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LA PASIÓN, SEGÚN MÓNICA SANTINO

LA PASIÓN, SEGÚN MÓNICA SANTINO

Mónica Santino es una de las catorce entrevistadas para el libro La Palabra Hecha Pelota (Galerna). A continuación, lo que dijo al hablar del apasionamiento que siente por el fútbol y por una camiseta. La familia, el amor, la tristeza por una derrota y la mano abrazadora de su abuelo cuando la llevaba a la cancha son algunas de las cosas sobre las que habla.

-¿Qué es una pasión?

-¡Qué buena pregunta! Entiendo por pasión aquello que… ¡que te quema! Quemar en el sentido de que harías cualquier cosa por eso. Y hacer cualquier cosa escapa a los parámetros normales, a aquello que uno entiende por normalidad o que tiene que ver con construcciones culturales. A veces a la pasión se la define como algo sin sentido, pero creo que tiene mucho sentido. La pasión es hacer cualquier cosa en términos de lo que superaría la cotidianeidad. No me imagino una vida sin pasión, porque me parece que ese es el motor de todo lo que hago. Sin pasión habría un montón de cosas que no me bancaría. La pasión es lo que me motiva y me ayuda a ir para adelante. Ligado esto con el fútbol, es lo que se repite cada vez que vas a ver a tu equipo. Es lo que te hace ir igual a una cancha, aunque tu equipo gane, aunque pierda, juegue bien o juegue mal. Es un convencimiento. Es un decir “acá estoy. Yo soy esto”. La pasión es como el vestido de ese sentimiento. Es la palabra que encontramos a lo que no tiene explicación. Desde mi vida, es mi fuerza motivacional. Es lo que me lleva a hacer cosas. Es lo que me lleva a decir cuando me dicen que las mujeres no pueden jugar al fútbol, que sí, que las mujeres pueden jugar al fútbol. Que soy de Vélez porque mi abuelo Carmelo era de Vélez, porque mi viejo era de Vélez y porque crecí respirando eso aunque no vivía en Villa Luro. Es aquello que me hace abrazar a un desconocido que es de Vélez, como yo. La pasión va unificando cosas. Me rebela ante la injusticia, que es algo contra lo que lucho desde que era chiquita. Porque siempre me rebelé ante las injusticias. También lucho contra la injusticia desde la pasión. Lo hice y lo hago desde la militancia, porque milité en varias cosas. Pero el fútbol femenino no es una militancia, sino una pasión.

-¿Con la pasión se nace o se adquiere?

Creo que se adquiere. Aunque existen personas desapasionadas, ¿no? Debe ser un poco y un poco. Algo que ya traés, supongo; hay una mezcla, que después el contexto en el que crecés o aprendés o te formás como persona ayuda a modificar. En lo personal, me acuerdo de que mi primera llegada fuerte a algo pasional fue el fútbol. Me llevaron a la cancha de chiquita, siendo bebé. Recuerdo cantar canciones de cancha a mis tres años, cuando Vélez salió campeón, en el 68. Pero la primera emoción fuerte tuvo que ver con algo triste, cuando Vélez perdió el torneo Metropolitano del 71. Le tenía que ganar a Huracán y perdió 2 a 1, en nuestra propia cancha, y salió campeón Independiente. Fuimos con mi abuelo y mi papá a otra platea distinta de la que íbamos siempre. Yo tendría unos seis años. Recuerdo ver a mi abuelo llorar, llevándome de la mano, y de la cara de tristeza de mi papá. Yo había aprendido canciones para ese partido y mi abuelo había comprado una bandera muy grande. Entonces, para mí, el reír, el llorar, las alegrías y las tristezas más profundas están ligadas al fútbol. Recuerdo que ya ese día era de Vélez a morir. Teníamos la costumbre familiar de ir a la cancha apenas abría, comíamos en el restaurante del club porque mi abuelo era amigo de los mozos, veíamos el partido y después nos quedábamos a las rondas de conversación que se armaban. Mi abuelo y mi papá se peleaban con todos, me acuerdo. Y después íbamos para San Isidro, donde vivíamos. O sea, lejos.

