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WAINRAICH: “ATLANTA ES DE PRIMERA, PERO A MI ME TOCARON SUS AÑOS EN EL ASCENSO”

WAINRAICH: “ATLANTA ES DE PRIMERA, PERO A MI ME TOCARON SUS AÑOS EN EL ASCENSO”

Por Alejandro Duchini

El vínculo de Sebastián Wainraich con el fútbol tiene origen, como el de muchos futboleros, en el barrio y la familia. Sólo que no a partir de su papá sino de sus hermanos mayores. Durante esta charla habla de eso con una mezcla de seriedad y humor, se ríe de sí mismo, recuerda los tiempos en que sabía las formaciones de memoria, se ilusiona con que su hijo Federico -de cuatro años- se ratifique futbolero de Atlanta y explica por qué el equipo de Villa Crespo debería estar un escalón más arriba.

Sigue yendo a la cancha, aunque sin el fanatismo que tenía de pibe. Ahora vive en Colegiales junto a su pareja, la actriz Dalia Gutmann, con quien tuvo dos hijos: Kiara y el mencionado Federico. Tiene una agenda movida. Este año se estrenaron dos películas en las que participa. Una de ellas es Una noche de amor, en la que lleva el rol protagónico junto a Carla Peterson; Wainraich además escribió el guión: “Hay un guiño a Atlanta”, refiere: ya lo explicará en la entrevista. La otra se acaba de estrenar: es Caído del cielo, junto a Muriel Santa Ana y Peto Menahem. Allí interpreta -haciendo gala del humor- al ex de Santa Ana. Con mochila de experiencias televisivas, es desde hace años conductor del programa Metro y Medio, junto a Julieta Pink, por Radio Metro. Desde esta propuesta radial también se da el gusto, de vez en cuando, de hablar de sus inquietudes futboleras.

wainraich-¿De qué equipo sos?

-De Independiente.

-Todos somos sufridos.

-…

-Son decisiones que tomamos los seres humanos.

-¿Y vos? ¿Por qué sos de Atlanta?

-Porque mis hermanos me llevaban a la cancha cuando éramos chicos. Vivíamos cerca, en Parque Centenario. No en Villa Crespo, como creen muchos. Después sí me fui a Villa Crespo. Además, cuando yo tenía 8 años, jugaba en el equipo Roberto Zywika, que era primo de mi viejo. Eso también me vinculaba con el club. Mi hermano Diego, que falleció, era de Argentinos e iba a ver a Atlanta los sábados. El otro, Raúl, es de Boca, pero tiene su simpatía por Atlanta. Yo soy el único en la familia hincha hincha de Atlanta.

-O sea, Atlanta no te llega por vínculo paterno.

-No lo pensé. Lo tomo como natural. A mi abuelo le gustaba el fútbol pero tampoco era de ir a la cancha. Lo que pasa es que yo era el menor de los tres hermanos, que me llevaban cinco y ocho años. Entonces esa también es una presencia fuerte: hay algo paternal. No sentí esa ausencia de mi padre porque tuve la presencia de mis hermanos.

-¿Tu papá no es muy futbolero?

-No. Dice que es de River pero no le presta mucha atención. Ahora hincha por Atlanta por nosotros, igual que mi vieja. La tradición sigue con mi hijo, que tiene 4 años, y con Lucas, mi sobrino, de 16, que es de Boca pero un poco lo tira Atlanta. Es una lucha. A mi hijo lo llevé una vez a la cancha.

-¿Cómo fue la experiencia?

-Es chiquito. Se aburre. Justo ayer fue a la escuelita de fútbol. Le encantó. Jugamos mucho en casa. Le gusta ver partidos. Como no tiene las cosas tan claras es el momento de hacerlo hincha.

-¿Qué lugar ocupa el fútbol en tu vida?

-Un lugar importante. Estoy tomando distancia de eso del sentimiento inexplicable, de la pasión desatada. Estoy en la contradicción permanente. Vi la película Hijos nuestros, con Carlos Portaluppi, que es un crack, y Ana Katz, que está muy bien. Son dos grosos. La película, sin caer en el discurso panfletario, demuestra en qué puede caer un fanático del fútbol. Es una historia muy linda; y un poco dura. No es un dramón, pero pega. Y tiene partes muy graciosas. A veces me parece demasiado sobreactuado eso de “la pasión de mi vida”, “mi vida por los colores”. Pero a la vez me pasan cosas: el otro día perdió Colegiales, quedamos a cuatro puntos en la tabla y eso me alegró la tarde. Me parece que hay que ser medidos. Esa cosa de “la vida por los colores” llevó a lugares espantosos. Está bien dejarse llevar por la pasiones, es natural que te alegre eso y te entristezcas según el resultado de tu equipo. A mi me pasa todo el tiempo. Pero llegar a la violencia es inexplicable. Yo también estuve en tribunas y canté “te vamos a matar” sabiendo que eso no lo haría. Igual que la mayoría de la gente. Pero al mismo tiempo creo que hemos legalizado a los barras. El hincha no es cómplice de eso pero de algún modo es partícipe. Si hasta hemos celebrado a barras cuando entraban, etcétera. La verdad es que no está bueno eso.

-¿Te volviste más racional?

-No, no es eso, porque me alegra que gane Atlanta, me sigue cambiando el ánimo un resultado y quiero que le vaya bien. Lo que cuestiono es la irracionalidad, la violencia, el discurso vacío, el de las frases hechas: “Me mato si pasa tal cosa”, eso que te decía de “la vida por los colores”. ¡La vida, por los hijos! Para mí.

