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2015: GRAN AÑO PARA LA LITERATURA DEPORTIVA

2015: GRAN AÑO PARA LA LITERATURA DEPORTIVA

Ahora, mientras veo la lista de libros de temática deportiva que leí durante 2015, me doy cuenta de que hubo títulos bárbaros. También reediciones. Otros los utilicé por trabajo, aunque se publicaron en años anteriores. Y no faltaron los que releí simplemente por el placer de hacerlo. A continuación va esa lista por dos motivos: el primero, compartirla con ustedes; el segundo, recomendarles cualquiera de ellos.

El primer libro de deportes que leí en 2015 fue Historia del turf argentino, de Roy Hora. Entrevisté a su autor para la revista Nueva y me encontré, entre los leído y lo que él me contó, con un mundo tan desconocido hasta entonces como interesante. Seguí con el Con el corazón en la Boca, donde escritores identificados con la camiseta auriazul le dieron rienda suelta a la pasión xeneize. Para fanáticos, ideal. Para no fanático, recomendable.

Gran libro me pareció Pistorius, la sombra de la verdad, del inglés John Carlin. En esta entrevista el autor contó qué lo llevó a escribirlo y qué impresión le quedó del corredor sudafricano condenado por matar a su pareja. También por trabajo disfruté de El caño más bello del mundo, de Diego Tomasi. Se trata de un gran homenaje a Juan Román Riquelme. Muy bueno.

El título es Desafiar al cuerpo (de Federico Bianchini), pero sus protagonistas lo que más desafiaron fue a la muerte. En esta entrevista, habla el propio autor.

Leí tres libros de de tenis. Uno de ellos es Sin red, de Sebastián Fest, a quien entrevistamos en este portal. La primera parte del reportaje se puede leer acá y la segunda, en este link. En un gran trabajo cuenta cómo creció y hasta dónde llegó la rivalidad Federer-Nadal. Después de años, llegó al país la traducción de lo que se considera para muchos como la Biblia tenística en materia literaria: Ganar, de Brad Gilbert. Cuenta con una gran traducción que hace más amena su lectura. Es algo así como la autotoayuda del tenis. Ni que hablar de Open, de André Agassi, que llegó al país en idioma español en marzo pasado. Está buenísimo. No se lo pierdan. Lo que cuenta Agassi, por momentos, les pondrá la piel de gallina.

Tarde, claro (pero peor es no hacerlo), me sumergí en esa joya periodística que es El combate, de Norman Mailler. Librazo sobre la pelea que el 30 de octubre de 1974 mantuvieron en Zaire (hoy República Democrática del Congo) George Foreman y Cassius Clay. En el invierno, y después de varios años, releí Literatura de la pelota, de Jorge Santoro. Mis charlas con Ariel Scher suelen giran alrededor de ese trabajo fundamental para el periodismo deportivo. La literatura deportiva tuvo otra joyita en 2015: El pase y otros relatos de goles olvidados, del periodista Marcos Villalobo.

Por razones laborales incursioné en Fútbol para todos, de Bernardo Vázquez y David Cayón, donde cuentan detalles de la gran apuesta kirchnerista. Para escribir una nota sobre el escándalo FIFA leí La caída del imperio (Andrew Jennings), Pasó de todo (Alejandro Casar González) y Mafia-FIFA (Thomas Kistner). Y por otros trabajos también leí Los once caminos al gol (Marcelo Bielsa – Eduardo Rojas) y Los 11 poderes del líder (Jorge Valdano): autoayuda total. Hay nombres que venden.

Gran año deportivo y literario para el rugby. Lo demostró Jorge Búsico -maestro de periodistas- con El rugido, una formidable historia sobre el surgimiento de Los Pumas. Lo confirmó Claudio Gómez con Maten al rugbier, imperdible y detallado trabajo sobre la dictadura. Y cerró el año Alejandro Cánepa con Fuera de juego, una original propuesta en la que esta actividad es mirada desde diferentes ámbitos sociales.

Me gustó lo que dice sobre el fútbol y el boxeo Andrés Calamaro en sus memorias, Paracaídas & vueltas. No es un libro de deportes, pero no está de más hallar conceptos del tema por parte de uno de los músicos más notables que tenemos. Me sorprendió, por otro lado, las alusiones al fútbol que disparó en La isla de la infancia Karl Ove Knausgard++, quien además mencionó un viaje por Google en el que describe sus sensaciones al “visitar” la cancha de River. Llamativo, al menos.