“¡COBRÁ UN PENAL, ELIZONDO!”

“¡COBRÁ UN PENAL, ELIZONDO!”

Hubo una epóca en la que Horacio Elizondo, el árbitro argentino que expulsó a Zinedine Zidane en la final del Mundial de Alemania 2006, no cobraba penales. Algunos, evidentes. Entrevistado para el libro La Palabra Hecha Pelota (Galerna), cuenta por qué le pasaba aquello y cómo fue que se dio cuenta de dónde estaba la falla.

-¿Hacés terapia?

-Hice terapia mucho tiempo. Entre los veintiocho años y los cuarenta y seis, fui a tres psicólogos distintos en diferentes pasajes, por cuestiones de mi vida y no del fútbol. Pero en el fútbol se ven reflejadas un montón de cuestiones de tu vida. El fútbol no te marca absolutamente nada, sino que te desnuda un montón de cosas que pasan en tu vida. Por ejemplo, como cuando me separé de Olga, la mamá de mi hija Malena, y al tiempo conocí a Mili. Como en todo proceso de separación en el que hay confusión y culpa y un montón de otras cosas que se juntan, en ese lapso tuve un momento dentro del arbitraje en el que no cobraba penales.

-Recuerdo que se decía que no cobrabas penales. ¿Fue por eso?

-Yo tenía que tomar decisiones importantes en mi vida y las decisiones importantes del fútbol están en las áreas. Penal o no penal. Gol o no gol. Offside o no offside. El lugar caliente son las áreas, tanto para la defensa como para el ataque. La mitad de la cancha no es complicada, las cosas pasan cerca de las áreas. Los penales pasaban por mi cara y yo “siga, siga”, levantaba siempre los brazos. Eso ocurría en el lapso de mi divorcio y rearmado de mi vida. Pero eran cosas evidentes, ¿eh? Yo no sabía por qué. Lo descubrí después. Hacía terapia, pero no lo descubrí en terapia.

-¿Y dónde?

-Me acuerdo de que el director de la Escuela de Árbitros de la AFA era Juan Carlos Loustau. Él también estaba preocupado por mi abstinencia de penales. Me hablaba y me hablaba y me hablaba. “¿Cómo no cobraste ese penal?”, me preguntaba. Hasta que en un momento, cuando ya eran varios los penales sin cobrar, me dice: “Estuve observando un detalle sobre el que vamos a trabajar”. Me muestra un video editado de distintas jugadas y me pregunta: “¿Qué ves?”. Le digo: “Que esto fue mano, que aquello fue falta y eso, dudoso”. “No, hay un patrón común en todas las jugadas”, me aclara. Lo miraba y no me daba cuenta. “Hay un patrón común”, insistía. “En todas las jugadas estás corriendo dentro del área. Y en el área no hay que correr. Hay que estar firme en el área, porque es el lugar en el que tenés que tomar decisiones importantes”, me suelta. Fue una de las cosas más brillantes que me dijeron en mi carrera arbitral. Cuando me dijo “firmeza” y “decisiones importantes”, me vino el click de todo lo que vivía. Loustau no sabía lo que me pasaba, pero ahí aprendí que la toma de decisiones iba más allá de un conocimiento, que tiene que ver, y mucho, con el estado emocional y el control del equilibrio emocional que tenés. A veces, por más que sepas mucho de algo, no sirve de nada si estás atrapado. Entonces me dijo que desacelerara unos metros antes de llegar al área y que me parara y que observara parado. “Tenemos que bajar el nivel de ansiedad dentro del área porque si corrés estás con muchas pulsaciones y no tenés la claridad necesaria”, me explicó. Esto lo venía trabajando en terapia pero no le encontraba el porqué ni lo traducía con los penales. Esa charla con Loustau sobre las decisiones y la firmeza me sirvió. Ahí me di cuenta de que los verdaderos penales no estaban dentro de la cancha sino afuera, y que mi decisión más importante tenía que tomarla afuera, más allá de que me equivocara. Pero había que elegir un camino. No podía estar constantemente entre la dualidad, en esa cuestión que te termina comiendo la cabeza. Por algo que pasaba dentro de la cancha pude descubrir el misterio de afuera y cuando tomé una decisión afuera empecé a sancionar los penales. De alguna manera en el fútbol, o en tu oficio, independientemente del fútbol, se trasluce todo lo que vivís y hacés. Todo lo que pasa en tu vida se ve afectado en tu profesión. Uno será mejor no sólo por los conocimientos, sino por cómo esté ordenada su vida. Si estás rodeado de afecto, por ejemplo, te van a salir mejor las cosas. Vos podés saber mucho de algo, pero tu capacidad de atención y concentración aumentará o disminuirá de acuerdo a tu estado emocional. Si tu estado emocional no es bueno, tu lucidez mental baja. ¿Y dónde quedan los conocimientos? No se pueden proyectar. O salen a los tirones. Quedan enfrascados. Por eso mi vida cambió cuando me di cuenta de que tenía que tomar decisiones. ¿Para qué tomamos decisiones? Para sentirnos bien. Ahora, ¿vamos a sentirnos siempre bien? No. Hay momentos en que la vamos a pasar mal y habrá que entrenarse para tener tolerancia a la frustración y saber que de esa crisis o frustración saldrá una oportunidad. Cuando descubrís ese panorama te das cuenta de que toda tu vida te prepara para tomar decisiones.

