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LA APASIONANTE HISTORIA DE LAS MARCAS DEPORTIVAS

LA APASIONANTE HISTORIA DE LAS MARCAS DEPORTIVAS

Por Alejandro Duchini. Apenas el fútbol y muy pocos otros deportes contaban, a fines del siglo XIX, con calzado deportivo propio. Las botas de fútbol que se fabricaron en Inglaterra hasta poco después de la Segunda Guerra Mundial eran de cuero rígido y pesado. Cada una pesaba medio kilo. Eran incómodas y de caña alta para proteger los tobillos. Estaban reforzadas con acero en la punta. Pesadisimas, si llovía era insoportable moverse con ellas. Después les agregaron tapones de metal. Recién a comienzos del siglo XX, cuando el fútbol ya era más popular, irrumpieron nuevas marcas, más competencias y mejores modelos. La anécdota la cuenta detalladamente el periodista e investigador en marcas deportivas Eugenio Palópoli en su libro “Los hombres que hicieron la historia de las marcas deportivas” (editorial Blatt & Ríos). Un libro que sirve para conocer cómo se crearon Adidas y Nike, cómo hizo Puma para salir de la bancarrota y colocarse en la actualidad en la tercera marca deportiva mayormente elegida y de qué manera otras empresas cuidan con recelo (y buenos modelos) su lugar en el mercado mundial.

Pero no es sólo eso. Palópoli detalla qué hubo detrás de éstas marcas: el odio entre los hermanos alemanes Adolf y Rudolf Dassler los llevó a crear Adidas y Puma. Nike era apenas una distribuidora de un calzado japonés antes de convertirse en la multinacional que conocemos: sus directivos tomaban cada decisión en medio de fiestas con borracheras que asemejaban más la adolescencia que la adultez. A Le Coq Sportif la crearon para engañar a familiares. La FIFA fue fundamental para el crecimiento de Adidas y los deportistas de la NBA con mayor proyección fueron la gran y millonaria apuesta de Nike para ganarse el máximo lugar en el mercado.

-Empecé con un blog que se llama arteysport.com hace como diez años, como hobbie. Junté información sobre cosas que me llamaban la atención desde chico y cuando me quise dar cuenta tenía un montón de historias.

Así cuenta Palópoli el surgimiento de lo que sería el libro de 400 páginas que se lee como una novela.

-¿Qué te llevó a investigar y escribir sobre las marcas deportivas?

-Me gustaba el fútbol. Me llamaban la atención la indumentaria, los jugadores. Encontré información e historias sueltas que publicaba sin mayor repercusión. Hasta que descubrí que se publicaban libros en otros países sobre estos temas. Me di cuenta de que tenía cada vez más información que no había en castellano. Cuando junté todo el material empecé a escribir el libro.

-¿Cuál fue la historia, detrás de las marcas deportivas, que más te llamó la atención?

-La de los hermanos Dassler. Había alrededor de ellos información desconocida. Empezaron juntos, se pelearon, crearon Adidas y Puma. Se la pasaron compitiendo. Creo que es una historia muy interesante que sintetiza todo.

-Alrededor de cada marca deportiva hay una historia. ¿Sentís que tenés una potencial novela, además de un libro de información?

-La de los hermanos Dassler sistematiza las leyendas urbanas sobre las dos marcas. En ese caso puntual, quise saber qué de todo lo que se decía y dice de ellos era cierto y qué es fantasía. Su historia es apasionante porque además había un contexto histórico. Esa historia se hizo luego más conocida. Incluso hay una serie en Alemania sobre la familia. Y creo que otra en Estados Unidos. En ese punto coincido en tu pregunta.

-¿En dónde encontraste un punto máximo de asombro?

-En la historia de los fundadores de Nike. Me sorprendió que su origen haya sido muy humilde. Hoy Oregón es una zona más en boga, más a la altura de las ciudades avanzadas. Pero en esos 60 o 70 era un lugar curioso, sin relevancia económica ni cultural. La empresa empieza como importadora y después como marca propia. Y Phil Knight lideró a un grupo de personas muy particular. Casi todos de la Universidad de Oregón. Hoy Nike es muy poderosa, pero debieron atravesar mucho para ser lo que son. Era una empresa que siempre estuvo al borde del precipicio. Recién en los 80 se transforma, cotiza en bolsa. Surgió como un proyecto de loquitos universitarios, excéntricos, que tienen sus crisis, sus problemas. Pero una vez que se instala, Nike no suelta más el número uno.

