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VUELVE DON JULIO

VUELVE DON JULIO

Por Alejandro Duchini.

Don Julio es una revista-libro o libro-revista (como quieran) que editan los periodistas Federico Bassahún (a continuación, el entrevistado) e Ignacio Fusco. Se basa en crónicas y entrevistas futboleras. Van cuatro números y en marzo sale el quinto. Aunque la idea es que aparezca cada seis meses, no tiene aún una periodicidad determinada ni suelen aparecer en sus páginas los futbolistas más conocidos. Las notas están muy bien escritas y se destacan por su originalidad temática. Quienes quieran saber más, pueden ingresar acá. Otra opción es leer la siguiente charla con Bassahún, el mismo que zanja la cuestión del formato al decir que son “una revista a la que le gusta llamarse libro y un libro al que le gusta llamarse revista”.

-¿Hacia dónde va Don Julio?

-La idea es hacer el periodismo que nos entusiasma pero que no podemos hacer en otros lados. Entonces hicimos esta revista, que es de análisis, ensayo, opinión. Y para hacerla tuvimos que aprender muchas cosas sobre la marcha. Todavía tenemos que aceitar y afianzar nuestra estructura, saber cómo enviarla afuera y cosas así. Además, nos tomamos mucho tiempo para editar las notas, hablamos las veces que haga falta con cada uno de los redactores.

-¿Es una revista o un libro?

-Somos una revista a la que le gusta llamarse libro y un libro al que le gusta llamarse revista: no queremos que con este laburo que hacemos se envuelvan huevos. Te puede gustar o no la revista, pero no la vas a usar para envolver huevos. Lo que hacemos tiene que ver con un periodismo que invita a la lectura. Queremos escribir para un lector que se siente a leer las mismas historias que nos gustan a nosotros. Si a nosotros nos gusta determinada lectura, confiamos en que haya otra gente a la que también pueda gustarle.

-¿En qué pensás que se diferencian de otras revistas?

-En que no hacemos periodismo de oficina. Googlear es sólo el punto de partida. Entrevistamos gente, vamos a los lugares. No hablamos en off. Cuidamos mucho el lenguaje. Vamos para el lado del periodismo narrativo. No hacemos literatura si no periodismo pero con las herramientas de la literatura: Mailer, Walsh, Caparrós, Guerriero, Licitra. No tratamos al lector como analfabeto, cosa que muchas veces se hace desde los medios. Partimos de la base de que el lector sabe lo mismo que nosotros, entonces nos obligamos a sorprenderlo. En general, en los medios más grandes, hoy se hace periodismo sin periodistas. Se cubren partidos por tele en vez de tener un cronista en la cancha. Hay mucho periodismo de oficina. Se llegó al punto en el que no se entrevista: se ven pocas fuentes. Cuando yo estudiaba me hablaban de la importancia de la credibilidad del periodista; hoy eso no es algo que el periodista deba conservar para seguir trabajando. Todo se volvió tan inmediato que ya ni importa lo que se publica. Se trata más bien de un límite ético que uno debe trazarse. Es un momento complejo para hacer periodismo.

-¿Por qué Don Julio?

-El nombre tiene gancho. Buscamos un nombre con cierta connotación. Tiramos varios, algunos piolas, otros bizarros. Este nombre es una forma sútil de criticar cierto periodismo que se hace. Grondona estaba vivo cuando salió la revista. Tiene que ver con eso de “Don Julio de acá, Don julio de allá”. Era una forma de criticar un periodismo complaciente, sumiso. Ahora, mucha gente que no ha leído la revista nos escribió para sumarse a nuestra supuesta campaña anti Grondona. ¡Nunca nombramos a Grondona! Para mí es un personaje muy complejo, que a mi no me simpatizaba, pero no tengo tampoco esa idea del demonio y todo eso. En la revista tratamos de humanizar a todos: Martín Palermo era bueno en lo suyo, pero es un tipo como vos y como yo.

-En tiempos de web van con el papel. ¿Por qué?

-Es cierto que sostener el papel hoy es muy difícil: la web es lo má fácil, pero creemos en el papel. Creemos que la gente lee. Se ve en el subte, por ejemplo. No es que se dejó de leer. Por ahí no leemos el diario, pero los diarios hoy tienen noticias viejas. O se reinventan o van a vender cada vez menos. El papel no es ni bueno ni malo. El problema es del periodismo que escribe siempre lo mismo desde hace 40 años. O que piensa que si se publica una nota de 80 líneas sin ningún dato, igual se atrapará al lector. Hay mucho chamuyo, mucha guitarra, mucha subestimación del lector. A la vez, el formato de libro nos permite también que el lector nos ponga en su biblioteca.

