RUGBY: FUERA DE JUEGO

Escrita por en Libros

Por Alejandro Duchini – @aleduchini

Que el rugby no es sólo un deporte de elite no es nuevo. Hoy se sabe que se practica en cualquier lado, más allá de que no tenga la masividad del fútbol. Se juega en cárceles, en villas y en plazas. Y se juega más cuando hay un Mundial y Los Pumas se convierten en lo más importante de nuestra patria deportista.

El rugby tiene, entonces, ese otro mundo que tan bien reflejó Alejandro Cánepa en su libro Fuera de Juego – crónicas sociales en la frontera del rugby (Editorial Autores de Argentina). Cánepa mostró otra cara de este deporte en un año plagado de buenos libros sobre el tema, como Maten al rugbier o El rugido. En los tres títulos hay periodismo del bueno.

Cánepa escribió 166 páginas después de caminar el barro, de meterse en los lugares más insólitos y de hablar con muchísima gente. Se metió en el barro y lo describió luego de manera brillante. Cada crónica se compone de sentimiento, tanto del autor como de los entrevistados. Por desde ambos lados pusieron todo para hablar de la vida a través del rugby. Y en el medio de esas voces, aparece la investigación: el autor no es mezquino al contar datos paralelos de las bibliotecas que pueden ayudar a entender mejor cada historia. Lo hace en el capítulo La cuestión judía, donde cuenta que “El primer presidente de la SHA fue Marcos Satanowsky, aquel abogado asesinado en 1957 y cuya muerte fue investigada por Rodolfo Walsh. Su crimen quedó impune”.

En cada capítulo, Cánepa describe al rugby según distintos estamentos sociales. Así como visita a un club relacionado con la religión judía, también refiere al rugby que se juega en los barrios humildes o el que se práctica en las cárceles. En todos los casos, el deporte es una excusa para sacar a la gente de su letargo y darle algo diferente.

En los textos irán apareciendo el mito de El caballero rojo, de Titanes en el ring, y alguien apodado Cumbia que dice que le gusta “el rugby porque es un deporte duro, pero ahora estoy cansado. ¿Sabés qué pasa? Trabajé mucho ayer. Hago carga y descarga de camiones en el depósito viejo (…) ¡Todo a mano!”.

La virtud del autor está en eso: en que se metió en cada historia hasta el fondo. No sólo eso, sino que además las escribió tan bien que uno siente ganas de más. Alguien le dice que “en el rugby vos ponés el pellejo, y si la pelota la pasás mal, hacés que el tipo que está al lado se lastime, o se equivoque. El rugby es el compromiso de cada uno con la actividad que está haciendo. Eso es la vida”.

No se sale indemne después de leer a los ex jugadores que quedaron con secuelas graves tras una lesión deportiva. Sillas de ruedas, bajones y un volver a empezar constante es lo que reflejan en sus durísimos testimonios. Sin embargo, el libro se cierra con la que, al menos a mi gusto, la historia más lograda. Es la que habla de los presos de Campana que juegan al rugby. Cánepa describe desde el vamos el ingreso a la ciudad y traza un paralelo entre ella y ese submundo de barrotes. Un ambiente en el que a los encarcelados que se preparan para jugar un desafío con equipos que llegarán de otros lados los dejan plantados. Y frustrados. Sin embargo, esos tipos encuentran en el deporte una pequeña esperanza de hacer lo que todos queremos: jugar. No es poco.

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