-Otro caso llamativo.

-Que hoy se llama cultura corporativa, donde hay excentricidades, gente muy rústica, si se quiere. En su mayoría abogados y contadores, pero de lugares marginales, como Portland, en Oregón. Un costado tal vez salvaje, con gente dispuesta a sacrificar todo por su sueño. Alguno hasta murió de un ataque al corazón de cómo vivía. Se laburaban todo. Eran como una especie de cruzados, una especie de secta. Todo por alcanzar a Adidas.

-Y lo que era una marca deportiva se transformó en símbolo cultural.

-Más hacia la actualidad puede ser que ese espíritu de Nike sea como una fuerza contracultural, de rebeldía. Eso viene del fondo de esa historia. Nike propone contratos muy caros a deportistas, algo que no se hacía. Casi que pone la marca al servicio del deportista. Un caso es el de Michael Jordan. Eran contratos polémicos. Pero a la larga fueron un salvavidas.

-¿Qué fue más importante en el crecimiento de la industria del deporte? ¿Las marcas o la actividad en sí?

-Es difícil determinar eso. Hay como una interacción. Hoy se vuelve a discutir el rol de la marca. El caso de Colin Kaepernick es un ejemplo. Nike lo tomó como emblema. Son combos sociales y culturales que hay en Estados Unidos. El empoderamiento femenino es un ejemplo: en los 90 Nike tuvo que pensar en productos para mujeres. Esto que hay ahora demuestra que siempre se produce un ida y vuelta. Creo que las empresas tuvieron más peso para imponer sus necesidades en el mercado. También lo hizo Adidas. Cuando Dassler se relaciona con la FIFA, Adidas demuestra que tiene influencia en el mundo del deporte y, sobre todo, en el del fútbol. Las marcas parecían tener mayor peso para imponerse. Hoy me da la impresión de que con la pérdida de influencia por parte de los grandes medios y la aparición de las redes sociales debieron aprender a dialogar con la sociedad y manejarse de otra manera: no imponer tanto sino responder a las necesidades de la gente.

-¿Innovar constantemente?

-Hoy la innovación de las marcas no tiene sólo auge en lo deportivo, sino más en la moda. Casi que se volvieron productos de diseño. Incuso trabajan con diseñadores de moda importantes. Se hace más énfasis en el mercado informal que en el deportivo.

-Esto me recuerda a la transformación de Puma.

-Claro. A mediados de los 90 Puma estaba muerta. Su situación financiera era malísima. Los bancos que se quedaron con la marca no sabía qué hacer. Y empieza a repuntar a mediados de los 90. Sin figuras deportivas pero con un espíritu cultural algo indie. Puma fue para ese lado. Aunque tarde, salió a buscar equipos de fútbol porque se dio cuenta de que descuidó ese costado. Empezó con el Arsenal inglés y recuperó protagonismo. Las marcas tienen sus altibajos, sus crisis internas.

-Otro caso emblemático es el de Asics.

-Es una marca japonesa con una cultura muy distinta. Es una marca que nunca tuvo ambición de ser la número uno, como quisieron Adidas o Nike. Asics más bien tuvo un estilo más enfocado en lo técnico. Incluso hoy, siendo sociedad anónima, se enfoca en productos que suelen apreciar los especialistas. Tiene, por ejemplo, una muy buena reputación en running. Progresó con menos altibajos, pero se limita en cuanto a que a veces le cuesta entrar en nuevos mercados. No pudo entrar en el fútbol, por ejemplo, pero sí en el rugby, donde auspicia a equipos importantes. Pero parecen iniciativas más aisladas que persistentes.

-¿El mercado argentino de qué lado está?

-Al menos en Argentina siempre me dio la impresión de que Adidas tenía una imagen muy buena. Sobre todo porque llegó al país pronto: la trajo Gatic en 1971 o 1972. O sea, hace mucho. Y Gatic fue la que revolucionó al mercado argentino de los deportes: Adidas estuvo en casi todas las disciplinas. Y prácticamente en todas las disciplinas olímpicas. Para mi generación Adidas era un producto de calidad superior. Tal vez lo mismo ocurrió con Le Coq, que en su momento trajo Gatic y que se relaciona con buenos recuerdos por la Selección del 86, que fue campeona mundial con Maradona. Después Nike genera una buena imagen a nivel social: la del renegado. Cada marca con su estilo atrae por igual. Se puede preferir a una u otra de acuerdo a las necesidades personales.