-Sos un genuino hincha bohemio si se tiene en cuenta que podrías haber salido de Argentinos o Boca, que son más grandes.

-¿Querés decir que Atlanta es más chico que Argentinos y Boca? Y encima lo elegí en la época de Argentinos con el Juventus. Es para hablar en terapia. Pero yo también agarré una buena época de Atlanta: que hoy esté en la B Metropolitana es antinatural. Porque por historia es de Primera. Después, sí, tiene muchos años en el ascenso. ¡Me tocaron todos a mí!

En el 84 yo tenía 10 años y le ganamos a Boca, el día que jugó con los números de la camiseta pintados con marcadores. Graciani hizo un gol para Atlanta, en La Bombonera. No me olvido más de eso.

-¿Quiénes eran tus héroes futboleros de infancia?

-Alfredo Graciani, porque pasó a Boca. El plumero Rubén Darío Gómez, que jugó en Boca, River, Argentinos y creo que salió de Lanús. Era un 4 espectacular. En ese 84, con Atlanta en Primera, yo era fanático de leer todo: El Gráfico, Sólo fútbol. Recuerdo que Gómez fue elegido el  mejor 4 de la A, aún jugando para el equipo que descendió. Además, tenía rulos. Después, Alfredo Manuel Torres, el narigón, que era el 10 cuando ascendimos. Fue a la selección juvenil del 79 como suplente de Maradona. Y Fabián Castro. De ahora, los mellizos Soriano, que lograron identificarse con el club.

-¿Y Maradona?

-Claramente. De mis héroes de Selección, Maradona, Caniggia, Burruchaga -sin dudas- y Ruggeri. Me estaría olvidando de alguno. Del 86 sé todo. Tenía 12 años y aún me acuerdo el número de cada uno. ¡Un enfermo!

-Hay equipos que, sin ser grandes, mueven mucho sentimiento y tienen tradición. Por ejemplo, Temperley, Chicago, Chacarita y el mismo Atlanta. ¿Coincidís?

-Creo que sí, pero eso es más para nuestra generación. Los pibes que hoy tienen 20 ya no lo ven así. Para ellos los clubes de Primera de segunda línea son Arsenal, Defensa y Justicia, Atlético Rafaela. Por ejemplo, no muchos saben que Atlanta y Chacarita jugaron el clásico más veces en Primera que en el ascenso. Hoy un pibe de 12 no te lo cree. Cambió. Hace 30 años que Atlanta está en el ascenso. La historia cada vez queda más lejos.

-¿Sentís melancolía por el fútbol ochentoso?

-A veces. Y un poco también por los 90. Pero no quiero caer en eso de que todo tiempo pasado fue mejor. La diferencia es lo fugaz y rápido que van las cosas ahora. Yo te digo Goyén; Clausen, Villaverde, Trossero, Enrique; Giusti, Marangoni, Bochini, Burruchaga; Percudani y Barberón o Buffarini. Hoy no te lo podría decir eso de memoria… ¡Te emocionaste, casi!

-…

-Hoy no te podría decir de memoria cómo forma Independiente… Un poco por mí, porque ya no estoy tan interesado en las estadísticas, pero sí en el fútbol; y otro poco porque cambian tanto las formaciones. Bochini es otro héroe para mí, aún sin ser de Independiente. Igual que Gatti, que salió de Atlanta. La historia de Bochini y su forma de jugar: me parece un artista loco, como un científico del fútbol, un tipo como Woody Allen, como anda despreocupado en la cancha de fútbol. Estaba como en otro lado él, ¿no? A Fillol también lo pongo en el lugar de los grandes. También Iniesta, que lo veo jugar y me vuelvo loco. Siento que hay algo más en él. Tiene sencillez, genialidad. todo lo hace bien. Igual que Messi, que también me vuelve loco. Pero a Iniesta lo veo más posible. Lo que hace Messi es imposible.

-Sobre eso te quería preguntar: ¿qué te provoca Messi?

-Asombro. Mucho asombro. Asombro por las cosas que hace. No logro entenderlo. Me maravilla siempre. Un extraterrestre me parece a veces. No le saco la ficha. Tampoco logro darme cuenta de en qué piensa, qué le pasa. Me parece que va a otra velocidad que nosotros. En la selección no supimos aprovecharlo. A veces porque le reclamamos cosas épicas, que cante el Himno, que se tire al piso. Antes que eso, prefiero que haga cuatro goles por partido. Tal vez él tampoco esté tan cómodo en la Selección.

-¿Qué te pasa con los insultos que recibe?

-¡Estamos locos! No entiendo qué le pasa a alguien que insulta a Messi. Hay algo de resentimiento. Estamos esperando que nos salve. No sé.

-¿Sirve para algo que se lo compare con Maradona?

-Sirve para la charla de café, para el asado. Pero que hayan jugado en etapas distintas anula un poco la comparación. Tampoco es tan importante. No sé si Messi es peor o mejor que Maradona. No me parece tan válida ni importante la comparación. Hay una cosa argentina de ser medio hincha pelota, pesado. Tengo miedo de caer en eso de que el tiempo pasado fue mejor. No hay una tabla para medir quién fue mejor.

-¿El ídolo te trasciende el partido en sí?

-Al ídolo lo dejo dentro de la cancha. Me parece que es injusto pedirle más. A un jugador lo califico sólo por lo que pasa dentro de la cancha. Punto. Se terminó ahí. Me parece que eso lo aprendés con los años. De chico defendía sus declaraciones. Cuando uno es chico, tal vez más ingenuo, siente que representan algo más. Pero después me dije “no, qué me tengo que hacer cargo yo”.

