TOMÁS ABRAHAM: FILOSOFÍA Y FÚTBOL

Escrita por en Entrevista, Libros

Esta semana entrevisté al filósofo con motivo de la salida de su nuevo libro, Ensayos de admiración. Ya son varias las veces que charlamos con el grabador en el medio. Una de ellas fue para La palabra hecha pelota. Parte de esa nota va a continuación.

Por Alejandro Duchini

-¿Vélez o la Selección?

-Yo soy más hincha de la Selección. Y soy antinacionalista, cosmopolita, judío, rumano, trilingüe… es decir: para mí el mundo es una mezcla, pero con la Selección, no. Con la Selección soy argentino. Y sufro mucho con los mundiales. Imagináte: hace casi tres décadas que no pasa nada. ¡Desde el 86!

-¿Con qué Mundial sufriste más?

-Me parece que con el del 98. Con aquel partido contra Inglaterra que se definió por penales. Recuerdo que vivía en un departamento que tenía una chimenea y estaba metido dentro de ella, rezando, como si esa chimenea fuese un altar. Eso es sufrir. Ese fue el Mundial que más sufrí, no sé por qué. No así el de 2002, que estaba decepcionado porque veía que la Selección jugaba siempre a lo mismo: algo repetitivo y monótono. Además, tuve un click con Bielsa: me pareció un tipo arrogante, que estaba por encima de todo el mundo, pero fundamentalmente de la hinchada. Hacía de Napoleón: se iba al campo como a la isla de Elba. Y repetía algo que me pareció una grosería: no saludar, no comunicarse con nosotros, despreciarnos. Yo iba a la cancha a verlo cuando dirigía a Vélez. Me gustaba. Además, me gustaba su locura. Pero después se me dio vuelta, me pareció un arrogante. De todas maneras uno no tiene opiniones blanco o negro siempre. Y ya lo de la Selección en 2006 me dolió, fue triste, pero con dignidad. Me revienta la gente que cuando pierde critica y no ve cómo se pierde. Argentina jugó bien en ese Mundial y tuvo mala suerte. Mirá si Cambiasso tiraba el penal para otro lado… Pero fue un buen equipo, bien pensado. Me gustaba Pekerman, esa personalidad, con un buen equipo, con buenos jugadores, con una cierta armonía.

Y ya el equipo de 2010 me pareció una lección, un golpe duro; el 4 a 0 ante Alemania me dejó frío, como un accidente inesperado. Y creo que de eso no aprendimos nada en cuatro años. Porque el equipo del Mundial de Brasil fue el mismo de 2010. Es más, la defensa era mejor en 2010. Pero Maradona tuvo la idea de hacer un planteo que para mí fue absolutamente surrealista frente a los alemanes: un 4-1-5 frente a cuatro o cinco alemanes en el medio… El problema no era la defensa.

-Todavía se dice que aquel equipo carecía de “identidad”. ¿Qué te sugiere la identidad en el fútbol?

-Odio la palabra identidad: me parece una palabra de policías. Los equipos tienen personalidad o no la tienen, como un jugador. Hay equipos con personalidad. Los de Bilardo tenían personalidad. Los de Estudiantes tenían personalidad. No porque me gustara el juego, pero tenían personalidad. ¿Cómo se logra la personalidad? Con el grupo, con el equipo, donde todos están con todos. Como el Atlético del Cholo Simeone. Tenés equipos que no son brillantes pero tienen personalidad: son difíciles de ganarles porque todos corren, todos meten, todos se sacrifican, todos tienen hambre. Equipos que no tienen simplemente fantasistas, como dicen los italianos: grandes Messis y demás. Pero tienen personalidad. Porque un equipo no se arma para un jugador. Brasil no se armaba para Pelé. Ni siquiera el Bilardo del 86 armó el equipo para Maradona. Ese año tenía jugadores como Cuciuffo, Garré, Olarticoechea y Brown. No estaba Didí, ¿viste? Y aparecieron el “Negro” Enrique, y Giusti, y Batista, y Burruchaga. Veías cómo se movían, cómo estaban, la concentración que tenían… Y hoy hay jugadores con una cultura diferente. Jugadores de 25 o 26 años que se van de la Argentina a veces de niños, a veces de adolescentes. Que hacen su vida hasta los 30 años, ya adultos, fuera del país. Millonarios que consiguen su fortuna afuera. Como decía Bielsa: “millonarios prematuros”. Y que luego de un Mundial siguen en la Liga y en la Champions a full.