-También hay lados oscuros, como los vínculos de Adidas con la FIFA o el Comité Olímpico Internacional.

-Son cuestiones que van más con los negocios modernos. Esas historias ocultas no trascienden tanto. Pero existen.

-¿Cuál es tu marca deportiva preferida?

-No tengo una preferida. Uso de todo. Pero cuando se trata de usar algo busco lo mejor. Salgo a correr y juego al fútbol una vez por semana. En calzado, debido a la sensibilidad del pie, busco lo que me hace sentir cómodo. Hoy elijo New Balance. En cuanto al fútbol me gustan las camisetas más allá de las marcas: tengo una colección de ellas.

-¿Qué vuelve interesante este tipo de historias?

-En primer lugar, que sean historias de gente común, de familias con proyectos, conflictos, quilombos. Y que dejaron un legado. Además, son al mismo tiempo la historia del deporte: los Juegos Olímpicos del 36, el deporte moderno, con sus grandísimos eventos. Es al mismo tiempo la historia de productos que usamos todo el tiempo para practicar deportes o para vestirnos informalmente. Es la historia de las cosas que usamos y de las que no solemos tener bien en claro de dónde salen.

2015: GRAN AÑO PARA LA LITERATURA DEPORTIVA

2015: GRAN AÑO PARA LA LITERATURA DEPORTIVA

Ahora, mientras veo la lista de libros de temática deportiva que leí durante 2015, me doy cuenta de que hubo títulos bárbaros. También reediciones. Otros los utilicé por trabajo, aunque se publicaron en años anteriores. Y no faltaron los que releí simplemente por el placer de hacerlo. A continuación va esa lista por dos motivos: el primero, compartirla con ustedes; el segundo, recomendarles cualquiera de ellos.

El primer libro de deportes que leí en 2015 fue Historia del turf argentino, de Roy Hora. Entrevisté a su autor para la revista Nueva y me encontré, entre los leído y lo que él me contó, con un mundo tan desconocido hasta entonces como interesante. Seguí con el Con el corazón en la Boca, donde escritores identificados con la camiseta auriazul le dieron rienda suelta a la pasión xeneize. Para fanáticos, ideal. Para no fanático, recomendable.

Gran libro me pareció Pistorius, la sombra de la verdad, del inglés John Carlin. En esta entrevista el autor contó qué lo llevó a escribirlo y qué impresión le quedó del corredor sudafricano condenado por matar a su pareja. También por trabajo disfruté de El caño más bello del mundo, de Diego Tomasi. Se trata de un gran homenaje a Juan Román Riquelme. Muy bueno.

El título es Desafiar al cuerpo (de Federico Bianchini), pero sus protagonistas lo que más desafiaron fue a la muerte. En esta entrevista, habla el propio autor.

Leí tres libros de de tenis. Uno de ellos es Sin red, de Sebastián Fest, a quien entrevistamos en este portal. La primera parte del reportaje se puede leer acá y la segunda, en este link. En un gran trabajo cuenta cómo creció y hasta dónde llegó la rivalidad Federer-Nadal. Después de años, llegó al país la traducción de lo que se considera para muchos como la Biblia tenística en materia literaria: Ganar, de Brad Gilbert. Cuenta con una gran traducción que hace más amena su lectura. Es algo así como la autotoayuda del tenis. Ni que hablar de Open, de André Agassi, que llegó al país en idioma español en marzo pasado. Está buenísimo. No se lo pierdan. Lo que cuenta Agassi, por momentos, les pondrá la piel de gallina.

Tarde, claro (pero peor es no hacerlo), me sumergí en esa joya periodística que es El combate, de Norman Mailler. Librazo sobre la pelea que el 30 de octubre de 1974 mantuvieron en Zaire (hoy República Democrática del Congo) George Foreman y Cassius Clay. En el invierno, y después de varios años, releí Literatura de la pelota, de Jorge Santoro. Mis charlas con Ariel Scher suelen giran alrededor de ese trabajo fundamental para el periodismo deportivo. La literatura deportiva tuvo otra joyita en 2015: El pase y otros relatos de goles olvidados, del periodista Marcos Villalobo.