-¿Cómo mantienen esta revista con los costos de un papel de gran calidad, como el que utilizan?

-Primero, aspiramos a que funcione. Creemos en el proyecto y en la posibilidad de que se pueda autofinanciar, aunque no queremos que se financie sólo con publicidad. Tuvimos buena repercusión y la revista ha gustado, lo que me genera orgullo. Pero el gran problema de cualquier medio para que se autogestione es la difusión. ¿Cómo hacemos para que el trabajo se conozca? En nuestro caso, imprimimos 3.500 Don Julio. En este país tiene que haber 3.500 personas que la lean. Pero el problema es que no saben que existe. Si mañana Clarín saca 40 mil ejemplares de un suplemento de ollas y sartenes y regala un cuchillo, los va a vender. Porque con su maquinaria lo hará conocido. Los que arrancamos de cero, que no somos conocidos, no tenemos un público que nos va a seguir. Está el caso de Casciari, que tiene un talento inconmensurable y es el rey Midas: todo lo que hace se vuelve oro. Quienes no tenemos su talento nos encontramos con el problema de la difusión: ¿cómo nos hacemos conocer?

-¿Las redes sociales son fundamentales?

-Son vitales pero también complejas de manejar. Igual, no hay una fórmula. Víctor Hugo Morales, que tiene una gran cantidad de gente que lo sigue, mostró y recomendó Don Julio en C5N, ante cámara, y sin embargo no vendimos más ejemplares. Es difícil también cuando no podés hacer un estudio de mercado y saber dónde está tu lector. Entonces uno termina pescando en río revuelto. Nada garantiza que te hagas conocido. Lo más difícil, sin dudas, es difundir nuestro trabajo.

-¿Irían más allá del fútbol?

-Hoy nos agarramos del fútbol, pero no descarto en el futuro ir más allá del deporte. No nos paramos en un pedestal diciendo cómo hacer periodismo. Nosotros lo hacemos pero sin señalar a los demás. Queremos dar una discusión periodística. Somos periodistas, no periodistas deportivos. Porque encima el periodista deportivo sólo habla de fútbol. Estas historias que contamos en Don Julio nos permiten salir de los lugares comunes. Hay mucha construcción de ídolos, algo que no se ve en otros ambientes. Nosotros queremos que el lector se identifique con cualquier personaje que encuentre en la revista.

 

Sumario de marzo

1) Crónica sobre Fabián O’Neill, el jugador del que Zidane decía que era el mejor del mundo pero se retiró a los 29 años por alcohólico.

2) Qué es de la vida de Salvador Cabañas.

3) Perfil de Marcelo Bielsa.

4) La historia de un chaqueño al que descubrió Pekerman y que pasó las mil y una para llegar a Primera (desarraigo, apriete de una barra, alcohol).

5) Cómo es ser jugador libre.

6) Radiografía del mundo arbitral a través de los ojos de una de las tres árbitros internacionales de Argentina.

7) Un día en el circo del showbol.

8) Los comediantes: la historia de enredos de la Selección chilena de 1989.

9) Martino y el infierno del Barcelona.

10) Moneyball y las estadísticas en el fútbol.

11) El fútbol y el gatillo fácil: historias de jugadores de inferiores asesinados por la policía.

TÉCNICOS QUE HICIERON HISTORIA

TÉCNICOS QUE HICIERON HISTORIA

Por Alejandro Duchini.

Cuando era adolescente amaba a tres holandeses: Ruud Gullit (era casi un héroe con rastas, que además tocaba la guitarra), Marco Van Basten y Frank Rijkaard. Los disfrutaba en un Milan que la rompía y que cada domingo a la mañana veía por Canal 9, que transmitía en directo el campeonato italiano en el que Maradona jugaba para el Nápoli. Eso era por 1987. En el 88, los seguí (y alenté) cuando jugaron para la selección de su país. La rompieron en una Eurocopa increíble que se jugó en Alemania: en la final le ganaron en un partidazo a la Unión Soviética por 2 a 0. Después me entristecí cuando pasaron sin pena ni gloria por el Mundial del 90. Quería y no quería la final Argentina-Holanda.