MARADONA EN DISTINTAS VOCES

MARADONA EN DISTINTAS VOCES

Dado que hoy Diego cumple 55 años, quisimos recordarlo según algunos de los catorce entrevistados para el libro La Palabra Hecha Pelota (Galerna), de Alejandro Duchini. De allí sacamos los testimonios de Tomás Abraham, Hernán Casciari, John Carlin, Osvaldo Bayer, Pablo Alabarces, Teté Coustarot, Mónica Santino, Eduardo Sacheri, Ariel Scher, Carlos La Mona Jiménez y Miguel Rep.

SEGÚN TOMÁS ABRAHAM
No podés pensar igual de Maradona durante toda esta trayectoria. Creo que ya Maradona tiene una historia, una biografía. Es transparente. Es un tipo muy jugado. Ya no es un jugador. ¡Es jugado! Maradona está jugado. ¡Vive en Dubai! ¿Qué quiere decir todo eso? Vive en Dubai y le hace un juicio a Rocío Oliva desde ese país. Es un tipo interesante, complejo, que se peleó con todo el mundo. Así que parece un personaje anarco, un héroe anarquista. En este momento tengo mucho aprecio por él. Es un tipo desprotegido, que además tuvo la suerte de no morirse aunque mucha gente se lo pedía para hacer de él un mártir, como Gardel, y no se murió. ¿Te imaginás si se hubiera muerto cuando le pasó aquello del corazón? Hubiera sido Gardel. La Avenida 9 de Julio llevaría su nombre. Pero es una bestia. Siguió. Vivió años en Cuba. ¿Qué mierda hizo en La Habana? Vivía con Coppola. Jugadísimo. Pasó por la cocaína. Brilló en el Napoli. Fue el mejor jugador del mundo. Hasta llegó a director técnico de la Selección. Un desastre fue aquel partido con Alemania. No pensó nada, el tipo. Fue director técnico de Mandiyú y de Racing. Maradona no es un genio, pero es genial. Y cada vez siento más simpatía por él y menos por Messi. Pero no lo voy a comparar con Maradona. Una vez me preguntaron por Maradona y dije que “juega casi tan bien como Messi”. Maradona ni siquiera es eso, superó al héroe trágico. Es un héroe shakesperiano, un loco. Cualquier cosa, hace. ¿Qué hace en Dubai? ¿De qué labura? Hasta el gobierno argentino lo nombró embajador sin cartera. Tiene hijos, no tiene hijos. Llega a Ezeiza y le da una patada en el culo a un periodista. Es paranoico, psicópata. Y como todo paranoico dice cosas que son ciertas. Se saca la foto con Chávez, tiene la foto del Che Guevara…