Por razones laborales incursioné en Fútbol para todos, de Bernardo Vázquez y David Cayón, donde cuentan detalles de la gran apuesta kirchnerista. Para escribir una nota sobre el escándalo FIFA leí La caída del imperio (Andrew Jennings), Pasó de todo (Alejandro Casar González) y Mafia-FIFA (Thomas Kistner). Y por otros trabajos también leí Los once caminos al gol (Marcelo Bielsa – Eduardo Rojas) y Los 11 poderes del líder (Jorge Valdano): autoayuda total. Hay nombres que venden.

Gran año deportivo y literario para el rugby. Lo demostró Jorge Búsico -maestro de periodistas- con El rugido, una formidable historia sobre el surgimiento de Los Pumas. Lo confirmó Claudio Gómez con Maten al rugbier, imperdible y detallado trabajo sobre la dictadura. Y cerró el año Alejandro Cánepa con Fuera de juego, una original propuesta en la que esta actividad es mirada desde diferentes ámbitos sociales.

Me gustó lo que dice sobre el fútbol y el boxeo Andrés Calamaro en sus memorias, Paracaídas & vueltas. No es un libro de deportes, pero no está de más hallar conceptos del tema por parte de uno de los músicos más notables que tenemos. Me sorprendió, por otro lado, las alusiones al fútbol que disparó en La isla de la infancia Karl Ove Knausgard++, quien además mencionó un viaje por Google en el que describe sus sensaciones al “visitar” la cancha de River. Llamativo, al menos.

Los periodistas Alfredo Ves Losada y Andrés Eliceche apelaron a la biografía al escribir El jefe, sobre Javier Mascherano. En la misma línea cerró el año el periodista Diego Borinsky, con Gallardo Monumental, gran trabajo sobre el director técnico de River. Lograron una bio detallada, eficiente. Carlos Tevez también tuvo sus propios libros. Uno es Volvió Carlos – el jugador del pueblo, con textos de Nicolás Coppa; el otro, Corazón Apache, de Sebastián Varela del Río. Historia hay, y mucha, en La cancha peronista, de Raanan Rein, una copilación de casi 300 páginas en la que distintos intelectuales refieren a los vínculos entre el fútbol y Perón.

Hay dos libros que no puedo dejar de recomendar entre los aparecidos en 2015. Uno de ellos es La Final, de Ariel Estévez, sobre el partido definitorio entre River y Boca en 1977 en el estadio de Racing. Es genial. En la misma posición ubico Carceleros, de Marcelo Izquierdo, quien cuenta la historia de un club de ascenso como Lamadrid. No pueden dejar de leer este trabajo en el que se mezcla el sentimiento por la pertenencia al barrio con los vecinos y la misma historia argentina, aludiendo además a tiempos violentos en que el General Lamadrid luchaba contra su propia muerte en situaciones y territorios hostiles.

Empecé riendo con Messi es un perro, una serie de relatos -no todos futboleros- de Hernán Casciari (¡qué bien escribe, por Dios!), y seguí de la misma manera con La suerte del campeón, del escritor y músico Zambayonny. Los últimos días del año me encontraron analizando al periodismo deportivo gracias al genial libro del maestro Walter Vargas, quien escribió sobre el pasado, presente y futuro de la profesión en Periodistas Depordivos. En este párrafo incluyo la reedición de un clásico del periodismo deportivo: Díganme Ringo, de Ezequiel Fernández Moores. Un imperdible para todo periodista.

Para el final, autobombo: 2015 fue el año en el que salió mi libro La Palabra Hecha Pelota – catorce charlas sobre fútbol, en el que referentes de distintos ámbitos culturales hablan de cómo los marcó este deporte. ¿Cómo me voy a privar de estar en esta lista?

PASÓ DE TODO

PASÓ DE TODO

Por Alejandro Duchini

“Con Grondona vivo, la Argentina jamás le hubiera dado la espalda al líder suizo. Si el veterano caudillo de Sarandí talló tan alto en la FIFA (llegó a ser vicepresidente de Finanzas) fue por su muñeca política. Además de manejar la economía, Grondona era ministro de relaciones exteriores del presidente suizo. El hombre que negociaba con asia y África, los dos continentes a los que Blatter destinaba millones a cambio de votos. Al continente africanos, además, Blatter le dio el primer mundial: el de Sudáfrica, en 2010. Grondona le aseguraba, por las suyas, los votos de la Conmebol, la Confederación Sudamericana de Fútbol. En ese mapa, Blatter no podía perder nunca”. Este texto corresponde a las primeras páginas de Pasó de todo (Planeta), del periodista Alejandro Casar González.