-¿Qué sentís cuando se juzga a Osvaldo o a Icardi por sus vidas privadas? Por ejemplo, que se diga que no tiene códigos, como el caso de Icardi.

-Me parece una pelotudez lo de los códigos. Eso es para la mafia. Sí me parece que tiene que haber convivencia. Icardi demostró que puede estar en la Selección. Me parece que muchos de los futbolistas jóvenes están como indefensos: de repente se encuentran con muchas cosas. Hoy que tengo 42 me doy cuenta de que son pibes. Icardi y Osvaldo, por seguir sólo esos ejemplos, son jóvenes. Parecen más grandes, a pesar de estar bien físicamente, por todo lo que viven. Anduvieron acá, allá. Debe ser raro que les pase eso. Preferiría no juzgarlos. No los justifico ni nada. No tengo por qué juzgarlos. Ojalá puedan resolver sus vidas.

-¿Qué postura tenés ante aquello de que hay que ganar siempre?

-Me parece insólito que se piense que alguien quiere jugar bien sin ganar. ¡Todos queremos ganar! Si Atlanta sale campeón ganando todos los partidos 1 a 0 y… no me va a gustar. Tampoco me gusta la trampa. ¿Gritaste el gol de Maradona? Obvio. Pero él no entró pensando “voy a hacer un gol con la mano”. Entró pensando en hacer un gol eludiendo a cinco. Ahora, ¿fue picardía lo suyo? No, fue trampa. ¿Grité el gol? ¡Claro! Pero si ganábamos todo el Mundial así no me hubiese parecido tan emotivo.

-¿Jugamos como vivimos? ¿En qué nos emparenta el fútbol?

-Creo que no. Eso no se lo dejaría sólo al fútbol. También es cómo te comportás en un restaurante, en tu trabajo o con tu familia.

-¿Seguís jugando al fútbol?

-El año pasado jugué.

-¿Te estás por “retirar”?

-Siempre. Después de muchos años sin jugar volví y es difícil. Es difícil sentir que te tira todo, que terminás cansado. Aunque volví a sentir cierto placer. Sin buen nivel, pero a esta edad uno está más confiado. Sabés que tus limitaciones son un punto a favor. Por ejemplo, no corrés a aquella pelota a la que sabés que no vas a llegar.

2-¿De qué jugás?

-Adiviná.

-De tres.

-De tres.

-Te juro que no lo sabía.

-Soy derecho, pero juego de tres porque si pateo con la derecha me desgarro. Siempre en línea de cuatro. En cancha chica juego poco, aunque quiero volver. A esta altura de la vida me parece que lo ideal es fútbol ocho o siete. Porque el fútbol cinco tiene un ritmo tremendo y el fútbol once tiene unas distancias asesinas. En el siete y ocho estás en la mitad: jugás con pelota de once, lo cual está bueno, y no tenés las distancias del fútbol once ni el ritmo del fútbol cinco. Y se puede armar cierto orden, que en el cinco no lo hay: te vas ubicando pero no hay orden.

-¿Sos bueno?

-No.

-¿Sos un futbolista frustrado?

-De ser jugador, no. Tengo la frustración de no haber sido mejor. Pero no de haber sido profesional. Nunca me ví yendo a entrenar todos los días. Uno ve la la imagen de Burruchaga haciéndole el gol a Schumacher en el 86 pero el fútbol es otra cosa. No hay muchos Burruchaga ni muchos Messi. Tengo llegada a jugadores del ascenso y veo que todo es duro: son maltratados por dirigentes y a veces por técnicos. Es difícil. Tiene sus cosas lindas, pero no es fácil.

-¿No te pasa que al ver fotos de jugadores de los años 70 parecen viejos, cuando apenas tendrían unos 30?

-Sí, sí. Es increíble. Y ves fotos de más atrás y parecen señores de 60 años. Y con el 86 más o menos: Giusti, Brown tendrían 27, 28 y parecen de más. Pero ha cambiado. Nuestros viejos no se vestían así a los 40, como nosotros hoy. Igual, los futbolistas tienen eso de parecer más grandes.

-¿Dónde jugabas a la pelota cuando eras chico?

-Había dos escenarios. Uno, el colegio Manuel Belgrano, en Almagro, estatal. Jugamos mucho en Parque Centenario. Hasta que se hacía de noche. Tendría 10 a 12 años. Después seguí en el secundario, que lo hice en el Vieytes. pero teníamos gimnasia en el Parque Sarmiento y también nos quedábamos a jugar. El otro escenario era Macabi, donde yo jugaba. Macabi es uno de los grandes de la liga judía. Los otros son Hacoaj y Hebraica. Son como Boca, River y… el que quieras. No quiero herirte.

-Pongamos Independiente.

-¡Lo dijiste vos! Ahí había un buen nivel. Pero bueno, en serio. Ahí tenía a mi mejor amigo, que llegó a jugar en Ferro y en Atlanta. Poné su nombre: Gaby. Sigue siendo un crack. Se lesiona seguido. En los 80 lo acompañé a probarse en Ferro. Había miles de pibes: 44 jugadores para probarse; y quedaron dos: él y otro más. Después vino lo del sacrificio: ir a entrenar a Pontevedra y esas cosas. También jugó al fútbol de salón de Atlanta, que era groso.

-¿Y vos jugabas fútbol salón?

-No, yo no.

-¿Qué fue lo más lindo que viviste en el fútbol?