SEGÚN HERNÁN CASCIARI
Tenía 23 años. Estaba en tremenda crisis emotiva, personal. Y puse en pausa esa crisis un mes antes del Mundial porque me interesaba mucho por el Coco Basile y por Maradona y porque estaba absolutamente convencido de que lo íbamos a ganar. Era una crisis que estaba a punto de explotarme la cabeza. Sabía que si ganábamos el Mundial esa crisis no iba a ocurrir. Y después del partido con Grecia, estando en un departamento en Congreso, creo que fue el periodista Enrique Moltoni el primero que dijo que había un doping positivo de un jugador argentino y queríamos saber quién era. Y Moltoni contó que el jugador era Maradona. En ese momento, por más que clasificamos, la crisis se me vino encima. Fue como que alguien le sacó la pausa a mi crisis. Y agarré una mochila y me fui al carajo. Sobre eso hice un cuento que se titula “Lado A: música ligera”. Me pasó absolutamente como lo cuento ahí. Estuve mucho tiempo rodando. Una de las cosas más emocionantes de ese viaje fue encontrarme con Filloy el día que cumplía 100 años, el 1 de julio del 94. Eso me reconcilió con esa crisis o me ayudó a empezar a superarla. Fue el día en que Diego dijo que le cortaron las piernas. Una cosa tremenda. Trascendía absolutamente el fútbol.

SEGÚN JOHN CARLIN
Maradona es lo que es. Como futbolista hay muy pocos que me hayan encantado más. El problema es que se haya convertido en un emblema más allá del fútbol. Fue un gran futbolista, ¡pero dice cada pelotudez..! Y que en un pueblo de gente tan preparada como Argentina, pese a todos los quilombos que tuvieron, de repente aparezca este tipo que dice tantas pelotudeces… El error es pensar que porque fue un gran futbolista también es un grandísimo analista, pensador… Es absurdo, es como enfermizo. Maradona fue un grandísimo futbolista y lo veneraré toda mi vida por lo que fue en ese rol. Hay uno o dos que quizás estén a su altura; tal vez Pelé. Pero de ahí a transformarlo en un emblema, en santidad… Lo que está claro es que Argentina es un país que está muy debajo de su potencial. Siempre va de la catástrofe a la gloria; nunca en la estabilidad. Tiene todo a favor, más que casi cualquier otro país de la tierra. Tiene un altísimo nivel educativo e igual se jode. Es un espectáculo único, desesperante, frustrante. Es un delirio (…). Obviamente que estará siempre ese debate de si Maradona fue el mejor, o Pelé o Messi.

SEGÚN OSVALDO BAYER
Porque a partir de entonces (años 80) se dio rienda suelta al negocio. Pasó de todo en esa década. River armó un gran equipo con Fillol, Kempes, Passarella y Tarantini, salió campeón un club chico como Ferro y a la vez la venta de jugadores al exterior no se pudo parar. También es la década en la que los grandes tienen graves problemas financieros. River muy endeudado y Boca peor, casi quebrado. San Lorenzo y Racing se fueron al descenso. De esos años me gustaron mucho los equipos que armaron Independiente, Argentinos y River, que fue campeón de todo. Y se ganó el Mundial del 86, con un Maradona genial.

SEGÚN PABLO ALABARCES
A finales de los 80, comienzos de los 90, rock y fútbol iban por carriles separados. Inclusive en el 81, cuando viene Queen a la Argentina, Maradona sube al escenario y eso, entonces, dio mucho de qué hablar. Era algo por demás sorpresivo. Maradona es como el puente. Es una especie de primer rockero futbolista, el primer ídolo futbolístico que tiene el rock. Ahí empiezan lazos comunicantes muy fuertes. Por más que el fútbol tomaba canciones de rock, el rock no podía futbolizarse. Había salvedades: Spinetta tocaba con una camiseta de la Selección o de River, por ejemplo, pero no se sabía de qué club eran hinchas los rockeros. Después todos se vuelven maradonianos. En el Mundial del 94 se produce aquella visita a la concentración argentina de Fito Páez y Andrés Calamaro para cantar con Maradona. Y ya se trata de un circuito aceptado (…). En los 90 aparece la reivindicación de Maradona, que cumplía con todos los requisitos: “irreverente”, “drogón”; y la condena moral del uso de la droga en el rock no iba. “Le hizo un gol a los ingleses con el fucking meñique y encima es bostero”, dijo Juanse, con onda de que era el rockero perfecto. Como te decía, Maradona fue el gran puente en todo esto. Poco antes, en los finales de los 80, la sociedad argentina estaba cambiando a los santos piques. En eso, cambiaban también los públicos.