Pasó de todo aparece poco después de que estallara el escándalo de la FIFA. Y aunque el autor -periodista de La Nación– haga un enfoque más nacional sobre esos hechos, en sus poco más de 300 páginas realiza un análisis detallado del programa Fútbol para todos.

Lo hace a partir de números y entrevistas. Desde ahí, invita al análisis, lo cual enriquece la lectura y el conocimiento del programa que nos permite ver cada uno de los partidos de Primera en directo. Dirigentes políticos y del fútbol, barras y empresarios contestan las preguntas de Casar González. Algunos piden reserva. Otros lamentan quedar fuera del negocio. Algo llamativo es encontrar cómo algunos apellidos que hasta ayer no más tenían un peso enorme en la AFA (y un futuro mejor), hoy quedaron potencialmente relegados de toda aspiración. Son los casos de Germán Lerche o Alejandro Marón, presidentes de Colón y Lanús, respectivamente.

Otro caída en desgracia es la de Marcelo Araujo. Periodista identificado con el fútbol privado de los 90, resurgió y cayó con el mismo kirchnerismo. Casar le dedica un espacio prudencial. De él, señala que era “el hombre que había sido más menemista que Menem, más torneísta que Torneos. Siempre Araujista”. Luego: “Araujo, que ya era un acérrimo grondonista, se convirtió a la fe cristinista en el tiempo que tarda un camaleón en cambiar de color”.

No quedan de lado las desprolijidades y urgencias con las que se sacó al aire Fútbol para todos. En ese marco, se destaca la cintura negociadora del presidente de la AFA, Julio Grondona, y cómo se repartía el dinero entre los clubes. También las cantidades. Es increíble que haya tanto dinero y los clubes sin embargo se endeuden cada vez más. Casar lo explica. Al igual que analiza la falta de publicidad privada en la pantalla, con la consecuente falta de ingresos.

No queda afuera el papel de la AFIP ni el oscuro negocio de las triangulaciones. “El fútbol argentino es el más desorganizado del mundo”, le explica al autor un experto en lavado de dinero que se convirtió en espectador del avance del fisco sobre el mundo futbolero. Siguen las cifras. Aparecen más nombres. Sobran los ejemplos. Es un vale todo. Queda demostrado cuando Casar señala: “Hasta el cierre de este libro, la Jefatura de Gabinete nunca informó a la AFA del flujo de caja del Fútbol para todos”. En ese sentido, será el turno de una denuncia de la Unión Cívica Radical que no prosperó. Se menciona el proyecto del AFA TV y se detalla cada uno de los intentos por poner en movimiento el AFA Plus.

Aparece Marcelo Tinelli. Desaparece. Irrumpen los barras y su aceitado sistema de influencias. No dejan de mostrarse cifras. Tampoco manchas. Luis Segura, el actual presidente de la AFA, también tiene su espacio. Se lo menciona por el descenso de Argentinos, por el cual era acusado de haber vendido al club. Casar destaca en este sentido que no hay pruebas.

Sobre el final del libro, el autor detallará cuánto dinero ingresó a la AFA desde 2009 a principios de 2015 por el Fútbol para todos. “La AFA quedó salpicada por el escándalo de coimas y corrupción develado por el FBI”, escribe en las últimas páginas.

Pasó de todo es, en síntesis, un mapa del fútbol actual. Después de leerlo se entenderá por qué estamos como estamos.

TAL VEZ, EL LIBRO DEPORTIVO DEL AÑO

TAL VEZ, EL LIBRO DEPORTIVO DEL AÑO

caidaPor Alejandro Duchini

Mientras leía La caída del imperio, el libro que el periodista británico Andrew Jennings acaba de publicar a través de Aguilar, y en el que cuenta por qué y cómo estalló el escándalo de la FIFA, en mayo pasado, tuve la sensación de que era una continuidad de otros temas complicados; cuestiones mafiosas, si se quiere. Me refiero a los trabajos del italiano Roberto Saviano, quien vive con custodia permanente tras publicar Gomorra, primero, y CeroCeroCero, después. En estos tres libros los temas centrales son algunos de los que mueven la economía del mundo. En el Jennings, el fútbol. En los de Saviano, la mafia de su país y el negocio del narcotráfico internacional.

