Valores invertidos

Escrita por en Columnistas, Notas

Extrañamente, en el fútbol argentino, los valores se invierten. Quizá como en ningún otro ámbito de nuestra vida cotidiana, en el deporte más popular, lo malo se convierte en bueno, lo repudiable en digno del aplauso y así. Aunque cueste creerlo, el piola, el más vivo, el que la tiene más grande es aquel que se jacta de ello. Y si esto tuviéramos que explicárselo a algún extranjero que esté de paso por nuestros pagos, se nos complicaría el asunto hasta quedar haciendo un triste papel.

“Soy el técnico más grande la historia”, dijo Ramón Díaz el día que lo volvieron a presentar como DT de River, para alegría de un gran número de hinchas millonarios. Y la frase lo pintó de cuerpo entero al pícaro riojano quien, con su hábil manejo frente a los medios, dejó en ridículo a su presentador Daniel Passarella –presidente del club de Núñez y ahora amigo nuevamente por conveniencia del Pelado-. Al dirigente se lo vio, en aquella conferencia de prensa, nervioso, inseguro, inquieto. Es decir, se lo vio a la inversa que a Ramón. Y seguramente se merezca eso y mucho más el Káiser por su patético desempeño al frente del gigante rojo y blanco, pero el contrapunto fue tremendo.

Ocurrió que el entrenador, una vez que el titular del club caído en desgracia increíblemente desapareció de escena, se despachó con un sin fin de frases grandilocuentes, llenas de ego, desprovistas de cualquier tipo de modestias y pudores. “Yo, yo, yo, los hincha ya me conocen, saben como pienso, muchos pibes ya me llamaron, quieren volver a River”, dijo una y otra… Y los hinchas, la mayoría de quienes lo idolatran por sus viejos logros, lo aplaudieron de pie. Ellos lo querían a Ramón y ahora lo tienen a Ramón.

Pero ni ellos ni el resto de los hinchas del fútbol criollo, seguidores de otros colores, se detuvieron a analizar la soberbia de las palabras del técnico como algo negativo sino todo lo contrario. La mayoría río con sus ocurrencias, festejó sus palabras altisonantes y murmuró un “que capo Ramón”. Es cierto, River tiene que creérsela, pero tal vez ese no sea el mejor camino.

Difícil de explicárselo a un extranjero o a cualquier persona ajena al insólito mundo de la pelota.

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