VOTO CALIFICADO

Escrita por en Notas

Por Nicolás Borojovich

Pasaron unos minutos desde que se despertó hasta que salió de la cama. Se paró y arrastró los pies camino al baño, estaba despeinada y la cara llena de lagañas. Dio pasos cortos. Salió del baño y fue a la cocina a preparase la chocolatada para desayunar, balbuceó una especie de “buen día” de pasada a los que estábamos en el living.

No votó en las PASO de agosto. No se sentía preparada, por eso estuvo averiguando las propuestas de cada partido desde las primarias hasta ahora. Los fines de semana junto a Pamela, su mamá, recorrió las mesas que los militantes tenían en las esquinas de Villa Crespo durante la campaña. En la mayoría solo le entregaron los panfletos y volantes, pocos se tomaron el tiempo de contarle lo más destacable de sus plataformas políticas.

Valentina tenía todo preparado para salir. Se cambió, preparó su documento, su pase para el colectivo y la boleta para poner en el sobre. La preparó una semana antes, la tenía lista para no equivocarse y votar mal. Todo listo. Hizo todo tan rápido que tuvo que esperar a que el resto de la familia nos terminemos de preparar. Todo listo. Salimos rumbo a la parada del colectivo.

¿Estás emocionada, Valen? Caminando a la parada se mantuvo seria. Mientras esperábamos la llegada del 71 pasó por todos los estados de ánimo y cuando el bondi se asomó a lo lejos, empezó a bailar y gritar. Subió. Mostró el pase. Se sentó. Festejó estar en camino. Bostezó y se durmió. Es una fija, Valentina siempre se duerme en el colectivo.

Lo primero que hizo al llegar al colegio fue buscarse en el padrón. Chequeó en qué mesa votaba. Le llamó la atención que su mamá y su tío también voten en la misma. Por suerte no había nadie haciendo fila, sacó su DNI y se lo dio al presidente de mesa. Éste le dio el sobre. Se la notaba nerviosa. Hizo un esfuerzo enorme para disimularlo, pero se notaba lo mismo. Se dirigió al biombo para preparar el voto. Tan derecho fue y tan concentrada estaba que no vio nada en el medio del camino y chocó contra objetos que había a un lado.

Tardó en salir, se tomó su tiempo. No hizo falta usar la boleta que llevó preparada: dentro del cuarto oscuro vio la que quería y prefirió agarrar de esas. Salió de atrás del biombo con una sonrisa enorme, estaba feliz. Feliz por hacer algo importante. Votó por primera vez al poner el sobre en la urna. El presidente de mesa y las dos fiscales la felicitaron. Firmó el padrón, le devolvieron el documento y salió al patio a esperar. Su mamá era la siguiente en la fila.

Valentina, con 17 años, votó por primera vez. Votó porque cree que uno se hace más grande. No sé si sabe qué tan importante es votar: el deber cívico que implica el acto electoral. Para ella es un paso adelante a la adultez. Se siente grande al hacerlo. Valentina es una adolescente con discapacidad. Valentina tiene síndrome de Down.

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