SEGÚN TETÉ COUSTAROT
Como hincha de Boca, siento que es fantástico que él también sea del mismo equipo, que haya jugado para nosotros y que tenga esa relación de afecto tan enorme con Boca. Al mismo tiempo, todavía me asombra, aunque me parece que se menciona más a Messi, que Maradona siga siendo la referencia de Argentina. En donde sea, lo mencionan. Me pasó en los lugares más increíbles. Recuerdo que hacía un programa de El Gourmet gracias al cual viajaba por toda América. Estábamos en Colombia, en un lugar muy alejado de todo. Pero muy alejado, ¿eh? Íbamos a ver un lodge de pesca y llegamos en avión y luego subimos a otro avión más chiquito y después a un barco para llegar a una reserva indígena, perdida, en la que no sé ni si tenían televisión. Y ahí, cuando dije que era de Argentina, todos me dijeron “Maradona, Maradona”. Ahí te das cuenta cuál es el grado de su popularidad. Estaban totalmente alejados de la civilización y sin embargo reconocían a Maradona. Y eso se repite en todos lados del mundo, más allá de que Messi hoy también es una referencia fuerte (…). Palermo es fantástico. Me gusta mucho. Es a quien más tuve posibilidad de conocer. Por eso puedo decir que me gusta cómo es afuera y adentro de la cancha. Maradona me parece que es como un buscapié: nunca se sabe para qué lado va. Es fantástico haberlo visto jugar y todo lo demás, pero en la vida en general siempre te pone en una situación de expectativa para saber hacia dónde irá. No tendría certezas. Se ofende mucho y todo eso.

SEGÚN MÓNICA SANTINO
Es difícil no apasionarse (con el fútbol). Ese cuento se lo leí un montón de veces a las chicas. Fontanarrosa le pone palabras a ese sentimiento. Que después venga Serrat y diga lo que dice del fútbol, o que Rod Stewart haya llorado de emoción porque el Celtic de Glasgow le ganó al Barcelona, habla de lo que genera el fútbol. Porque el fútbol nos iguala. Nos pasa a todos lo mismo. Las pibas de la 31 se emparejan. No puedo ni imaginarme lo que habrá sentido Maradona haciendo dos goles a los ingleses. Es fantástico cómo se puede hacer justicia desde el juego.

SEGÚN EDUARDO SACHERI
El jugador que más me emocionó fue el Diego, el que más me maravilló es Messi y el que más quiero es Bochini. Ahí tenés mi Santísima Trinidad. De Maradona con el Mundial 86 hay poco para agregar. Lo cuento en ese texto que se llama Me van a tener que disculpar, que es mi credo en relación a ese tipo. Y es lo que creo. No es idolatría, porque la idolatría no me cierra por ningún lado. Ni con Maradona ni con nadie. Es gratitud, y por lo tanto respeto y silencio, nacido por lo que me despertó en el Mundial de México.

SEGÚN ARIEL SCHER
Me fascinaban los jugadores de Talleres de Córdoba que estuvieron en el partido contra Argentinos Juniors, el día del debut de Maradona. De casualidad, ese día estuve en la cancha, porque en aquellos tiempos del secundario yo iba mucho a ver partidos con tres compañeros. Y esa vez fuimos. Ya somos millones los que vimos el debut de Maradona ante Talleres. A ese partido fui con Mario y con el Beto Naftali, que cursaban segundo año conmigo, en el Nacional 19, de Devoto. Cada tanto me cruzo con el Beto, que es médico, y recordamos aquella tarde para estar seguros de que estuvimos.

