Visitante del otro lado (homenaje a “Polo”)

Escrita por en Columnistas

“No tener una y poder expresarla: eso hace al periodista”. “El periodismo es un océano de un centímetro de profundidad”. “El periodismo es la primera versión de la historia”. La actividad periodística ya acumula sobre sus espaldas muchas frases como las anteriores, que tratan de captar, con mayor o menor crueldad y cinismo, lo que se considera una esencia de ese tipo de trabajo. Creo que todas esas expresiones contienen parte de verdad.

Trabajo de periodista desde hace 15 años; lo hice como actividad principal y en los últimos tiempos como free lance para distintas publicaciones. Me obligaron a trabajar en negro, luego trabajé como pasante por monedas, y desde que soy “colaborador”, es decir, que escribo notas sin pertenecer al staff permanente de un medio gráfico, cobro por nota publicada, generalmente con dos meses de demora desde que entrego el texto hasta que me acreditan el dinero. Y entonces, ¿por qué trabajo de periodista, más que decir “soy periodista”?

Un abuelo paterno autor de libros de historia; madre y padre muy lectores y acopiadores de libros, revistas y diarios; una hermana profesora de Letras; las palabras escritas, la curiosidad, el saber en distintos formatos, tejieron la atmósfera de los años formativos de mi personalidad.

La revista Humor, y su irreverencia ante los poderes de turno; La Maga, que en pleno apogeo de peronismo en fase conservadora traía noticias de cultura que estaban fuera del canon; y aquellos programas de Fabián Polosecki, “El otro lado” y “El visitante”, que mostraban desde la pantalla de Canal 7 historias de vida lejos del glamour y de los personajes de perfil alto. Esas lecturas, esas imágenes, que mostraban cierto modo distinto de interpretar la realidad, me seducían. Con bastante ingenuidad, seguramente, creía que si el día de mañana investigaba y escribía denuncias sobre corrupción política, empresaria, judicial y policial, podría ayudar a edificar un país mejor. Eso creía en los ’90.

No obstante, continúo trabajando de periodista, por las pequeñas victorias que pueden conseguirse con esa tarea; como que haya gente que se sumó a colaborar con la biblioteca parlante “Nuevo Ser”, de San Martín, porque leyó una nota que escribí sobre esa institución, que acerca audiolibros a personas ciegas. O que, al haber publicado otra nota sobre una ONG que defiende los derechos de las personas con discapacidad motriz a poder transitar por las ciudades sin barreras, arquitectónicas, una persona en silla de ruedas haya logrado que esa entidad consiguiera que su consorcio hiciera una entrada accesible al edificio donde vivía.

Y en un plano menos práctico, sigo en la actividad porque me ubica en realidades a las que, con otro trabajo, probablemente no hubiera llegado. No sé si con otro oficio hubiera caminado las calles internas de la Villa 31 de Retiro, o visto la detención de Carlos Menem a la salida de su declaración ante el juez Jorge Urso, en los Tribunales de Comodoro Py. Para mirar la realidad con otros ojos no siempre hace falta viajar a París o Nueva York.

Fabián Polosecki también decía que hay “algo peor que no tener ninguna historia que contar: es haber oído demasiadas, y no poder olvidarlas”. Por eso también creo que uno trabaja de periodista para no dejar de recordar historias y personas, y, en la medida de lo posible, reflotarlas ante la sociedad. Yo mismo me pregunto qué habrá sido de la vida de ese camerunés que encontré en una parroquia de La Boca que atiende a inmigrantes. ¿Pudo volver a su país? ¿Se quedó en Argentina? Y de aquellos campesinos correntinos que querían un subsidio para construir un muelle en una isla de la zona y poder sacar sus productos, ¿habrán logrado el objetivo? ¿Alguien, en la Buenos Aires ruidosa, los habrá escuchado?

Celebro a los trabajadores de prensa que, con honestidad intelectual, profesionalismo y curiosidad inagotable, siguen haciendo dignamente su tarea, más allá de las presiones de los patrones de turno, sean del color político que sean. Y espero que choquemos las copas de verdad, y no a través de Facebook o Twitter.

Por Alejandro Cánepa
Jefe de Prensa de Editorial Adriana Hidalgo, entre otros medios.

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