UN CAMPEÓN EN EL GRÁFICO

Escrita por en Entrevista

Por Alejandro Duchini

En la edición de Septiembre de la revista se publica la entrevista El Gráfico que le hice al boxeador César Cuenca. El título es “Persevera y triunfarás”. Es una nota extensa, en la que habla de su durísima infancia, de cómo venció al desánimo y de la pasión que siente por San Lorenzo. La  charla la tuvimos días después de su regreso al país, tras conseguir su primer título mundial al ganarle al chino Ik Yang, en Macao. Se trata de una conversación que me gustó muchísimo hacerla, porque Cuenca tiene una humildad tremenda y una historia de vida increíble. A continuación, van algunas de sus declaraciones.

“Siempre quise pelear por el título del mundo porque sabía que lo merecía, porque me esforcé muchísimo. Patricio, el hijo de mi entrenador, me repetía que estaba ahí por el esfuerzo, por no bajar los brazos nunca”

“Tuve momentos en los que quise dejar de todo pero seguí y fui campeón del mundo. Incluso a veces, en casa, no había ni para viajar a entrenar. Había que salir y no podía aflojar porque nadie saldría por mí. Siempre agradezco el apoyo de mi señora: Gabriela me empuja hacia adelante. Yo me levanto en las malas. Es difícil que dé el brazo a torcer. Soy bien positivo. La actitud es fundamental; por ahora me está dando resultados. Quise ser campeón argentino y lo conseguí. Luego, del mundo. Si no fuese optimista, no sé qué habría pasado conmigo”.

“Mi infancia en el Chaco fue muy dura, muy mala. No teníamos nada en el campo. Ni luz. Íbamos a la escuela en bici o a caballo. A veces ni para comer había. Pensaba en eso al levantar el título. Mi viejo se iba al monte a trabajar, muy lejos: 40 kilómetros. Lo dejaban 15 o 20 días o un mes. A veces más. El patrón le llevaba mercadería y él se quedaba. A veces yo lo acompañaba pero no aguantaba. Muchos bichos, frío. La pasaba mal. Cosechaba algodón con él. Me gusta Chaco. Vuelvo cada vez que puedo a Tres Isletas, pero no al campo. Menos a la noche. Me trae malos recuerdos. Cuando oscurece me voy a la parte del pueblo. Duermo en una casa que me cede el intendente. Además, ya  no está mi viejo. Falleció hace como seis años. Lo extraño. Nunca me voy a olvidar de la educación que me dieron mis viejos. Aprendí mucho de ellos. Me enseñaron qué es la dignidad, el esfuerzo. Mi sobrino trabaja en el carbón en Tres Isletas, junto con mi tío. Somos una familia con una gran cultura del trabajo. Tengo mucha familia en Tres Isletas. Un abuelo de 89 años, una abuela, tíos. Antes iba más seguido. Peleaba y rajaba para allá. Mi señora una vez me dijo que no vuelva, porque me iba siempre (se ríe). Pero me entendía. Mi viejo nunca quiso venirse. No lo podía sacar de allá”.

“No tenía ni para el boleto. Daniel Vásquez, el dueño de la farmacia que está cerca de casa, me daba para los viajes. Pero había que pagar el alquiler y Gabriela, con su sueldo, bancaba todo lo que podía. Yo no tenía ni sponsor y eso que hasta era campeón argentino. A los boxeadores hay que apoyarlos desde amateurs. Eso se necesita mucho. Yo ahora manejo un gimnasio. Hay unos chicos que andan bien y los mandé a entrenar a Caseros. Pero necesitan trabajar porque no tienen ingresos por el boxeo. Entonces se anotaron en una fábrica y tuvieron que dejar de boxear porque con sus horarios de trabajo no llegan para entrenar. Hay muchos casos de chicos que quedaron en el camino. Dudo que esas cosas no van a cambiar. El boxeo es una herramienta para sacar pibes de la calle. Dos, tres horas. Hay pibes que al principio entrenan una hora, después tres y así se enganchan. Son horas en las que no están en la calle”.

“Al menos me pude comprar la casa. Fue con la pelea con Olmedo. Me ofrecieron 30 mil pesos y dije que no. Después, 50 mil y dije que no. ¿Cuánto querés?, me preguntaron. Negocié yo esa bolsa: 100 mil o no iba. Al final me dijeron que sí. Ya tenía visto un terrenito y compré una vivienda de esas que se pagan en cuotas. En el barrio Santa Brígida, en Moreno. En ese momento estaba segundo en el ranking de la OMB. Si perdía con Olmedo, al menos me aseguraba dónde vivir y dejar de alquilar. Sigo pagando la vivienda, pero es mía. También tengo el cochecito. Gracias a Dios, pude comprarme esas dos cosas”.

“A San Lorenzo lo amo. Lo sigo a todos lados. Estar en el medio de la cancha, escuchando a la hinchada cantar ‘dale campeón’ la noche en que me homenajearon por el título en el medio de la cancha es inexplicable. Siempre le grito ‘dale campeón’ al equipo desde la tribuna y esa vez el que estaba en el centro era yo. Es inolvidable ese momento. Se pararon para aplaudirme. San Lorenzo es una familia. Fue como el sueño del pibe hecho realidad. ¡El ovacionado era yo! Mi sueño era llevar el título a la cancha de San Lorenzo. Sueño cumplido. Por eso digo que Dios me dio todo. Costó, pero de un día para otro las cosas se dieron vuelta”.

UN DATO: César René Cuenca nació el 18 de enero de 1981 en la ciudad chaqueña de Tres Isletas, ubicada en la zona centro-norte provincial.

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