SPINETTA: RIVER, LOS AUTOS Y LA MÚSICA

Escrita por en Libros, Notas

Por Alejandro Duchini

“Yo soy fanático de Chacarita Juniors. Justo habíamos ascendido a la A. Llevaba mi camiseta de Chaca y la ponía desplegada en el sillón. La vio y expresó lo mismo que Fontanarrosa en su libro No te vayas campeón. Los dos coinciden en que la camiseta de Chaca es la más linda del mundo. Le contesté: ‘el rojo del socialismo, el blanco de las purezas de sus leyes y el negro de lo fúnebre’. Él flasheó. Y me dijo: ‘Soy de River, tengo mi corazón en Platense, ya que mi papi era hincha de ese equipo; pero me encanta Chaca porque son anarquistas’”. La anécdota la cuenta Juan Carlos Giacobino, iluminador y manager de Luis Alberto Spinetta. La escena descripta la protagonizaron ambos en un hotel de Córdoba. Giacobino la cuenta para el libro Spinetta – un vuelo al infinito, de Eliana Pirillo y Jorge Battilana, periodista de Mar del Plata y amigo del Flaco.

Spinetta, de quien este 8 de febrero se cumplen cinco años de su muerte, era futbolero. Respetaba a los hinchas de Boca, de quienes destacaba el aliento hacia sus jugadores. En 2008, a treinta años de que Argentina ganara el Mundial, cantó en el Monumental, tras un partido en el que participaron integrantes de aquel plantel dirigido por Menotti. Se trataba de La otra final, el postergado desagravio a las víctimas del terrorismo de Estado durante la disputa del torneo. A mediados de los 80 hizo una canción sobre la violencia en el fútbol: La bengala perdida. Hizo también un tema mítico como El anillo del capitán Beto, del que popularmente se cree que está dedicado a Norberto Alonso; él mismo lo desmintió. Fue amigo de tenistas, como Guillermo Vilas y Tito Vázquez, ex capitán del equipo argentino de la Copa Davis y padrino de su hijo Dante. También le apasionaban los autos, correr en karting y se divertía jugando al ping pong. “Durante su infancia los autos y las carreras de Juan Manuel Fangio fueron otras de sus pasiones que perduraron con el tiempo”, escriben Pirillo y Battilana, quienes agregan: “Ese pibe, además, contaba con otra pasión: el fútbol, especialmente el de su club favorito, River Plate”. El mismo Battilana recuerda que una vez lo encontró en una esquina de Buenos Aires escuchando un Unión-River: “Cómodamente recostado sobre la vereda con una pequeña radio a su lado transmitiendo el partido. Ni entonces, ni más tarde, lo cotidiano se alejaría de su vivir”.

Con su mirada marplatense, Battilana lo refiere además como integrante del equipo de Almendra en un partido de fútbol contra músicos de esa ciudad costera; luego lo recordará como espectador en el Mundialista de Mar del Plata de un Argentinos-River en el que hubo roces entre Diego Maradona (ya vendido a Boca) y Reynaldo Merlo. También viendo por televisión la semifinal en dobles de la Davis de 1981, con la pareja Vilas-Clerc. Un amigo suyo y luthier, Cristian Iannamico, lo describe como fierrero: “Le gustaban mucho los autos, los motores, el diseño, la tecnología y todo eso”. Y habla particularmente de una vez que salieron a dar vueltas a bordo de una coupé Mitsubishi Eclipse roja “escuchando Voodo Lounge de los Stones con un equipo Infinity de puta madre”.

“Hoy Spinetta cumpliría 67 años. Todo River te va a recordar por siempre, Flaco”, se leyó en las cuentas oficiales de Twitter y Facebook millonarias el 23 de enero pasado.  Al texto lo acompaña una foto de los 80 en la que el Flaco luce, en un recital, una camiseta del Millonario. En su honor, esa es la fecha en que se conmemora el Día Nacional del Músico.

En 1989, en una entrevista con El Gráfico, dijo sobre sí mismo: “No me considero el prototipo del hincha de River. Es demasiado cómodo. Si gana, está bien. En cambio si pierde todo es una porquería asquerosa. Me van a matar, pero me parece mejor hinchada la de Boca. Pierdan o ganen, los monitos están siempre ahí gritando por el equipo”.

Su primera guitarra y River tuvieron relación e incidencia en su niñez. A sus 12 o 13 años, unos vecinos de su familia, los hermanos Pilar y José “Machín” Gomezza, le prestaron una criolla de 1923. Con ella “Luis escribió la mayoría de sus primeras canciones, incluso varias que luego grabaría con Almendra”. La anécdota la cuenta el periodista y escritor Eduardo Berti, autor, junto con el Flaco, del ya mítico Spinetta – crónica e iluminaciones. Y agrega, en boca del músico: “El viejo Machín fue muy importante en la historia del club River Plate. Fue socio fundador y también masajista de equipos gloriosos como La Máquina. Él me llevó muchas veces a la cancha, a ver partidos o a estar en la concentración con los jugadores”.