Me acuerdo de eso ahora que acabo de leer un gran libro: Las grandes escuelas del fútbol moderno, de Alex Couto, editado por Fútbol de libro (www.futboldelibro.com). Couto explica con detalles cuáles son los entrenadores que marcaron a este deporte a nivel mundial e histórico. Lo hace tomando como eje a Europa, pero también le da importancia a América. Uno de los capítulos es Arrigo Sacchi – Cuando defender se convierte en arte. Es en esas páginas que recuerda aquel tridente holandés que la rompía por aquellos años en el fútbol italiano. “Arrigo Sacchi tiene muy claro que para jugar bien había que tener el balón y el primer paso para tenerlo es quitárselo al contrario”, señala. Después habla de aquel equipo: “Trasladándonos al equipo del AC Milan en concreto, las salidas desde el inicio del proceso defensivo las marcaba Ruud Gullit, mientras Van Basten se ocupaba de que el rival no jugase hacia atrás, en este caso con su portero. Las salidas por las bandas eran frenadas por Donadonni y Colombo respectivamente, siendo Ancelotti o Rijkaard quienes hacían la cobertura corta y el equilibrio de la línea respectivamente”.

las-grandes-escuelas-de-futbol-modernoEl libro de Couto es una herramienta muy interesante para recordar y para aprender. Quienes somos adultos seguramente podremos acordarnos de cosas que nos contaron nuestros padres o abuelos futboleros y, a la vez , adquirir nuevos conocimientos. Quienes sean más chicos estarán ante la posibilidad de saber quiénes escribieron la historia del fútbol desde el banco de suplentes.

El libro surgió a partir de artículos publicados en la web. De hecho, la publicación de direcciones web de videos permite acercarse a ellos por otra vía complementaria a la lectura. “Hemos pensado que en las últimas seis décadas han surgido ocho escuelas concretas que han aportado al fútbol enormes cantidades de conceptos y contenidos que han permitido a este deporte crecer hasta convertirse en el mayor espectáculo conocido”, escribe el autor. En las siguientes páginas, una especie de viaje a la nostalgia de viejos y grandes equipos, se detalla por qué considera que cada una de ellas es una escuela futbolística.

La primera de ellas es la Holandesa, donde recuerda a la Naranja Mecánica, ese gran equipo que nunca pudo ganar un Mundial. Habla de la influencia que tuvo en España, fundamentalmente en Barcelona. Aparecen Marinus Michels, Guus Hiddink, Louis Van Gaal y Johan Cruyff como grandes referentes.

Hay varios guiños a la Argentina. El primero de ellos es bajo el título El monottismo – El fútbol se encamina hacia un estilo inteligente. Habla de Huracán, de la Selección campeona del mundo en el 78 y cita algunas declaraciones de Menotti: “Quiero ganar porque mi equipo ha jugado mejor y no porque ha impedido jugar al contrario. El fútbol debe ser velocidad más precisión, con el agregado de la improvisación”. O “una casta de funcionarios mediocres opina que el fútbol debe ser apolítico. Eso es una completa idiotez. En cada sociedad hay algo que mejorar y los jugadores deben aprovechar su popularidad justo para mejorar esa sociedad”.

IMG_20160520_240215049Un detalle: yo creía que el delantero del equipo ganador del Mundial 78 era Leopoldo Jacinto Luque. Leyendo este libro, en el dibujo de esa formación me encuentro que en su lugar figura un tal “Luke”. ¿Será Luke Skywalker?

Después refiere a Arrigo Sacchi y posteriormente llega el capítulo Vientos del Este, en el que cuenta sobre el Hungría de mediados del siglo pasado, apelando al recuerdo del inolvidable Ferenk Puskas. También se habla de Yugoslavia, de la URSS y del recorrido que hicieron sus principales técnicos por otros países para imponer su estilo futbolístico.