-¡Qué buena pregunta! Nunca lo pensé. Tengo una cosa emocional de ir con mi hermano a la cancha. Ahora cobra otro valor porque él no está. Ahí hay algo fuerte. También en el hecho de ir con amigos. La ceremonia de ir a la cancha es hermosa. O era hermosa. Sigo yendo, pero algo cambió. Tal vez esté más viejo. Siento placer al ver partidos. Me sigue gustando. Y ahora a mi hijo, con 4 años, le empieza a dar por ese lado y me pasa algo lindo para compartir con él. ¡Cuando a mi hijo no le gustaba el fútbol me sentía solo en casa!: tengo otra hija y mi mujer. Otra cosa muy linda fue ir con mi hermano, mi sobrino y un amigo de Atlanta a ver Argentina-Suiza en el Mundial pasado. En ese partido hubo un gol épico de Di María. Sentí que mi sobrino estaba en la edad ideal para vivir ese tipo de cosas que da el fútbol. Me acuerdo de que para ir a ver ese partido un amigo, Nico, me vino a buscar a la radio. “Esto es lo único que llevo”, me dijo mientras me mostraba su camiseta de Atlanta en un Aeroparque que era el colmo de la boludez masculina. Pero bien, una gran boludez, hermosa. Llegamos de madrugada, dormimos tres horas, la pasamos bien a pesar de que el partido fue tan sufrido. Porque si perdés te vas. Me gustó compartir ese momento con ellos.

-¿El fútbol es una herramienta para acumular recuerdos?

-Es una herramienta más. Tenemos otros recuerdos de la infancia, de la adolescencia.

-Con una cancha tan bien ubicada en Buenos Aires, ¿coincidís en que Atlanta no supo aprovechar eso para crecer más?

-Es verdad: Atlanta no supo sacarle jugo a eso de tener semejante monstruo en la ciudad. Junto con la de Ferro y Vélez, debe ser la de mejor acceso: subte, bondi, tren. En un tiempo Atlanta tuvo 25 mil socios. Hoy la parte social está medio… Antes los clubes eran una herramienta social: asado, reuniones. Pero eso se terminó. Hay que aceptar que cambió. No me gusta estar tanto en la melancolía. Soy de a ratos melancólico, pero no me gusta estar todo el tiempo con eso de lo que pudo haber sido… Una vez fui con mi padrino a ver un Vélez-Atlanta y me dijo: “Acá está el ejemplo de dos clubes de barrio: el que hizo todo bien y el que hizo todo mal”. Me parece claro ese punto.

-Es un ícono del porteñismo, Atlanta.

-Pero la gente quiere salir campeón. Un muy amigo que fue dirigente una vez me dijo que “si hacés todo bien y la pelota pega en el palo y se va, te van a putear”. La corrupción molesta cuando el equipo se va a la B. Pero si ese equipo sale campeón y hay corrupción, no molesta.

-¿Algo que te moleste del fútbol de ascenso?

-Que a veces se complique para ir a la cancha por los horarios. ¿Viste que en el ascenso los partidos se juegan a las 3 de la mañana?

-¿Cuál fue tu mejor combinación de cine y fútbol?

-Tal vez en Una noche de amor, la película en la que actúo junto a Carla Peterson y en la que escribí el guión. Puse a Solita Silveyra haciendo de mi mamá. En una escena en la que llego con Carla, mi compañera, Solita dice “hay un tornado en Atlanta”. Ese es mi guiño a Atlanta. Mis amigos se dieron cuenta. A Atlanta lo llevo en la sangre.

JULIO FRYDEMBERG: GRAN HISTORIA DEL FÚTBOL ARGENTINO

JULIO FRYDEMBERG: GRAN HISTORIA DEL FÚTBOL ARGENTINO

Historiador y autor del libro Historia Social del fútbol, Julio Frydemberg es uno de los catorce entrevistados de La Palabra Hecha Pelota (Galerna). Lo que sigue es una parte de ese reportaje extenso en el que se refirió al crecimiento de ese deporte en nuestro país.

-¿A qué se debió que los ámbitos académicos hayan demorado en prestar atención al fenómeno del fútbol?

-No sólo al fútbol sino a muchas otras cosas que se consideraban temas menores porque había una agenda de temas mayores. Digamos que se lo empieza a tener más en cuenta a partir de los años 60, producto de una moda, como suele pasar. Hasta ese momento se hablaba de la lucha de clases, y todo lo que no comulgara con ese conflicto era visto como tema menor. Y surge una pregunta: ¿cómo es que ciertos temas no están en la agenda de los investigadores pero sí de la gente? Los investigadores deberían interesarse por lo que interesa a la gente, a los sectores populares. Y de los 60 en adelante la sociología, la antropología y la historia empezaron a tener en cuenta a los deportes. Eso se dio sobre todo desde la década del 80, cuando se empezó a analizar aquello que ya se analizaba en Europa desde antes, mucho antes. El antropólogo Eduardo Archetti fue quien tomó la batuta en ese sentido. No creo que el fútbol sea el tema más importante, pero sí debe estar incluido en aquello que se investiga desde la antropología o la sociología. Actualmente hay bastantes investigadores. Y en Brasil la temática se trata más que en Argentina.

-¿Por qué escribiste un libro sobre la historia social del fútbol en Argentina?

-En realidad, lo que hice fue una tesis para el doctorado y luego surgió la posibilidad de transformarla en libro. Es un tema sobre el que venía trabajando desde hacía muchísimo tiempo. Y buscando el inicio del fenómeno, de su popularidad, noté que al mismo tiempo pasa a ser una práctica que se torna no sólo mayoritaria sino también casi obligada. O sea: casi todos los jóvenes varones se veían casi obligados a practicar fútbol a partir de los años 15, 20. Es decir, una práctica que, entre otras cosas, transformaba al niño en adulto a través del fútbol.

tapa la palabra hecha pelota-¿El fútbol influyó en los barrios o fue al revés?