Agüero es campeón con el Manchester, Messi es el mejor del mundo, Di María es Champions League, etcétera. Son grandes vedettes de un fútbol espectáculo global. ¿Qué tienen que ver con la Argentina? ¿Qué tienen que ver con los colores del club? ¿Agüero es Independiente? No es algo nuevo, pero se acentuó desde que los jugadores se van a los 20 años. Porque si al menos se fueran a los 25… ¿Qué relación pueden armar con un equipo acá? En Vélez apareció Romerito. ¡19 años! ¡Romerito se va! ¿Cuánto lo vimos? Nada. Y Vélez es un exportador. Otamendi estuvo una temporada. ¡Ricky Álvarez! ¿Cuántas veces jugó de titular? Tenía 22 años y hacía banco. Lo iban metiendo en la medida en que salía Maxi Moralez. Jugó 5, 6, 7 partidos y no lo vimos más: se fue al Inter. Entonces no conocemos a los jugadores más que por televisión o por las ligas europeas. En el Real Madrid, en el Barcelona, donde sea. Hacen su carrera afuera estos jugadores, no hay uno solo que juegue acá, no viven en la Argentina. ¡Zanetti es vicepresidente del Inter! Es todo ego.

Pero por otro lado, la política se apropió del fútbol en Argentina. A nivel internacional sabemos que es un gran negocio en el que entran las firmas que quieras, pero en la Argentina, además, está la política. Y Sabella se sacó la foto con Capitanich para anunciar quiénes son los jugadores que iban a viajar al Mundial de Brasil. ¿Qué quiere decir? No somos todos kirchneristas en este país. Una cosa es que vaya a saludarte a la concentración tu presidente, para la foto de él; pero otra es que vos vayas al pie, al recinto suyo. Entonces esta apropiación permanente del fútbol se suma al clima mundialista triunfalista de que si ganamos se tapa todo lo demás. Todo es una basura. En lo personal, tomo distancia de lo que quiero tomar distancia. Critico a todo el mundo. Hago un trabajo intelectual. No voy a ver al Papa Francisco.

-¿Cuán futbolero sos?

-Soy futbolero e hincha. Como futbolero, me interesa el fútbol, veo fútbol, me gusta el fútbol. Y me gusta ver buen fútbol. Y verlo en general hasta cuando es malo. Pero aparte soy hincha, porque de la Selección argentina soy hincha. Pero hoy esta parte del hincha la veo más chiquita y más grande la del futbolero. Para mí, la Selección es más importante que Vélez. Hasta ahora, porque creo que también desciende en importancia como descendió Vélez. Además, no tengo 18 años. No veo las cosas como a esa edad. Porque, como dice Muhammad Alí, “si yo pensara a los 50 como a los 20, entonces perdí 30 años de mi vida”.

-¿Qué sentís ante los festejos en las calles cuando hay un logro deportivo, como el de un Mundial?

-El único Mundial que salí a festejar a la calle fue el del 86. Estaba de festejo en general porque había muchas cosas que me gustaban. No era una cuestión política sino civil. Si no, huyo de los climas patrioteros. Existe el hincha solitario. Es muy importante eso hoy en día. Por cada persona que va a la cancha debe haber cien que lo ven por televisión. Somos millones de hinchas solitarios que vemos los partidos en la casa, que vemos Fútbol para Todos y después vamos a la oficina o al café y con otros hinchas solitarios comentamos “¡Qué cagada! ¿Viste lo que pasó?”. Y volvemos al sillón de casa. El fútbol hoy es del hincha solitario. Después ves en una cancha en general tres tribunas vacías y una llena. Hay excepciones, pero en general es así: va poca gente a la cancha.

Pero el hincha se mide por su sufrimiento. Hay dos tipos de hinchas: el triunfalista -que es un idiota- y el que sufre. Y se puede sufrir de diversas maneras. Vos podés sufrir en tu casa, cuando ves un partido en la televisión y la pasás mal. Y si estabas en la cancha, también. ¿Pero quién va a la cancha? En Vélez está la platea que se llama Norte. Están los gordos que van con hijos, sobrinos o el amigo a gritar, aullar puteadas contra el referí. Una cosa ridícula, grotesca. Son grotescos. No podés ir a la cancha para eso.

Esa especie de furia lanzada el domingo, conmigo no va. Esa es la platea. Y después está la tribuna, que es de los de 16 o 17 años. Puede haber alguno mayor, pero va la guardería. La guardería a veces es medio salvaje, ¿viste?, es la pendejada. Y la pendejada quiere hacer quilombo, pasarla bien, hacer pogo. No es muy atractivo. Y cuando estás habituado a la televisión el partido también se te hace largo y aburrido, porque hay tantos minutos en los que no pasa nada… pero a la tele la manejás: podés cambiar de canal e interrumpir el partido si querés. Los partidos de Vélez en general no los veo por televisión porque me pongo nervioso. Lo único que me importa en Vélez es el resultado. Nada más. ¡En Vélez! Y que gane. Pero me gustaría que gane bien, no a las patadas, con un fusil. En ese caso prefiero que pierda, porque si no carece de gracia, se pierde el sabor.

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