En este mismo libro Spinetta detalla cómo llegó a grabar en los Estados Unidos, en 1979, por intermedio de Guillermo Vilas: “Only love can sustain se llama el disco (…) cuyo resultado no lo satisface. ‘Yo hubiera pretendido algo menos ampuloso y espectacular, y más Spinetta’, dice sobre el aspecto musical; sin embargo, el título del álbum (Sólo el amor puede sostener) es más Spinetta que ninguno, y en esa frase se resume uno de los ejes principales de su obra”. En ese disco colaboró Torrie Zito, quien también había trabajado con Tony Bennett; y con John Lennon, en Imagine. Hubo además otros músicos reconocidos. Todos contactados gracias a Vilas, admirador de Spinetta. “Vilas y Spinetta llegaron a ser amigos. Fueron reporteados a dúo en el primer número de la revista Expreso Imaginario, luego el tenista escribió una carta en esa misma publicación donde decía que ‘un músico como Spinetta es un lujo para la Argentina’, y más adelante, ya con la Banda, Spinetta musicalizó un poema de Vilas titulado Tu destino es el de morir de amor, algo atípico para alguien que siempre escribió sus propias letras y partió de la música para luego adosarle los versos”, se lee en el mismo trabajo de Berti. “La concreción del proyecto se demoró casi tres años y ése fue también el lapso que duró la amistad entre Vilas y Luis, que se vio resquebrajada al finalizar esta historia”, agrega. Y después dice Spinetta: “Ese disco fue un poco el final de mi relación con Vilas, porque Guillermo también pretendía que yo musicalizara y cantara sus poesías y en castellano, y ése no era el acuerdo que habíamos establecido. Sólo habíamos hablado de su participación en el material cantado en inglés, debido a sus conocimientos del idioma y de poesía inglesa. Pero a mí no me gustaban los poemas que él aspiraba a que yo musicalizara”.

Hay un mito alrededor de su canción El anillo del capitán Beto. Se dice que está dedicada a Norberto Alonso. Sobre todo porque en su letra habla de “un banderín de River Plate” y de un “Beto”. Spinetta lo desmintió. En el libro Martropía – conversaciones con Spinetta, habla largo sobre el tema con el autor, el periodista Juan Carlos Diez. Entre otras cosas le dice sobre el supuesto Beto: “No lo llegué a conocer aunque intuía que tenía que existir un tipo así”. También ficcionaliza: “Dejó de ser colectivero una noche en que la cana quiso usar su colectivo para llevar pibes detenidos, a la salida de un concierto del Flaco Spinetta. El motor se paró porque, en Beto, hombre y máquina se conjugaban. Bajó y le dijo a los canas: ‘No me arranca más’. (…) Se dio cuenta de que estaba todo podrido y como argentino no lo quería permitir”. Y luego: “Escuchaba a Gardel, era hincha de River y le gustaban las plantas. Religioso el hombre, con su estampita de San Cayetano en el colectivo”.

Uno de sus temas más lindos, al menos para mí, es La bengala perdida, de su disco Tester de violencia, de 1988. El título de este trabajo está inspirado en dos libros de Foucault: Historia de la sexualidad y Vigilar y castigar. “Estaba en el Festival de La Falda en un clima de mucha violencia. La gente estaba separada del escenario por una reja, nunca vi una cosa igual. Eran leones y romanos. En medio de esto Fito Páez salió a tocar y yo le dije: ‘Loco, vos sos un tester de violencia´, y él me contestó: ‘Sí, todos lo somos’. Yo ya estaba escribiendo con esa terminología lo que después serían El cuerpo como lacrimal y El torrente de espera. Los dos textos que son el eje de donde nace Tester de violencia”, le cuenta a Diez. Y La bengala perdida está dedicado a las barras bravas del fútbol a partir de la muerte de Roberto Basile (25 años), un hincha de Racing que, en la cancha de Boca, el 3 de agosto de 1983, recibió desde la tribuna local una bengala marina que le impactó y lo dejó sin vida en el acto. Aquella fue la cuarta bengala de la noche. El partido se jugó igual. Los responsables recibieron penas benévolas y no tardaron en recuperar la libertad. En ese tema Spinetta canta cosas como “adentro queda un cuerpo / la bengala perdida se le posó / allí donde se dice gol”, “de las tribunas se puede regresar / tan sólo hace falta ser de masa gris” y “por un color, sólo por un color / no somos tan malos / todo va a estallar”.

Spinetta marcó mi vida. En mi adolescencia, cuando escuché por primera vez Ludmila, me dije que si tenía una hija le pondría ese nombre: hace 16 años que cumplí la promesa. Después de mi separación, una tarde en la que hice dormir a Santiago, que entonces tenía nueve meses, le canté Plegaria para un niño dormido. Y Malena, que tiene 3 años, desde los 2 canta Muchacha y Alma de diamante. No exagero; tengo videos. Anoche, justamente, me pidió, para irse a dormir, que le cante Muchacha en la oscuridad de la habitación. La empezamos juntos y la terminé solo porque la venció el sueño.

El fondo de pantalla de mi computadora tiene una imagen de Spinetta. En el 92, en un Musimundo de Florida, compré Peluson of Milk porque en el sobre interno del cassette leí la letra de Cielo de ti y quedé maravillado: sólo Spinetta puede dedicar algo tan lindo a una hija. Cada una de sus canciones dejó algún sello en mí. Siempre en la pared, Bajan, la versión hermosa del tango Grisell junto a Fito Páez, Durazno sangrando, Yo quiero ver un tren, Camafeo. Siempre vuelvo a Spinetta.

El Flaco supo, también a través del deporte, pintar a nuestra sociedad y a cada hombre, a cada mujer, como sólo los grandes artistas pueden hacerlo. Sus canciones, sus letras, son la mejor prueba.

 

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