-Los equipos de la ciudad de Buenos Aires como los conocemos ahora preexistían a los barrios. La popularización del fútbol es de principios del siglo 20 y los barrios son de los años 20, por lo tanto, el fútbol estaba de antes. Tiene que ver con una ciudad previa a la de la primera urbanización. El fútbol, la prensa, el teatro, el tango formaron los barrios. Y con una relación muy particular que se da entre quien se apropia de un lugar determinado y el vecino, que en principio no es amigo y, en muchos casos, es el enemigo. Muchas veces una calle traza los límites de tu zona y vos podés vivir toda tu vida en un lugar sin cruzar determinada avenida, como por ejemplo pasa con la Juan B. Justo, que divide barrios. Y se puede vivir sin cruzarla porque se dan dinámicas de pequeño barrio dentro de otro gran barrio que tiene un almacén, una farmacia, las cosas mínimas como para abastecerse. Y además en aquellos años uno podía sentirse amparado o identificado por un club, que posiblemente era pequeño. En ese marco, la relación con el fútbol podría ser que todos fueran del mismo club del barrio, pero no todos amigos. Por ejemplo eso se da en Villa Crespo, donde hay pequeños centros comerciales que no se rozan entre sí, pero buena parte de la zona tiene simpatías por Atlanta. No son hinchas, pero se sienten representados por ese club. Se produce una gran relación entre el gran barrio y su representante. Pero los barrios no son más que construcciones simbólicas. Hoy cambiaron mucho las cosas. Durante el siglo 20 se avanzó con la mediatización de otro tipo de identidades. Hoy es obvio que hay hinchas de River o de Boca en todos lados, pero puede haber también simpatía por el club local. En el interior eso se da todavía mucho más. Para la construcción de las identidades barriales fue muy influyente la prensa, que transformó al fútbol y otras cosas en un objeto de consumo y buscaba en la gente para ver por dónde podía ir. Y notó que la rivalidad estaba en esa línea y la potenció, lo que hizo crecer también la división territorial. Si uno observa los clásicos, no es casualidad que sean entre vecinos o equipos del mismo barrio. Suele suceder que los rivales más acérrimos son vecinos o que originariamente pertenecieron al mismo barrio, como River y Boca.

-¿Qué papel jugaron las escuelas en el crecimiento del fútbol?

-Al contrario de la escuela británica -que es donde se inventa o recrea el fútbol, en la década de 1830 o 1840 y los deportes pasan a formar parte de la enseñanza-, en la escuela pública argentina eso no ocurre. No se incluye al deporte, entre ellos el fútbol, en el sistema curricular cuando se arman los programas de educación física desde 1905 en adelante. No por un encono particular, al contrario: a los que los armaron les gustaban los deportes, pero en esa época, lo poco que se jugaba al fútbol era para ellos de una manera vulgar, con guapeza, exitismo y, especialmente, competencia. Es decir, si incorporaban deportes a la escuela, sentían que se trataba de un problema porque estaban incluyendo dentro de una institución que se consideraba entonces pedagógica y humanitaria, un elemento competitivo. El deporte es competencia. Eso chocaba y es algo que aún hoy sigue provocando cortocircuito. ¿Cómo introducir los deportes en el mundo escolar sin son competencia, si se supone que pedagógicamente lo que se quiere es unir a los alumnos y no generar rivalidad? En Inglaterra eso no ocurrió porque al haber tanta indisciplina, eso -la competencia- estaba bueno porque por lo menos encuadraba a los alumnos. Y, además, para Inglaterra tiene otro elemento importante que es crear espíritu de cuerpo. Empezaron a jugar partidos entre las escuelas, lo que generaba una identificación con la institución. Acá eso no se quiso fomentar, por lo tanto, al armarse el sistema de actividad física argentino, se dejó de lado la competencia. Como en Suecia o Francia, se practicaba el deporte a contra turno y no como parte de la currícula. Los maestros no enseñaban a practicar deportes. No era que no se jugara al fútbol, sino que se lo hacía como una actividad fuera del turno escolar. Además, hay otro problema: para los profesores de educación física, aunque hoy se avanzó, podía ser un problema enseñar a jugar al fútbol. ¡Es un problema! ¿Cómo vas a enseñar a jugar a algo que ya los pibes saben al entrar a la escuela? Con el handball, por ejemplo, la mayoría no tiene la menor idea, pero ¿enseñar a jugar al fútbol? Ese problema, justamente, no existió por décadas porque no hubo deportes enseñados formalmente.

EL FILÓSOFO BILARDISTA

EL FILÓSOFO BILARDISTA

Darío Sztajnszrajber (el de apellido dificilísimo) se puso la camiseta de Estudiantes y habló de por qué ama tanto a Bilardo y al Pincha. Fue durante una entrevista para la revista El Gráfico de este mes. El autor de esa nota, Alejandro Duchini, expone en las siguientes líneas algunas de sus declaraciones.