Los periodistas Alfredo Ves Losada y Andrés Eliceche apelaron a la biografía al escribir El jefe, sobre Javier Mascherano. En la misma línea cerró el año el periodista Diego Borinsky, con Gallardo Monumental, gran trabajo sobre el director técnico de River. Lograron una bio detallada, eficiente. Carlos Tevez también tuvo sus propios libros. Uno es Volvió Carlos – el jugador del pueblo, con textos de Nicolás Coppa; el otro, Corazón Apache, de Sebastián Varela del Río. Historia hay, y mucha, en La cancha peronista, de Raanan Rein, una copilación de casi 300 páginas en la que distintos intelectuales refieren a los vínculos entre el fútbol y Perón.

Hay dos libros que no puedo dejar de recomendar entre los aparecidos en 2015. Uno de ellos es La Final, de Ariel Estévez, sobre el partido definitorio entre River y Boca en 1977 en el estadio de Racing. Es genial. En la misma posición ubico Carceleros, de Marcelo Izquierdo, quien cuenta la historia de un club de ascenso como Lamadrid. No pueden dejar de leer este trabajo en el que se mezcla el sentimiento por la pertenencia al barrio con los vecinos y la misma historia argentina, aludiendo además a tiempos violentos en que el General Lamadrid luchaba contra su propia muerte en situaciones y territorios hostiles.

Empecé riendo con Messi es un perro, una serie de relatos -no todos futboleros- de Hernán Casciari (¡qué bien escribe, por Dios!), y seguí de la misma manera con La suerte del campeón, del escritor y músico Zambayonny. Los últimos días del año me encontraron analizando al periodismo deportivo gracias al genial libro del maestro Walter Vargas, quien escribió sobre el pasado, presente y futuro de la profesión en Periodistas Depordivos. En este párrafo incluyo la reedición de un clásico del periodismo deportivo: Díganme Ringo, de Ezequiel Fernández Moores. Un imperdible para todo periodista.

Para el final, autobombo: 2015 fue el año en el que salió mi libro La Palabra Hecha Pelota – catorce charlas sobre fútbol, en el que referentes de distintos ámbitos culturales hablan de cómo los marcó este deporte. ¿Cómo me voy a privar de estar en esta lista?

EL LADO FUTBOLERO DE ZAMBAYONNY

EL LADO FUTBOLERO DE ZAMBAYONNY

Cantante y escritor, acaba de publicar un libro de relatos futboleros titulado La suerte del campeón. Lo recomiendo. Lo que sigue es parte de lo que me dijo para la entrevista de la revista El Gráfico, publicada en el número de este mes.

Por Alejandro Duchini

@aleduchini

El escritor y cantante Zambayonny -Diego Perdomo, su nombre- se toma al fútbol en serio. Pero eso no le impide reírse ni hacer reír sobre el tema. Su último libro, “La suerte del campeón”, sirve como ejemplo. Cada capítulo provoca una sonrisa cómplice. Lo mismo se repite durante esta charla de café, en la que gambetea a la solemnidad para burlarse del número cuatro, criticar a los arqueros que hacen goles y lamentar la suerte de aquellos que no quieren dejar el fútbol, aún cuando éste los dejó a ellos. Hace la extremaunción para los wines, recuerda el tremendo frío de Bahía en la cancha sólo para ver un partido de Olimpo que, a priori, no significaba gran cosa. Pero la vida, y el fútbol -que es parte de la vida-, dan sorpresas: aquella tarde también de lluvia terminó con un gol que nunca olvidará. De ahí, los abrazos, la figura paterna, las cábalas y las locuras que sólo los que saben del tema pueden entender. Algunos, como él, hasta se animan a explicar de qué hablamos cuando hablamos de la pelota.

-¿Cuál es tu primer recuerdo de fútbol?

