaco y tengo que dar el ejemplo”, le dice Castro a Soriano.  Y Soriano agrega: “Sin el legendario cigarro parece más vulnerable”. Y después: “O quizás la edad, esos cincuenta y nueve años que encierran una de las más formidables voluntades políticas de este siglo. Si Nikita Kruschev y John Kennedy estuvieron a punto de hacer salta al mundo, fue porque este hombre se empecinaba en defender el orgullo de un pueblo pequeño y pobre que empezaba a forzar la marcha de la historia”.

En ese encuentro de dos horas hablaron de la vejez y de la muerte. “Un hombre de setenta años que se cuide en las comidas, haga gimnasia todos los días y no fume, tendrá la fortaleza de uno de cuarenta”, le comenta antes de agregarle que “la gente que vive en tensión muere joven”.

Soriano escribe que “por cada cubano que triunfa en Miami, miles son enterrados en un basural de humillación y miseria”. “A diferencia de otros líderes, Fidel Castro no ha alentado el culto a la personalidad”, agrega. Tal vez por eso es que Castro hizo historia como pocos. El texto termina así: “Este hombre marcó buena parte de una esperanza hecha de ruido y de furia. Aunque de cerca parezca un enorme gato insatisfecho que ve avanzar, en la noche y en la bruma, el fantasma transparente de nuestros sueños destrozados”.

Tal vez porque vivió en Cuba, tal vez porque es un cronista de excelencia, quien supo describir a Castro fue Jon Lee Anderson. Algunas de sus notas se encuentran en el libro El Dictador, Los Demonios y otras crónicas. Anderson recuerda que cuando se instaló en la isla, en 1993, con su familia, supo que era vigilado. Un psiquiatra cubano le dice que Castro es un psicópata con “un fuerte narcisismo con tendencias paranoicas”. “Se ama tanto a sí mismo”, opina el mismo psiquiatra. Anderson traza un perfil tan apasionante que salta de la política a los amores clandestinos y al celo por su vida privada con que se manejaba Castro. Carta desde La Habana: el viejo y el niño, se titula el imperdible perfil que hace Anderson.

Carta desde Cuba: la última batalla de Fidel Castro es otra de las notas de Anderson sobre Fidel. Comienza por un cartel en el que se lee “Abajo Fidel”, durante un partido de béisbol entre Cuba y Holanda. Suficiente para que se desate un disturbio. Escribe luego: “En junio de 2001 se desmayó de cansancio y de calor durante una larga alocución pública, y en 2004, después de pronunciar un discurso, tropezó y cayó, astillándose la rodilla izquierda y fracturándose el brazo derecho. Aunque todavía pronuncia los largos discursos que lo caracterizan, a veces le tiemblan las manos y le falta estabilidad al andar; tiene brotes de amnesia y expresión incoherente; y en ocasiones se queda dormido en público”.

Leer este libro es una gran aproximación a Fidel Castro; poco objetiva, por cierto (y por suerte), pero aproximación al fin.

El gran texto sobre Fidel y el deporte lo escribió el norteamericano Gay Talese. Se lee en su libro de crónicas periodísticas Retratos y Encuentros; se titula Alí en La Habana. Describe detalles minuciosos de la visita de Muhammad Alí a Cuba en 1996. Los cubanos se revolucionan ante la visita del gran deportista. La seguridad de Castro, también. “Me alegra verlo”, le dice Castro. Muhammad no le contesta nada. Sólo mantiene su mirada “fija y fría”, cuenta Talese. Por momentos los diálogos demuestran situaciones absurdas. Pero siempre se describen de manera magistral los pasos de ambos durante aquellos días.

“Fidel Castro, el tempestuoso y carismático fomentador y propulsor de la Revolución Cubana, puede ser el dictador más odiado del hemisferio occidental, pero se trata del hombre más indispensable, el déspota más omnipresente que provee la energía para casi todas las fases de la vida cubana contemporánea. Además de ocupar los puestos de Primer Ministro, Secretario del Partido Comunista y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, Castro se puso a cargo del programa cubano de agricultura y pasa tanto tiempo estudiando los usos de los fertilizantes y las diversas teorías sobre la cría de ganado como el que pasa leyendo los textos marxistas-leninistas. Trabaja un promedio de 18 a 20 horas por día…”. Así lo describe Lee Lockwood en una entrevista publicada en la revista Playboy. En nuestro país está en el libro Playboy – las mejores entrevistas. “Prácticamente ha barrido con el analfabetismo; ha proporcionado a todos educación y asistencia médicas gratuitas”, le destaca. La charla fue realizada en 1967. “Es un proceso revolucionario, no existen los neutrales; están sólo los partidarios de la revolución y sus enemigos”, dice Castro. Este libro no sólo es una excusa para leer a Fidel. También lo es para acercarse a Charly García, Maradona, Lennon, Darín, Woody Allen y Muhammad Alí, entre otros entrevistados.

Todos sabemos que Cuba ya no es la misma. “Esas cosas no pasaban antes aquí. Pero esta semana Cuba va a convertirse en otra Cuba”, escribe Javier Sinay en Cuba Stone – tres historias, el libro que editorial Tusquets acaba de publicar con tres textos (a Sinay se le suman Joselo y Jeremías Gamboa) sobre la presentación de los Rolling Stones en marzo de este año en la isla. Fue la primera vez que tocaron allí. “Mick Jagger se fue de vacaciones a La Habana”, escribe Sinay. Y unas líneas antes: “El presidente Raúl Castro estaba recibiendo a Barack Obama en el Gran Teatro de La Habana, y todo el mundo estaba ahí”. Para este marzo, y desde mucho antes, la salud de Fidel Castro había empeorado, no se mostraba en público y su ausencia alimentaba conjeturas.

Pero hace unas horas, amigos, ha muerto Fidel Castro. Y así se termina una etapa larga y polémica de la historia; de la historia a secas.