“Fueron muchos años de ser hincha de Atlanta, sin ningún tipo de conciencia ideológica en cuanto a estilos de fútbol. Nací a tres cuadras de la cancha. Con mi hermano (Mauro Zeta, el periodista) éramos socios del club e íbamos a ver los partidos. Nos identificamos rápidamente. Fue algo inmediato, casi sanguíneo. (…) Cuando empecé a pensar más el fútbol, y a la vez se desarrollaba otra conciencia en mí, más ideológica, no busqué, sino que observé el desarrollo de aquel torneo del 82. Me hizo ruido eso de que para los medios había un bueno y un malo. Me generó un sentimiento de afinidad con el débil, que claramente era el Estudiantes de Bilardo, con toda la animadversión histórica que hubo contra él y Estudiantes, pero sobre todo con Bilardo. Estudiantes tenía al Bocha Ponce con sus tiros libres, al Tata Brown con sus cabezazos… fue una identificación muy fuerte. Entonces hice una adhesión directa. El mundo del fútbol había encontrado su Naranja Mecánica, que era Giusti, Marangoni y Bochini. Los diarios querían que ese equipo de Nito Veiga sea campeón, porque gustaba y goleaba, y Estudiantes ganaba siempre 1 a 0 y fue el que terminó ganando. Después Bilardo se fue a la Selección y asumió Eduardo Luján Manera. En ese segundo torneo, que también lo ganó, ya no estaba ese clima anti-bilardista. Cuando él llega a la Selección, ya tiene como cierta legitimidad, aunque nadie lo quería”.

“A los 16 empecé a ir a la cancha de Estudiantes. Para mí, un viaje fascinante, porque era como ir a pasar el día en La Plata. Me agarró un fanatismo por esa ciudad. Me levantaba a la mañana, tomaba el tren Roca, que en ese momento era una catramina, y viajaba con los visitantes. Era fuerte. Me cerraba la campera para que no se me vea la camiseta. Cuando Estudiantes era visitante en Capital, las canchas me quedaban siempre cerca: Ferro, Vélez, Argentinos, Platense”.

“Soy alguien que trata de que el fútbol no le invada el estado de ánimo cotidiano. Me gusta mucho el fútbol, pero empieza y termina ahí. Terminaba un partido y me ponía a preparar un examen. A veces me llevaba una mochila con apuntes de la facultad para leer en el entretiempo o en el viaje de vuelta. No me quedaba enganchado con un resultado. Tampoco viví la cosa conflictiva con los Triperos, porque al no ser de La Plata no veía la cotidianeidad del clásico. Por ejemplo, se me generaron más tensiones con gente de Boca por la final del 2006”.

“Me acuerdo mucho del descenso del 94. Fue el campeonato que más lo seguí. Iba a lugares lejanos. Fue un gran torneo con Russo y Manera de técnicos. Sacamos la cantidad de puntos que ningún equipo había sacado en el ascenso, aunque ganábamos siempre 1 a 0”.

“Estudiantes, que tiene una forma particular de jugar, una tradición de juego, es el más auténtico, no es hipócrita. Significa que parte de una conciencia de lo que es el fútbol como deporte competitivo, la plasma y no tiene esa necesidad de construir falsas idealizaciones y venderse a sí mismo con un “no nos interesa el resultado, lo importante es el juego lindo”, cuando en el fondo lo importante es otra cosa. Pero asumir eso sin eufemismos le ha costado ponerse en un lugar que en términos conceptuales es una conceptualización fascista. Porque llamar a alguien anti-fútbol es sacarlo del juego. Esos que nos llaman anti-fútbol, si pudieran prohibirían que Estudiantes, o esta forma de entender el fútbol, sea parte de la competencia. Es la mejor manera de no hacerse cargo”.

“Hay técnicos que hablan a favor del buen fútbol y esconden la pelota. Otros lloran si les roban un partido o un campeonato. O sea, si estás en contra del resultadismo y te robaron un campeonato, quedáte con el orgullo de que tuviste un torneo por el que a tu equipo lo van a recordar siempre. Ahora, si sufrís y al mismo tiempo sostenés que no te importa el resultado, hay un problema. No sé si llamarlo hipocresía. Es al menos una contradicción”.

“Mucho daño le hizo la futbolización a la política, a nuestras realizaciones de vida. El fútbol es un deporte que tiene un reglamento y en la medida en que el juego se ajuste a ese reglamento, empieza y termina ahí. Estoy en contra de la frase que dice que se vive como se juega. No cocino bilardísticamente ni tengo sexo bilardísticamente. Eso no existe. No soy bilardista en todo. Soy bilardista en el fútbol, de izquierda en la política y agnóstico en mis creencias. ¿Querés encontrar una línea que junte a Bilardo con mi izquierda y mi agnosticismo? Está bien, pero eso sería chamuyar. No me parece trasladable”.

“El partido que más celebra el bilardismo en la historia de los mundiales es Argentina 1 – Brasil 0, en Italia 90. ¡Es el más injusto! Eso marca que hay otra cosa puesta en el fútbol, que no es racional. ¿Merecimos ganar? No. Pero qué me importa. No juego a merecer, sino a ganar. ¿En la vida soy igual? No. Como soy así en el fútbol, no soy así en la vida. También puede uno pensar al fútbol como un sublimador que permite poner en él muchas cosas que no aplicamos en la vida cotidiana”.

“Una vez en el programa Pura Química me dijeron que le haga la pregunta que quiera a Bilardo. Como los bilardistas somos ultra defensores del Mundial 90, porque es cuando más le pegaron a Bilardo, le pregunté si no reconoce un logro en haber sido subcampeón. “Usted es docente, ¿no? ¿Con cuánto se aprueba un examen?”, me preguntó. “Con 4”, le dije. “Ser subcampeones es secarse un 3”, me dijo. No había manera. Pero no estoy de acuerdo”.