-Mirar algún partido por televisión, con la tele en blanco y negro, junto a mi viejo. Tendría cuatro años, más o menos; allá por el 76 o 77. Después recuerdo el Mundial. Siempre hay una radio prendida los domingos, en Bahía Blanca. Escuchaba las previas desde las 2 de la tarde por Nacional, en A.M. Los partidos empezaban todos juntos a las 4. Después me enganchaba con las notas post-partidos. Para mi los domingos nunca fueron tristes. Me encantan. Hoy es lo mismo pero con la tele en vez de la radio.

-Hay un cuento en “La suerte del campeón”, tu nuevo libro, en el que hablás de los que se deprimen los domingos.

Entiendo que genere depresión a quienes no les gusta el fútbol. Porque lo de la radio es un sonido casi espantoso. Encima escuchar a un tipo que habla rápido, que lee publicidades a gran velocidad y no deja de mencionar apellidos desconocidos para el que no sabe… si no entendés nada de fútbol eso es una locura, claro. No es mi caso. Porque no me molesta ni ese ruido de la estática que parece una radio mal sintonizada. De hecho, en Bahía la señal va y viene y a veces no se escucha nada. Yo dejé de escuchar la radio cuando no coincidió más el audio con la imagen de los canales.

-¿Pasar tu infancia en Bahía Blanca te obligó a ser de Olimpo?

-No. Tampoco sé por qué lo elegí, ya que no es el único equipo de la zona. Sí es el único que compite en los torneos importantes. Tal vez se deba a que mi viejo y sus amigos eran hinchas o a que jugué en sus inferiores.

-¿De qué jugabas?

-De wing derecho. Hay un capítulo del libro dedicado a los wines. Cuando era pibe no teníamos tanto compromiso con la marca. Del 10 para adelante, no se marcaba. Después esa posición comenzó a desaparecer.

-Hay un texto, “7 y 11”, en el que que referís con cierta melancolía a la desaparición de esa posición.

-Es muy melancólico, si. Cuando digo que juego de wing derecho me dicen que soy viejo. Es una ubicación que ya no existe. Ahora tienen que bajar hasta el área.

-Como contrapartida, te burlás del número 4.

-!Hasta el dibujo de la tapa le damos a ese puesto! Es el único jugador que no se compra, porque se arma en las inferiores. Es un poco en broma, pero es el puesto del peor jugador. Ni siquiera es zurdo el que juega de 4, condición que da alguna ventaja para otra posición. También hablo de los arqueros.

-¿Así que no te gusta que pateen penales?

Si el mejor jugador que tiene un equipo para patear penales es el arquero… ese equipo está frito. Si tu arquero le pega mejor que tu 9 o tu 10, se demuestra que está mal armado el plantel. Cada vez que veo a un arquero ir a patear un penal, deseo que lo erre.

-¿Si tenés a Chilavert?

-No lo pongo a patear penales. Por más que sea un caso puntual. En aquel Vélez estaban (Omar) Asad, (Roberto) Trotta. !Cada uno para patear! Me encanta, sin embargo, cuando hay personajes fuertes, que hacen declaraciones explosivas. Esos caudillos terribles. Ahora no hay muchos. Los prefiero antes que a esos futbolistas que no dicen que no miran partidos. Me gustaba un (José Luis) Chilavert como personaje. Era casi literario. Claro que me hubiera encantado que jugara en los 90 en Olimpo.

EL FÚTBOL EN PALABRAS

-¿Por qué un libro sobre fútbol?

-Porque sabía que podía ser bueno o malo, pero seguro iba a ser honesto. Soy fanático del fútbol. Desde hace años. No es que lo descubrí ahora. Aproveché además que tengo muchos textos escritos sobre el tema. Me encanta tener la excusa de mirar fútbol justificando que lo hago porque tengo que trabajar.

-En varios textos apelás al humor. ¿Es una fórmula?

Lo utilizo porque saca solemnidad, desacartona, más allá de que no es un libro humorístico. Además me gusta porque está escrito más o menos de la misma manera con la que hablo con los amigos en un café. Creo que el humor permite otras cosas.

-Hay una frase tuya muy linda: “Ya se sabe que cuando falta humor sobra miedo”.

-Es verdad. Pero es un riesgo muchas veces hacer humor. Porque se corre el riesgo de banalizar una idea. Por eso muchos prefieren lo serio, lo solemne. Pero suscribo cien por cien a esa frase.