La Escuela Italia – El Catenaccio comienza con el recuerdo de Helenio Herrera y su trayectoria en España, Francia y en su país. Están sus conceptos -“La consigna hoy es ganar”- y algunos de sus aportes al populismo: “Fue el primero en referirse a su propia afición como el ‘jugador número 12’”, lo cita Couto. Después se da lugar a la Escuela Alemana, mencionando la aparición de sus maestros, como Udo Lattek y Ernst Happel (“Un día sin fútbol es un día perdido”), entre otros. Posteriormente, la Escuela Británica, a la que dedica dos partes. Pues no sólo habla de sus entrenadores, sino que hace una interesante historia del fútbol en su país y de cómo jugaban algunos de sus equipos. También refiere hechos influyentes, como el accidente de aviación que padeció el plantel del Manchester U el 6 de febrero de 1958. Este es uno de los capítulos imprescindibles del libro. Tanto como el de Brasil: O jogo bonito – Escuela brasileña. Es imposible no sentir nostalgia cuando habla del Brasil del Mundial de España 82, que jugó bárbaro pero quedó afuera antes de tiempo. Aparecen acá Telé Santana, Sócrates, Falcao, Zico, el San Pablo de los 80 y hasta Pelé, a quien le cuestiona cierta actitud poco solidaria. En este sentido, está buenísimo que Couto haya dado importancia al recuerdo de Joao Saldanha, que va más allá del fútbol para entrar en el campo político y ético. No queda tampoco bien parado Mario Zagallo. Es muy interesante leer esta parte del trabajo.

Continúa la denominada Escuela Independiente, donde analiza a Marcelo Bielsa, Arsene Wenger y José Mourinho. “Un gran equipo es el que no se condiciona por el rival”, cita al rosarino.

La Escuela Española es la que pone fin al libro. Va desde Laureano Ruíz a Pep Guardiola, pasando por Miguel Muñoz, Luis Aragonés y Vicente del Bosque, entre otros.

Fútbol. Puro fútbol. Un libro ideal para fanáticos de este deporte e imprescindible para periodistas deportivos que entiendan que la pelota no es sólo lo que se ve en la enorme oferta de partidos de cada día. Sino que es también esa historia que siempre, pero siempre, es necesario recordar.

2015: GRAN AÑO PARA LA LITERATURA DEPORTIVA

2015: GRAN AÑO PARA LA LITERATURA DEPORTIVA

Ahora, mientras veo la lista de libros de temática deportiva que leí durante 2015, me doy cuenta de que hubo títulos bárbaros. También reediciones. Otros los utilicé por trabajo, aunque se publicaron en años anteriores. Y no faltaron los que releí simplemente por el placer de hacerlo. A continuación va esa lista por dos motivos: el primero, compartirla con ustedes; el segundo, recomendarles cualquiera de ellos.

El primer libro de deportes que leí en 2015 fue Historia del turf argentino, de Roy Hora. Entrevisté a su autor para la revista Nueva y me encontré, entre los leído y lo que él me contó, con un mundo tan desconocido hasta entonces como interesante. Seguí con el Con el corazón en la Boca, donde escritores identificados con la camiseta auriazul le dieron rienda suelta a la pasión xeneize. Para fanáticos, ideal. Para no fanático, recomendable.

Gran libro me pareció Pistorius, la sombra de la verdad, del inglés John Carlin. En esta entrevista el autor contó qué lo llevó a escribirlo y qué impresión le quedó del corredor sudafricano condenado por matar a su pareja. También por trabajo disfruté de El caño más bello del mundo, de Diego Tomasi. Se trata de un gran homenaje a Juan Román Riquelme. Muy bueno.

El título es Desafiar al cuerpo (de Federico Bianchini), pero sus protagonistas lo que más desafiaron fue a la muerte. En esta entrevista, habla el propio autor.

Leí tres libros de de tenis. Uno de ellos es Sin red, de Sebastián Fest, a quien entrevistamos en este portal. La primera parte del reportaje se puede leer acá y la segunda, en este link. En un gran trabajo cuenta cómo creció y hasta dónde llegó la rivalidad Federer-Nadal. Después de años, llegó al país la traducción de lo que se considera para muchos como la Biblia tenística en materia literaria: Ganar, de Brad Gilbert. Cuenta con una gran traducción que hace más amena su lectura. Es algo así como la autotoayuda del tenis. Ni que hablar de Open, de André Agassi, que llegó al país en idioma español en marzo pasado. Está buenísimo. No se lo pierdan. Lo que cuenta Agassi, por momentos, les pondrá la piel de gallina.

Tarde, claro (pero peor es no hacerlo), me sumergí en esa joya periodística que es El combate, de Norman Mailler. Librazo sobre la pelea que el 30 de octubre de 1974 mantuvieron en Zaire (hoy República Democrática del Congo) George Foreman y Cassius Clay. En el invierno, y después de varios años, releí Literatura de la pelota, de Jorge Santoro. Mis charlas con Ariel Scher suelen giran alrededor de ese trabajo fundamental para el periodismo deportivo. La literatura deportiva tuvo otra joyita en 2015: El pase y otros relatos de goles olvidados, del periodista Marcos Villalobo.

