STAR WARS: LA MÁSCARA DE VADER

Escrita por en Libros

Por Alejandro Duchini.

Otro fanático de Star Wars, el periodista Mariano Jasovich publicó este año el libro La máscara de Vader – Memorias de un hijo de los 70 (Textos intrusos, la editorial). Es una historia personal que, me cuenta, desarrollaba desde hace tiempo pero a la que le dio impulso y concretó recién en los últimos años.

Trabajamos juntos en un proyecto periodístico de América TV, de donde nos fuimos casi al mismo tiempo, pero no perdimos el contacto. En aquel ámbito laboral me había contado, casi al pasar, que a su padre lo había visto pocas veces. Que se había ido a vivir a Brasil cuando era chico y que casi no tenían contacto. Por entonces acababa él de ser padre de Lisandro. Lo que desconocía, hasta que publicó esta historia, es que admiraba el mundo de La guerra de las galaxias. A punto tal que utilizó al malo más malo para la portada de La máscara de Vader.

En sus 161 páginas, Jasovich se despacha con un relato tierno como la mirada del niño que nunca nos deja y oscuro como los que filmó George Lucas. Aparecen el gran Luis Alberto Spinetta (“Después de todo tu eres la única muralla / si no te saltas nunca darás un solo paso”), el inolvidable diálogo entre Anakin Skywalker y su hijo Luke al final de El regreso del jedi (“Ayúdame a quitarme esta máscara…”) y hasta Ricardo Bochini, en un recuerdo de infancia, en un kiosco: “La mujer parecía tener ojos en la espalda, como Bochini, era imposible birlarle un caramelo”.

Por cuestión generacional, me siento identificado con sus pasatiempos. A quienes nacimos en los 70 nos quedan las heridas de la dictadura y Martín Karadagián, la historieta Nippur de Lagash (que, cuenta Jasovich, le hizo pensar por primera vez en la muerte), el fútbol en la calle y las aventuras de Sandokán: “Cuando uno es chico muere heroicamente un par de veces por día. Yo jugaba a ser el pirata Sandokán”, escribe. De todo eso salieron los pasatiempos de quienes crecimos jugando en la vereda. Vuelvo a citar a Mariano: “Entonces, me quedaban los muñequitos de La guerra de las galaxias y los hacía participar en miles de películas. Jugaban partidos de fútbol, la princesa Leia iba al arco, y también armaba guerras en plena pieza con las sillas y el banquito marrón como naves espaciales. Estaban divididos entre buenos (los humanos) y malos (los extraterrestres con Darth Vader a la cabeza)”.

En lo estrictamente futbolero, su abuelo Andrés ocupaba (o intentaba ocupar) el lugar paterno. A ese hombre que no llegó a los 80 años lo recuerda así: “Me agarraba fuerte de la mano para llevarme a jugar al fútbol al club Splendid. Nunca se metía ni me daba consejos. Jugá, Marianito, divertite nada más. Y mientras yo intentaba pegarle a la redonda, me esperaba atrás del arco sin moverse ni hacer ningún gesto de aprobación o rechazo frente a mi poca destreza futbolística”.

Jasovich todavía se pregunta cómo es que su madre no entiende que se parezca tanto a su padre, si apenas lo vio siete veces en su vida. Sin embargo, el resultado habla por sí mismo: “Sos periodista, peronista y hasta caminás igual con los pies como para afuera”, se cuenta a sí mismo.

Ojalá haya un episodio II de Jasovich. Ojalá se anime a encontrar otra vez en el teclado las preguntas, las respuestas y las historias que se cuentan con el encanto de la melancolía y la ternura.

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