SEGÚN LA MONA JIMÉNEZ
No lo banco más a Maradona, como ser humano, como persona. Es imbancable. Cuando habla siempre tira mierda. Pero como jugador de fútbol nada que ver con Messi. Diego se ponía la camiseta y corría y corría y corría. En ese aspecto, le lleva la ventaja del corazón por la camiseta. Este pibe, si no fue campeón del mundo ahora, no creo que en Rusia pueda serlo. Este Mundial era su oportunidad, su año, su momento. Aparte casi éramos locales. Nada que ver con Maradona, que llevaba un plus con la camiseta de Argentina, algo que no tiene Messi, que siente más la camiseta de Barcelona. Ya está gastado, Messi.

SEGÚN HORACIO ELIZONDO
Vas a escuchar a un montón de árbitros que cuentan que llegaron al arbitraje por haber sido jugadores frustrados y de esa manera están ligados al fútbol. Yo no siento ninguna frustración de no haber sido jugador, porque es algo que descarté a temprana edad. Nunca me sentí frustrado. Tal vez a los 13 años, cuando dejé, pero después se pasó. Ahí, entonces, nace esa gran vocación. ¿Y qué quería hacer con todo eso?, me preguntaba. Y es un poco como lo de Maradona cuando le preguntaron qué quería hacer y dijo que soñaba con ir a un Mundial. Bueno, lo mío fue exactamente lo mismo. Ya soñaba con el Mundial.

SEGÚN MIGUEL REP
Los años 80 son Maradona. Aparte Diego tiene casi la misma edad que yo. Creo que es un año mayor. Es una especie de compañero de vida. Entonces hay veces en que uno tiene peleas consigo mismo pero, al mismo tiempo, empatiza con Diego. Es tremendo lo que pasa. Recuerdo haberlo detestado en el 77 o 78 porque le tocaba la colimba y lo exceptuaron porque jugaba al fútbol. “Hijo de puta”, decía mientras pensaba que a mí me iba a tocar el servicio militar. Al final me salió número bajo pero yo vi el acomodo. Lo sufrí. Maradona es parte de mi cuerpo, también. El pechito inflado. ¿Viste que hay jugadores que son un hito corporal y hay como una imitación? Hoy se imita mucho a Messi, cuando se agacha, esas cosas. Y Diego corporalmente, y en su momento, fue una postura: el gallito. Yo sentí ese cuerpo. Y lo sentí con mis limitaciones en el fútbol. Me parece una gran metáfora de los 80 y parte de los 90. Estuve en Boston, en el 94, viviendo de cerca lo que pasó en aquel Mundial. Creo que como dador de alegrías y de grandes tristezas, Diego es muy importante en el fútbol mundial y en el fútbol argentino. Por otro lado, lo amo y lo odio. A veces tiro en contra de Maradona, porque rompen tanto las pelotas con él. Pero siempre vuelve. Es como Robocop, como Terminator. El tipo siempre está volviendo.

UNA CHARLA FUTBOLERA ENTRE CASCIARI, ABRAHAM Y DUCHINI

El martes 6 de octubre se presentó en la librería Gandhi, de Palermo, el libro de Alejandro Duchini, La Palabra Hecha Pelota (Galerna). Fue mediante una charla en la que participaron dos de los catorce entrevistados: el filósofo Tomás Abraham y el escritor Hernán Casciari.

La conversación estuvo buenísima porque ambos invitados utilizaron al fútbol para hablar de otros temas comunes, como la relación con la familia, los padres, los amores, los sueños y las esperanzas. No faltó el humor. Al contrario: sus respuestas ante las preguntas de Duchini generaron risas y permitieron que todo flluya en un ambiente más que agradable.

La charla dura una hora y la pueden ver en esta publicación. Fue grabada gracias a Demián Bello y Sebastián Macchia, dos fenómemos de personas. Si quieren saber más del libro, pueden ingresar a esta nota.