“El Estudiantes que más disfruté fue el del Cholo (Simeone) del 2006. Ese campeonato fue como al gloria. Volvió Verón, muchos de los pibes de la cantera estaban en su mejor momento, se le ganó a Gimnasia 7 a 0. Un combo. Fue un equipazo. Boca tenía el consenso mayoritario y nosotros ganamos desde abajo. Pero a Boca se le fue Basile y llegó La Volpe y Estudiantes se concentró a partir del Cholo, que es un sacado. Un técnico que me encanta, porque quiere ganar. Hizo cosas inéditas en Estudiantes: sabiendo que era a matar a morir llegó a jugar con cuatro o cinco delanteros. !Algo increíble! Por mi parte, estaba en una edad interesante para ir a la cancha y disfrutar. Además, poco antes había nacido mi hijo, al que le puse León. También me encantó el de la Copa Libertadores de 2009, con (Mauro) Boselli y La Gata (Fernández) en la delantera. Se lo dimos vuelta al Cruzeiro con goles dos goles de ellos en la final. Fue increíble ganar allá. Después se hizo lo que se podía hacer contra el Barcelona de Messi. Ese proceso estuvo bueno. El torneo de 2010 con Sabella también fue muy bueno. Pero el del 2006 fue particular”.

 

LA CANCHA PERONISTA

LA CANCHA PERONISTA

Por Alejandro Duchini

Raanan Rein es, además de historiador, autor de dos libros muy buenos. Uno de ellos es Los bohemios de Villa Crespo (2012, Sudamericana), en el que cuenta la historia de Atlanta. El otro acaba de publicarse a través de la UNSAM (Universidad Nacional de General San Martín) y se titula La cancha peronista. Se trata de una copilación de casi 300 páginas en la que distintos intelectuales refieren a los vínculos entre el fútbol y Perón. Sobre eso hablamos en el siguiente reportaje, tras el cual podrán ver quiénes escribieron y sobre qué temas en La cancha peronista.

-Cuando empezó a armar La cancha peronista, ¿cuáles eran sus principales dudas?

La cancha peronista tiene su génesis en un libro mío anterior, Los Bohemios de Villa Crespo, dedicado al Club Atlético Atlanta. Al escribir la historia de Atlanta y analizar el proceso de peronización que atravesaba el club a partir de 1946, pregunté a varios colegas y amigos qué pasaba en otros clubes de fútbol en aquellos años. Frente a la falta de respuestas satisfactorias, decidí juntar a un grupo de investigadores para trabajar sobre varios clubes y entender sus relaciones con el Estado en tiempos peronistas y las luchas internas que sucedían en su seno.

-¿El peronismo fue el movimiento político que más aportó al deporte argentino?

-El interés de los políticos en el deporte en general, y en el fútbol en particular, precede al peronismo y en este sentido el peronismo representa una continuidad con los años 20 y 30. Sin embargo, ningún otro gobierno antes de la elección de Perón había dedicado tantos esfuerzos, dinero y energía en la promoción del deporte y en el intento de sacar rédito político del mismo. Esta nueva política peronista logró aumentar el número de los participantes en las actividades deportivas, profesionales o amateurs, de hombres y mujeres, adultos y niños, en la Capital Federal y en el interior. En este sentido tuvo un impacto positivo sobre la sociedad argentina. Por otro lado, esta política deportiva a menudo conllevaba presiones políticas sobre atletas, jugadores y dirigentes de clubes deportivos.

la_cancha_peronista-¿Cuál es el mito más impuesto entre peronismo y deporte en Argentina?

-El más común tiene que ver con la completa peronización de varios clubes y con el severo castigo sufrido por aquellas entidades que resistían las presiones estatales. De hecho, este libro revela que ningún club se transformó en una entidad peronista y, al mismo tiempo, que ninguno logró mantener una autonomía completa. Todos se peronizaron en una u otra medida.

-Usted cuenta que Perón pregonaba la práctica del deporte. ¿Cuáles fueron, a su criterio, los pro y los contra de esta prédica?

-En la política deportiva del primer peronismo, se notaba por un lado el impulso democratizador del populismo argentino, y a la vez su carácter personalista y autoritario. Esta política resultó en el aumento de la práctica deportiva, pero también supuso la instrumentalización política del deporte por parte de las autoridades nacionales.

-¿Les interesaba a los dirigentes de clubes alejarse de la política en aquellos años peronistas? ¿Era posible eso?

-A lo largo del siglo pasado, los dirigentes de los clubes de fútbol intentaban conseguir beneficios de las autoridades de turno, prestándoles su apoyo sin perder por completo la autonomía de sus instituciones. Entre los clubes analizados en esta compilación, River Plate es el que más se peronizó, mientras que Estudiantes de La Plata fue el que ofreció una mayor resistencia a las presiones estatales, hasta que fue intervenido en 1952.

-¿Cuál fue, de todos los textos recopilados y publicados en La cancha peronista, el que más le llamó la atención y por qué?

-Uno de los mayores aportes del libro es el análisis estadístico que ofrecen Mariano Gruschetsky y Julio Frydenberg de la evolución de la masa societaria en los clubes de fútbol argentinos en los años 40 y 50. También el artículo de Claudio Panella sobre Mundo Deportivo, que llegó a competir con El Gráfico, ofrece una nueva mirada sobre la prensa gráfica y su rol en aquellos años.

-Hay un mito, y sobre él refiere Jorge Bernetti en su texto El cilindro de Avellaneda: el estadio más peronista. ¿En qué punto cambió su mirada histórica de esa cancha después de leer a Bernetti? ¿Quedó estigmatizado Racing en esos términos, teniendo en cuenta que no pocos fueron los clubes que también recibieron beneficios del gobierno peronista?

-Esta compilación desafía el mito acerca de Racing como un club excepcional. Efectivamente, se muestra que la política deportiva del primer peronismo beneficiaba a muchos clubes de fútbol en la Capital Federal y el interior del país. Obviamente las preferencias de algunos dirigentes peronistas a favor de “sus clubes” tuvo su influencia, pero la línea general fue la de apoyar el desarrollo de todas las entidades.