Por razones laborales incursioné en Fútbol para todos, de Bernardo Vázquez y David Cayón, donde cuentan detalles de la gran apuesta kirchnerista. Para escribir una nota sobre el escándalo FIFA leí La caída del imperio (Andrew Jennings), Pasó de todo (Alejandro Casar González) y Mafia-FIFA (Thomas Kistner). Y por otros trabajos también leí Los once caminos al gol (Marcelo Bielsa – Eduardo Rojas) y Los 11 poderes del líder (Jorge Valdano): autoayuda total. Hay nombres que venden.

Gran año deportivo y literario para el rugby. Lo demostró Jorge Búsico -maestro de periodistas- con El rugido, una formidable historia sobre el surgimiento de Los Pumas. Lo confirmó Claudio Gómez con Maten al rugbier, imperdible y detallado trabajo sobre la dictadura. Y cerró el año Alejandro Cánepa con Fuera de juego, una original propuesta en la que esta actividad es mirada desde diferentes ámbitos sociales.

Me gustó lo que dice sobre el fútbol y el boxeo Andrés Calamaro en sus memorias, Paracaídas & vueltas. No es un libro de deportes, pero no está de más hallar conceptos del tema por parte de uno de los músicos más notables que tenemos. Me sorprendió, por otro lado, las alusiones al fútbol que disparó en La isla de la infancia Karl Ove Knausgard++, quien además mencionó un viaje por Google en el que describe sus sensaciones al “visitar” la cancha de River. Llamativo, al menos.

Los periodistas Alfredo Ves Losada y Andrés Eliceche apelaron a la biografía al escribir El jefe, sobre Javier Mascherano. En la misma línea cerró el año el periodista Diego Borinsky, con Gallardo Monumental, gran trabajo sobre el director técnico de River. Lograron una bio detallada, eficiente. Carlos Tevez también tuvo sus propios libros. Uno es Volvió Carlos – el jugador del pueblo, con textos de Nicolás Coppa; el otro, Corazón Apache, de Sebastián Varela del Río. Historia hay, y mucha, en La cancha peronista, de Raanan Rein, una copilación de casi 300 páginas en la que distintos intelectuales refieren a los vínculos entre el fútbol y Perón.

Hay dos libros que no puedo dejar de recomendar entre los aparecidos en 2015. Uno de ellos es La Final, de Ariel Estévez, sobre el partido definitorio entre River y Boca en 1977 en el estadio de Racing. Es genial. En la misma posición ubico Carceleros, de Marcelo Izquierdo, quien cuenta la historia de un club de ascenso como Lamadrid. No pueden dejar de leer este trabajo en el que se mezcla el sentimiento por la pertenencia al barrio con los vecinos y la misma historia argentina, aludiendo además a tiempos violentos en que el General Lamadrid luchaba contra su propia muerte en situaciones y territorios hostiles.

Empecé riendo con Messi es un perro, una serie de relatos -no todos futboleros- de Hernán Casciari (¡qué bien escribe, por Dios!), y seguí de la misma manera con La suerte del campeón, del escritor y músico Zambayonny. Los últimos días del año me encontraron analizando al periodismo deportivo gracias al genial libro del maestro Walter Vargas, quien escribió sobre el pasado, presente y futuro de la profesión en Periodistas Depordivos. En este párrafo incluyo la reedición de un clásico del periodismo deportivo: Díganme Ringo, de Ezequiel Fernández Moores. Un imperdible para todo periodista.

Para el final, autobombo: 2015 fue el año en el que salió mi libro La Palabra Hecha Pelota – catorce charlas sobre fútbol, en el que referentes de distintos ámbitos culturales hablan de cómo los marcó este deporte. ¿Cómo me voy a privar de estar en esta lista?

