SOMBRAS DEL TENIS

Escrita por en Destacadas, Libros

El texto que sigue es un lujo para quienes hacemos Libros y Pelotas. Daniel Dessein, un periodista de raza, de esos que llevan la profesión en el alma, nos cedió una gran nota suya sobre tenis. Refiere a los libros Open -la monumental autobiografía de André Agassi– y ¿Qué se sabe de Patricia Lukastic?, ganadora del último Premio Clarín de novela, de Manuel Soriano. Pero va más allá, ya que cita otros ejemplos de literatura deportiva. Que la disfruten.

Por Daniel Dessein

Ciertos cruces de ficción y realidad dentro del terreno de los deportes profesionales pueden ser riesgosos para su subsistencia. En el cuento Esse est percipi, Borges y Bioy Casares imaginan un mundo en el que los partidos de fútbol son una farsa, un género dramático en el que los resultados están predeterminados. Los escándalos de la FIFA y las investigaciones que revelan la connivencia entre grandes tenistas y apostadores atentan contra el insumo central de los espectáculos deportivos: la convicción del público de que lo que ve es una competencia real y no un show guionado.

La ficción también tiene un rol legítimo a la hora de abordar los entretelones del deporte profesional. Permite llenar las lagunas de sus tramas, explorar las cabezas y los corazones de sus protagonistas, exhibir las grietas de ídolos con vidas aparentemente perfectas. El fútbol y el boxeo generaron legiones de escritores que los tomaron como centro de sus textos. El tenis, aunque mucho menos fecundo en materia literaria, inspiró a grandes creadores. Cuentos y novelas de autores tan diversos como J.D. Salinger, John Updike, Witold Gombrowicz, Guillermo Martínez o Daniel Moyano enfocaron alguna de sus facetas. A través de sus crónicas, David Foster Wallace es quizás quien mejor ha logrado pintar los costados más complejos de su práctica a nivel profesional.

Dentro de la narrativa de los últimos años, merece ser destacada Muerte súbita, novela de Alvaro Enrique ganadora del premio Herralde 2013. La historia transcurre en un solo día de fines del siglo XVI en el que Caravaggio, el pintor que está refundando el arte, y Quevedo, el gran poeta español, deciden batirse a duelo a través de un partido de tenis en el que se enfrentarán dos concepciones de la modernidad.

La pasión según Luka

El tenis ha regresado con fuerza a las librerías argentinas de la mano de una serie de títulos de reciente publicación. En ¿Qué se sabe de Patricia Lukastic?, ganadora del último Premio Clarín de novela, Manuel Soriano se mete en la vida de una imaginaria tenista argentina que llega al puesto número 12 del ranking mundial en los años 90. Lleva al lector a su precoz inicio en el deporte, a la neurosis de su padre-entrenador, a los hoteles de las infinitas giras, a la presión de los torneos, a los pensamientos de una jugadora que está a punto de ganar –o de perder- una final, a su relación con figuras reales como Mónica Seles o Lindsay Davenport.

Hay un pasaje de la novela en el que el entrenador de Luka, la protagonista, se cruza en el estacionamiento de un club en Miami con un aficionado argentino que sugiere que la tenista está desperdiciando su talento. El entrenador le pregunta a qué se dedica y su interlocutor le dice que es arquitecto. “Si se hiciera un ranking de arquitectos, ¿cuál sería tu puesto en Argentina? ¿Dirías que estás entre los diez mejores? ¿Veinte mejores? Ahora piénsalo a escala mundial y cuando llegues a ser decimosegundo del mundo si quieres hablamos de talento”, replica el entrenador.

El libro resalta la distancia que existe entre la realidad de los tenistas y lo que el público percibe de ellos. Solo los profesionales comprenden cabalmente las consecuencias de la repetición patológica de rutinas, el cultivo sistemático de una conducta obsesiva, la condena de una vida en la que todos los días hay dolor físico, los riesgos de cifrar la autoestima en un número de un ranking.

Odio

Esos mismos temas son enfrentados en Open, autobiografía de Andre Agassi que fue editada en 2015 en nuestro país y que contó con el aporte del ganador del Pulitzer J. R. Moehringer. En esta fascinante incursión en el detrás de escena de la vida de uno de los mayores tenistas de la historia, descubrimos que el hombre que descontracturó al tenis nació con una malformación lumbar que le generó atormentantes contracturas en su espalda durante toda su carrera. Agassi es el resultado de diversas contradicciones. Es el hijo de un padre que lo sentencia a ser número uno, que le pone una raqueta en sus manos cuando tiene dos años y que lo obliga, a partir de los siete, a pegarle a la pelota –literalmente- 2.500 veces por día. También es un hombre acosado que recurre a las drogas, que juega Roland Garros con ocultas extensiones en el pelo a cuya caída le teme más que a una derrota, que detesta pero no puede huir de la imagen que proyecta, que atenta contra su juego quebrando su disciplina, que a los 27 años cae al puesto 141 para recuperarse y alcanzar el primer lugar del ranking mundial.

Dentro del género, la autobiografía Rafa, de Rafael Nadal y el talentoso John Carlin, resulta atractiva para fanáticos del deporte pero tropieza con un protagonista que no presenta las fisuras y los contrastes que enriquecen y humanizan a un personaje. El enigma Del Potro, del periodista Danny Miche, en cambio abre hendijas para espiar lo que se teje detrás de un hombre introvertido, clausurado, acosado por la figura paterna, las lesiones, un destino elusivo, los recelos de colegas y un público con el que no logra conectarse.

La inexorable soledad del tenista aparece en todos los textos mencionados. El boxeador o el maratonista también enfrentan esta tara de las disciplinas individuales pero entran en contacto con el otro, en el cruce de golpes o en los momentos de la carrera en que se supera a un rival. En el tenis hay una distancia necesaria, un límite infranqueable, un aislamiento que se genera dentro de la cancha y que continúa en el exterior como secuela de una dinámica competitiva sin pausas. Cuando Agassi se casa con Steffi Graf, esta es la única otra persona en el mundo que hasta entonces, y al igual que él, ha ganado los cuatro torneos de Grand Slam y un oro olímpico; la única que puede entenderlo plenamente. Ante ella confiesa que siempre ha odiado el tenis. “Claro. ¿No lo odiamos todos?”, le contesta Graf.

El primer registro de la palabra tenis se encuentra en un documento de 1.451 firmado por el obispo inglés Edmund Lacy. Es un edicto de excomunión. Una sanción que condena, a quien la sufre, a una exclusión de la vida comunitaria.

La nota original, publicada por Daniel Dessein en La Gaceta, de Tucumán, la pueden leer acá.

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