-¿Qué similitudes hay entre el uso del deporte en los años peronistas y el Fútbol para todos de ahora?

-Los lazos entre la política y el fútbol preceden al peronismo, y también lo sobrepasan. Sin embargo el primer peronismo marcó un nuevo capítulo en la historia deportiva del país y reforzó la vinculación entre las distintas expresiones de este movimiento populista y el fútbol. Lo mismo sucedió, por ejemplo, en los años 90 durante las presidencias de Carlos Saúl Menem, al igual que sucede hoy en día bajo el kirchnerismo.

-¿Qué idea le queda de La cancha peronista una vez terminado?

-La compilación de este libro me ha convencido de la necesidad de continuar ahondando en el estudio académico del deporte argentino y su importancia y repercusiones en la sociedad desde las perspectivas histórica, sociológica y antropológica. La pasión argentina por el fútbol no ha recibido hasta el momento suficiente atención por parte del mundo de la investigación académica.

 

AUTORES QUE ESCRIBEN EN LA CANCHA PERONISTA

  1. Raanan Rein. Uso y abuso del deporte en la década peronista.
  2. Claudio Panella. Mundo Deportivo: la mirada peronista del deporte argentino.
  3. Julio Frydenberg y Daniel Sazbon. La huelga de jugadores de 1948.
  4. Mariano Gruschetsky y Julio Frydenberg. Evolución de la masa societaria en los clubes del fútbol argentino (1940-1960)
  5. Lucie Hémeury. “¡Politiqueros, no! ¡Sanlorencistas, si!”. El Club Atlético San Lorenzo de Almagro en la era peronista.
  6. Mariano Gruschetsky. Don “Pepe” y Perón, ¿un solo corazón? El Club Atlético Vélez Sarsfield durante el primer peronismo.
  7. Claudio Panella. Gimnasia y Esgrima La Plata: simpatías peronistas en una ciudad “contrera”.
  8. Jorge Troisi Melean. Solo contra todos: Estudiantes de La Plata frente al peronismo.
  9. Rodrigo Daskal. Todos unidos triunfaremos: River Plate y el peronismo.
  10. Jorge Luis Bernetti. El Cilindro de Avellaneda: el estadio más peronista.
  11. Alex Galarza. Boca Juniors, su dimensión social y el pueblo trabajador.
  12. Raanan Rein. Bohemios y justicialistas: El Club Atlético Atlanta.
  13. Mariano Gruschetsky. Fútbol y clubes en tierras socialistas: el Club Talleres de Remedios de Escalada durante el primer peronismo.
  14. Franco Damián Reyna. Espectáculo deportivo, dinámica asociativa e intervención estatal en el fútbol cordobés durante los años peronistas.
Atlanta tiene nuevo libro

Atlanta tiene nuevo libro

Se llama “Los Bohemios de Villa Crespo” (Editorial Sudamericana) y fue escrito por Raanan Rein, profesor de historia española y latinoamericana, entre otros cargos académicos que te detallamos a continuación.

Atlanta tiene particularidades que van más allá del fútbol. Bueno, eso casi todos los clubes (historia, pasión, etcétera), pero en el caso del Bohemio hay algunas que son únicas. Por ejemplo, que es la entidad en la que se concentra la comunidad judía de Buenos Aires.

El club de Villa Crespo cuenta ahora con un libro que grafica el sentimiento y lo que hay a su alrededor. Se llama “Los Bohemios de Villa Crespo” y fue escrito por Raanan Rein, profesor de historia española y latinoamericana y vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv.

Rein además es miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de la Argentina en Israel. Fue condecorado por el gobierno de nuestro país con el grado de Comendador en la Orden del Libertador San Martín por su aporte a la cultura argentina.

Libro Atlanta Bohemios Villa CrespoDesde 2009 es co-presidente de la Latin American Jewish Studies Association (LAJSA). Ha publicado numerosos artículos y más de veinte libros, entre los que se destacan: Peronismo, populismo y política (1998), Argentina, Israel y los judíos (2001), Entre el abismo y la salvación: el pacto Franco-Perón (2003), Juan Atilio Bramuglia. Bajo la sombra del líder: la segunda línea del liderazgo peronista (2006), ¿Judíos argentinos o argentinos judíos? Ensayos sobre identidad, etnicidad y diáspora (2011).

Sudamericana presenta este trabajo como “la historia de un club de fútbol, de una pasión, de un barrio y de la comunidad judía de Buenos Aires. La historia del Club Atlético Atlanta”.

“Rein se concentra en los orígenes de Atlanta, de sus hinchas y de Villa Crespo como una forma de explorar la integración social de inmigrantes semitas y de sus descendientes en la vida urbana porteña. Para la primera generación de estos inmigrantes, la pertenencia al club fue una forma de convertirse en argentinos. Para la siguiente, ya nacida en el país y dispuesta a agregar un fuerte componente nacional al mosaico de su identidad, se trató, además, de una forma de mantener una etnicidad judía; mientras que para la tercera generación esta pertenencia se transformó en tradición familiar. Lo que prueba, entre otras cosas, que el fútbol ha ofrecido y sigue ofreciendo un escenario privilegiado en el cual distintos grupos sociales pueden, a la vez, afirmarse en sus diferencias pero también integrarse a un colectivo mayor, en este caso, la Nación”, le agrega a la descripción.

 El precio oficial del libro es de 79 pesos. Se recomienda no sólo para bohemios, sino para los seguidores de la historia futbolera de nuestro país.