PRESENTAMOS LA PALABRA HECHA PELOTA

PRESENTAMOS LA PALABRA HECHA PELOTA

Por Alejandro Duchini

La tarde-noche del 6 de octubre presentamos en la librería Gandhi, en Palermo, el libro La Palabra Hecha Pelota (Galerna), publicado a fines de septiembre. Entrevistar a catorce personas para que hablen de fútbol y escribir lo que dijeron me llevó un año. Mostrarlo en público fue un sueño hecho realidad que se hizo en una hora: el filósofo Tomás Abraham y el escritor Hernán Casciari, dos grosos de verdad, aceptaron hacerme el aguante en la presentación. También estuvo el editor de Galerna, Gonzalo Garcés, un tipazo. La pasamos genial. Para saber más del libro, pueden leer esta nota. Casi todas las fotos las hizo Nicolás Borojovich. Las otras, fueron donadas por diferentes dueños de teléfonos celulares.

Abraham y Casciari apelaron al humor para hablar de la pelota. Contestaron cada una de mis preguntas con una gentileza tremenda. Hubo amigos, colegas y familiares. Entre ellos, mi esposa, Marian, y mi hija, Malena.

Ya de noche, la reunión terminó con un brindis y un partido de metegol entre Casciari y Abraham, por un lado, y Gonzalo y yo, por el otro. Perdimos. Pero eso fue lo de menos. Creo que en el balance general ganamos todos los presentes. Como quiero compartir parte de lo vivido, van algunas de las fotos.

 

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Infaltables, Marian y Malena. Madre e hija. Esposa e hija. Fundamentales para que La Palabra Hecha Pelota sea una realidad.

06-10-2015, Buenos Aires. Presentacion del libro "La palabra hecha pelota" de Alejandro Duchini. En librería Gandhi (Malavia y Costa Rica). En el centro de la mesa el autor. A su derecha el filósofo Tomás Abrham. A la Izquierda Hernán Casciari.

Casciari habla. Abraham y yo lo escuchamos.

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El escritor Gonzalo Garcés, editor de Galerna, otro de los participantes en la presentación de La Palabra Hecha Pelota.

06-10-2015, Buenos Aires. Presentacion del libro "La palabra hecha pelota" de Alejandro Duchini. En librería Gandhi (Malavia y Costa Rica). En el centro de la mesa el autor. A su derecha el filósofo Tomás Abrham. A la Izquierda Hernán Casciari.

Yo pregunto y Abraham espera. Sus repsuestas fueron geniales, divertidas, originales. El filósofo y yo hicimos, a partir de entrevistas, una gran relación de amistad.

06-10-2015, Buenos Aires. Presentacion del libro "La palabra hecha pelota" de Alejandro Duchini. En librería Gandhi (Malavia y Costa Rica). En el centro de la mesa el autor. A su derecha el filósofo Tomás Abrham. A la Izquierda Hernán Casciari.

De un lado, los perdedores. Del otro, los ganadores. Divertidísima noche de presentación de La Palabra Hecha Pelota.

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Vista panorámica del partido del año.

06-10-2015, Buenos Aires. Presentacion del libro "La palabra hecha pelota" de Alejandro Duchini. En librería Gandhi (Malavia y Costa Rica). En el centro de la mesa el autor. A su derecha el filósofo Tomás Abrham. A la Izquierda Hernán Casciari.

Libros y fútbol en una sola foto

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Hernán Casciari y Tomás Abraham posan junto a mi y a mi heredera, Malena.

06-10-2015, Buenos Aires. Presentacion del libro "La palabra hecha pelota" de Alejandro Duchini. En librería Gandhi (Malavia y Costa Rica). En el centro de la mesa el autor. A su derecha el filósofo Tomás Abrham. A la Izquierda Hernán Casciari.

Malena Duchini mira el metegol. El partido acaba de terminar.

06-10-2015, Buenos Aires. Presentacion del libro "La palabra hecha pelota" de Alejandro Duchini. En librería Gandhi (Malavia y Costa Rica). En el centro de la mesa el autor. A su derecha el filósofo Tomás Abrham. A la Izquierda Hernán Casciari.

Terminamos el partido. Todos contentos. De izquiera a derecha, Garcés, yo, Abraham y Casciari.