Hasta siempre Juan
El temple y las virtudes quedaron dando vueltas y vueltas frente al micrófono. Como perdidos. Como nostálgicos. Sin entender por qué te fuiste, querido Beto. El sonido se hizo silencio cuando la noticia de tu partida inundó los medios, y el respeto de tus fieles se aferró a la calidez de tu mágica voz. La sensatez pura, inteligente y optimista que te inundó ya siente una profunda soledad. El silencio se tornó atroz y el eter se confundió en una espesa oscuridad. Las lágrimas, las lagrimas querido Beto, llevaron a los argentinos a recordarse a sí mismos en los momentos que les regalaste felicidad. Las gracias y los lamentos no caben en el pecho de tus alumnos de la radio y la TV, del relato, de las canciones de tus bandas -porque fueron tuyas-, de la vida. Y nada...
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