Perfil de una chica bonita

Escrita por en Entrevista

Carolina Duer es la boxeadora más sexy y ganadora del momento. El sábado ratificó lo suyo en el ring. Muchos son los tipos que suspiran por ella. Nosotros también. Pero nos guardamos el suspiro y nos limitamos a conversar con ella.

“Ir cinco veces por el título y ganarlo es un mérito. No es fácil. Es producto de un duro entrenamiento. Un entrenamiento que fue bueno, por lo que se ve en el resultado. En el ring pongo de manifiesto todo lo que aprendí; y en la vida en general ando contenta porque sigo ganando”, me dice Carolina Duer. Para muchos es la más temible de nuestros pagos. Para otros, es además la más linda. Rubia, de mirada segura, sabe lo que es posar sexy cuando se baja del cuadrilátero. Las fotos de Google lo ratifican. No fueron pocos los medios que aprovecharon sus condiciones físicas para mostrarla. Y ella sabe subirse a ese tren. Es parte del negocio.

El sábado 8 de julio retuvo el título de superrosca de la OMB. Le ganó por nocaut en el quinto round a la rumana Corina Carlescu. Fue en La Plata. Horas después de aquella pelea, en la Capital Federal, donde vive, recuerda: “Subí al ring con tres puntos de sutura en la pierna. En los días precios me mordió mi perro. Así que los últimos días estuve tomando medicamentos. No pude entrenar todo lo que debería haber entrenado. Por suerte eso no me molestó en lo físico y peleé como siempre”.

“Carlescu es una rival era durísima. Y las dos queríamos ganar. Así que el mérito es más grande”, dice también.

Carolina DuerAdemás de boxear (o tal vez por eso), si hay algo que sabe Carolina es ponerle el cuerpo a las cosas: a las rivales, a los flashes, a lo que sea. No se amedrenta. Al contrario: le da placer subirse al ring. “Mientras lo disfrute, seguiré peleando”, asegura. “Sé que es algo delicado eso de poner el cuerpo. El día que no pueda hacerlo trabajaré de otra cosa. Por ahora, sigo”. Tal vez este sea el mejor momento de su carrera. Apenas pasa los 30. Reniega de los preconceptos. “No es más difícil boxear por ser mujer. La cosa es complicada tanto si sos hombre como si sos mujer”, piensa.

No le gusta demasiado eso de recapitular. “No te voy a decir el típico ‘siempre soñé con esto’. No es mi caso. Esto de boxear no fue un sueño. Esto que vivo es algo que se fue dando de manera progresiva. Así vinieron los logros: primero uno, después otro. Así. Pero yo no soñaba con esto”. En medio de este concepto dirá también que boxear era un hobbie y que el profesionalismo algo que se produjo por decantación, a fuerza de golpes. “Más vale, si yo no sabía que me iba a pasar esto”.

En sus ratos libres, lo típico: amigos, sobrinos, hermana. Y familia. “Busco que cada día pueda hacer algo que me de placer. Ya no tengo 20 años, pero tengo claro que no viviría una vida si no hay momentos cotidianos de goce”, es una de sus banderas. Sabe, sin embargo, que en tiempos de peleas hay que resignar varias cosas. Entre ellas, las reuniones sociales. “Pero a todo le encuentro la vuelta para que sea disfrutable”. Y también: “A mí el boxeo me dio muchas oportunidades y no me quitó nada”.

Todavía sigue yendo a Ideas del Sur para ayudar a su papá, que tiene la concesión del bar de esa productora. Alguna vez ese rol fue motivo de varias notas. Hoy ya es un tema superado, que sorprende cada vez a menos. Lo suyo es el boxeo, ratifica. Pero aunque

no lo dice bien sabe que es más que una boxeadora. Mucho más que una boxeadora. A suspirar, muchachos.

Por Alejandro Duchini
Foto: Martin Landa

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