Todas son investigaciones formidables. De esas que se leen con ganas. Pero ahora voy a detenerme en la futbolera, sólo por una cuestión temática.

blatter_havelangeLa caída del imperio tiene su primera parte en Tarjeta Roja, que Jennings publicó en 2006 y donde también cuenta cómo se mueve la FIFA. Ahora, en cambio, el tema es lo que ocurrió alrededor del mayo, pongamos, suizo. Pero no se puede hablar de lo que pasa sin recordar la historia. Jennings la conoce como pocos y la investigó como nadie. Lo trataron de loco, le prohibieron ingresar a las conferencias de prensa de las autoridades del fútbol mundial y sin embargo ahí está, denunciando aquello que se sabe y se sospecha pero que pocos se animaron a contar.

Este autor no se anda con formalismo en el lenguaje. Si tiene que decir “ladrones”, dice “ladrones”. No duda tampoco en dar nombres. La lista de dirigentes corruptos es enorme. Tiene a Joseph Blatter y Joao Havelange como los referentes del lado oscuro, pero su ejército de directivos chupamedias y sobornables también ocupa su lugar.

El trabajo le ha llevado demasiado tiempo. Pero, por suerte, no bajó los brazos y ahora podemos leerlo. “No soy rápido, soy lento y metódico”, se define en La caída del imperio. Después hará una explicación detallada de cómo la mafia más mafiosa de Río de Janeiro sirvió de espejo para el crecimiento de otros dirigentes. Entra entonces en escena el malo malísimo de Havelange. Después será el turno de Blatter y de las multinacionales. No se salva nadie. “Sepp Blatter, lo vio todo y se mantuvo callado, mientras aprendía el estilo de los gángsteres”, lo refiere.

grondona_blatterHavelange y Blatter son los ejes de la trama. “Estuve husmeando alrededor de la FIFA en la década de 1990, y a partir del año 2000 comencé a centrarme en Joseph Blatter y Joao Havelange. Pronto me di cuenta de que estaba ante el espíritu oculto de Sicilia, pero trasladado a otro continente”, señalael autor.

Los arreglos con las cadenas de televisión con sobornos incluidos, los acuerdos para elegir a determinada sede de un Mundial y no otra y los goles anulados en mundiales son moneda corriente. En este sentido se recuerda cómo se eliminó a Italia en Corea-Japón 2002 para favorecer a uno de los organizadores.

videla_grondonaEl libro abunda en datos, fechas y hechos. Aparece también entre sus líneas Julio Humberto Grondona. “Fotos de archivo lo muestran adulando al general Videla, quien había liderado el golpe militar y fue finalmente declarado culpable de todo tipo de abusos viles contra los derechos humanos y condenado a cadena perpetua”. Enseguida describe el ascenso del presidente de la AFA a jefe de la Comisión de Finanzas de la FIFA. Luego vuelve a poner en duda la legitimidad del título argentino en el Mundial del 78.

Mujeres bellas, casadas, separadas y solteras -todo da igual- ocupan lugares estratégicos. Siempre al lado de altos dirigentes. Desfilan cantidades de dinero que cuesta creen que existan. Pero sí. Existen. Van a parar a los bolsillos de aquellos que gastan en restaurantes carísimos, beben vinos increíbles, duermen en hoteles de lujo y prometen canchas que nunca se harán. Todo para sobornar. Nadie está limpio. A la mayoría los conocemos. Los vemos en fotos y aprendemos sus apellidos de tanto leer diarios o verlos en la tele. Unos cuantos son de esta parte del mundo. No faltan empresas que se venden como carmelitas descalzas pero que al fin de cuentas funcionan como armas de doble filo. Habla de aquellas que te dicen que si tomás la bebida que fabrican vas a ser feliz. La salud es lo de menos. Ni siquiera interesa cuidar a Ronaldo, figura de Francia 98, quien deberá saltar al campo de juego a pesar de no estar en condiciones físicas de hacerlo. Jennings lo cuenta bien.

blatter_grondonaEl entramado de corrupción incluye a directivos del Comité Olímpico Internacional. Sus integrantes apelan a una caballerosidad histórica que no es tal. La imagen es todo, para ellos. No lo será para los lectores de este libro prologado por el periodista Ezequiel Fernández Moores. Pero a quienes manejan la industria del deporte poco les importa lo que pensemos nosotros, simples mortales que trabajamos para pagarnos una entrada a la cancha mientras soñamos con viajar a un Mundial que se jugará en el país con el que ellos arreglen. A lo sumo se acordarán de la madre de Jennings. Después pasarán por caja. El fútbol debe continuar.