River está de vuelta: qué ganas de llorar

Escrita por en Columnistas, Notas

Por Javier Álvarez

River volvió a dar la vuelta, levantó la Copa, alcanzó la cima continental. La lluvia le dio un tono de épica a lo que fue la noche de coronación -más que de un torneo- de una manera de pensar el fútbol, de circular la pelota en el verde césped.

Gallardo, el hombre al que pocos tenían en agenda hace un año y pico, hizo que River recuperara la mística de tirar un taco, dar un pase magistral y colar la pelota en el arco contrario con una clase envidiable.

Dicen que dicen que los números muestran más que la más acabada de las descripciones: 68 partidos jugados, 38 victorias, 23 empates y siete derrotas. Dos eliminaciones al archirival de siempre en seis meses.

Una Copa Sudamericana, la Recopa y ahora… y ahora señores la Libertadores que tanto deseábamos y extrañábamos los que algunas vez lloramos por la Banda, de alegría con Labruna, Distéfano, el Beto, Enzo, Crespo, el Burrito, Salas y sí, otra vez, el Muñe.

Y 68.000 gargantas se lo transmitimos al mundo cuando el volcán de Nuñez entró en erupción minutos antes de las 22:00 de aquel ya histórico 5 de agosto de 2015 que confirmó el pasaporte a Japón con chapa de campeón.

El derrotero del Muñe no es perfecto, como no existe nada con esas condiciones en el mundo real, pero es lo mejor que le pasó al hincha en al menos dos décadas. Y sin lugar a dudas es el resultado de un proyecto grande, que emociona más que la Copa.

Duele pero es necesario y reconfortante recordar que River conoció el infierno hace tres años y desde entonces, con cambios en su estructura institucional, no ha parado de reconstruirse, de mirar para adelante, de ir al ataque.

Gallardo hizo que el equipo jugara bien al fútbol, que impusiera la tenencia del balón y se reordenara rápido, sin timidez, tras algún tropezón para buscar la ventaja necesaria y avanzar, para seguir creciendo.

Con respeto por los ídolos, escuchando a los que saben como Francescoli en la dirigencia o Cavenaghi en el campo de juego, River volvió a ser River, ese viejo conocido en los cinco continentes.

Y, quizás lo más difícil, el DT hizo que los hinchas volvieran a creer que el éxito está en manos de una idea o de una estrategia pensada, planificada, trabajada y aplicada con garra y corazón, que en la suerte o la casualidad.

Los cinco sentidos del hincha dan cuenta que aquí hay un proyecto de reconstrucción que tiene al fútbol como estandarte de una institución que es mucho más que una pelota y once jugadores dejando la vida por la gloria.

River jugará en diciembre el Mundial de Clubes y tratará de enfrentarse al majestuoso Barcelona de Messi en una final posible y, lo que es más entusiasta, en un partido ganable.

Y se vienen más torneos, copas y emociones. Esto sí es River. Volvimos. Que ganas de llorar. Volvimos.

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