MASCHERANO, EL JEFE

MASCHERANO, EL JEFE

“Ese día, el del triunfo contra Holanda en el Mundial, fue lo que podríamos señalar como ‘el día Mascherano’. Su quite a Robben, decisivo para no perder el partido, su arenga a Chiquito Romero, tan bien captada por la televisión, y su llanto al final de la noche, tan igual pero tan diferente a otros suyos en momentos de derrota, dispararon su imagen como nunca había pasado antes en el país. Fue la representación perfecta de lo que él es: un futbolista implicado en el juego hasta las últimas consecuencias, un líder grupal y un enamorado del fútbol. Ese partido generó que su nombre llegara definitivamente al corazón del hincha, algo que hasta entonces era bastante discutido”. La explicación es de Andrés Eliceche y Alfredo Ves Losada, periodistas y autores de Jefe – Javier Mascherano (Planeta). Es su respuesta ante la pregunta de Libros y Pelotas acerca de por qué empezaron este libro con la descripción de aquella arenga del jugador a sus compañeros de la Selección, en el Mundial de Brasil.

Jefe llegó a las librerías en el primer semestre del año. Consta de casi 300 páginas apropiadas no sólo para fanáticos de este símbolo del seleccionado. También es un trabajo recomendado para quienes gusten del buen periodismo o del placer de una biografía llena de datos. En este caso, se agregan declaraciones del propio Mascherano, lo que sin dudas enriquece el producto. Esas mismas declaraciones, sin embargo, no direccionan, sino todo lo contrario: Eliceche y Ves Losada aclaran en los agradecimientos que el mediocampista “hizo una sola pregunta desde que supo que íbamos a escribir sobre él: ‘¿Cómo viene el libro?’”.

Justamente ante ese interrogante, vía mail agregan que “comprobamos que no tenía interés en intervenir en ninguna parte del proceso de construcción. Fue una manera de decirnos ‘adelante, yo los apoyo’, pero desde una posición despreocupada. Lo mismo fuimos notando a medida que golpeábamos puertas y se nos abrían: estaba claro que sin su aval, nadie de su entorno más íntimo se iba a sentar a charlar con nosotros sobre la vida de un personaje tan público. Y su actitud de permitirnos avanzar con entrevistas a su familia, amigos y demás fue súper valiosa desde otro lugar también: en ese mismo momento él estaba preparando otro libro con su propia firma, que salió apenas un mes después que Jefe. Nos permitió entrevistarlo varias veces, y tranquilamente podría haberse negado”.

Mascherano JefeJefe se compone de muchísimos datos y detalles. Es un muy buen trabajo al que se le agrega un recorrido paralelo por la realidad del país y del mundo durante los años que se cuentan, que son los de la vida de Mascherano, nacido el 8 de junio de 1984, en San Lorenzo, Santa Fe.

Se hacen específicas referencias a su ambiente familiar, a sus inicios en el fútbol y a sus gustos profesionales. La influencia de Marcelo Bielsa, José Pekerman y Diego Maradona también tienen sus explicaciones. Todo complementado con declaraciones del protagonista. Se nota un gran trabajo de campo, de planificación, en el que nada parece librado al azar. Las explicaciones de su paso por el fútbol brasileño o su llegada y posterior alejamiento del West Ham son ejemplo. Permiten además entender cómo funciona el entramado del millonario negocio futbolero. No es menor tampoco la recopilación de fotografías que muestran a un Mascherano de entre casa y lo contraponen con el actual, un verdadero baluarte de cada equipo que integra.

“En términos de conocimientos nuevos, terminamos de entender lo que nosotros sospechábamos: que se trata de un profesional las 24 horas, dedicado al extremo, obsesivo a tal punto que casi no se permite relajarse. Un ejemplo: lleva cinco años viviendo en Barcelona y nunca se metió al mar Mediterráneo, que lo tiene a unos metros de su casa. Y eso, lejos de una pose, es una manera de vivir: disfruta muy poco de los logros, vive pensando en cómo mejorar y, está a la vista con lo que pasó después de la final de esta Copa América, se flagela en la derrota. Él siempre fue consciente de que para llegar a hacerse un lugar en el mundo del fútbol iba a necesitar esa conducta, y fue consecuente”, responden Eliceche y Ves Losada cuando se les pregunta qué aprendieron de Mascherano durante el armado de Jefe.

Ante el interrogante de qué condición humana y deportiva le destacan: “Su sentido de pertenencia a los grupos que integra, su certeza respecto de que nadie es nada sin el otro, su responsabilidad para afrontar cualquier desafío o tarea, su respeto. Y en lo estrictamente deportivo, su capacidad para reinventarse como futbolista cuando llegó al Barcelona y rápidamente Guardiola lo colocó como defensor: a los 27 años, en general el futbolista siente que ya aprendió todo lo que necesitaba, y es más resistente a los cambios. Más si, como en su caso, se trataba del capitán de la Selección argentina. Ese nuevo status le permitió ganarse un lugar de titular en uno de los mejores equipos de la historia y seguir siendo el 5 indiscutible de Argentina”.

Marcelo Bielsa tiene su biografía

Marcelo Bielsa tiene su biografía

Editorial Sudamericana lanzó “La vida por el fútbol – Marcelo Bielsa, el último romántico”, escrito por Román Iucht.

Los cinco mil ejemplares que lanzó a la venta Editorial Sudamericana el 1 de noviembre de “La vida por el fútbol – Marcelo Bielsa, el último romántico”, escrito por el periodista Román Iucht, se agotaron diez días después. Coincidió ese lanzamiento con su renuncia como director técnico del seleccionado chileno. Pero, claro, el libro no se agotó por ese motivo. Mucho peso tuvo el interés que genera el Bielsa personaje.

Otro dato no menor respecto de la publicación de este trabajo de 367 páginas que describen al entrenador tiene que ver con que, liberado de Chile –su contrato vence en enero-, se lo mencionaba como candidato a dirigir a River o a Boca. A Daniel Passarella, presidente millonario, le dijo que no quería ser el sucesor del despedido Ángel Cappa; su novela boquense no se resolvió y mientras el tema siga así se convertirá en la comidilla del periodismo deportivo que aguarda a ver qué pasa con Claudio Borghi.

En definitiva, sobran por estos días motivos para hablar de Bielsa y, sobre todo, para conocerlo.
Hay algunas joyas que no pueden minimizarse, como fotos en las que se ve a un Bielsa poco conocido: de camisa, saco y con pelo largo en sus años juveniles en una; juntos a sus hermanos Rafael y María Eugenia cuando era muy pequeño, en otra. Llama la atención también aquella en la que intenta ganarle una pelota a Alejandro Sabella. Uno lleva la camiseta de Newell’s y el otro, la de River.El libro se compone de mucho archivo y de opiniones de jugadores, dirigentes u otros allegados al Loco rosarino. Acá uno vuelve a lamentar porque Bielsa reniega de algunas entrevistas personales.

Las anécdotas que se relatan sirven para describir a un verdadero personaje ya no del fútbol argentino sino de todo el mundo. Si bien su máxima experiencia internacional tuvo que ver con el cambio que logró en el fútbol chileno (el seleccionado quedó eliminado del Mundial de Sudáfrica tras perder con Brasil), hay otros países –México, por ejemplo- en los que también dejó su huella.

Tampoco deben desestimarse dos prologuistas de lujo: el periodista Ezequiel Fernández Moores y el escritor Eduardo Sacheri.

“Su libro es un homenaje al trabajo de Bielsa. A su decencia. A su compromiso con el fútbol”, escribe Moores; “En este libro, las únicas páginas prescindibles son este prólogo. Las demás, las que ha escrito Román Iucht contando la vida de Marcelo Bielsa, les aseguro que son absolutamente deseables y necesarias”, magnifica Sacheri.

Más allá de recorrer su vida, hay anécdotas que pintas de cuerpo entero la personalidad y la pasión con que Bielsa se toma este deporte. Una de ellas es la que se cuenta en la página 90, cuando describe un desopilante relato que mantiene con Fernando Gamboa en una concentración de Newell’s. Palabras más, palabras menos, el entonces

entrenador le confiesa que sería capaz de cortarse un dedo con tal de ganarle un clásico a Central. Ante el asombro del entonces defensor, Bielsa suelta un “¡Me parece que vos no entendés un carajo de qué se trata todo esto!”.

La otra, más seria, lo pinta en su forma de proceder en la vida. Tras una discusión que terminó con José Luis Chilavert fuera del plantel de Vélez, donde dirigía entonces, al presidente del club por ese entonces, Raúl Gámez, le dice. “Si yo le cuento lo que pasó le voy a dar una visión parcial de los hechos y no quiero condicionarlo. Prefiero que cuando vuelva se informe con distintas fuentes y saque sus propias conclusiones”.

Los fanáticos futboleros y los de Bielsa en especial encontrarán en estas páginas unos cuantos motivos para tirarse en un sillón y viajar, palabras mediante, al pasado de uno de los personajes más emblemáticos de nuestro fútbol.