Pablo Ramos, “El camino de la luna”

Escrita por en Libros

Su último libro es de cuentos. Y cada uno de ellos encierra historias que no pasan desapercibidas. Lo bueno de los relatos de este hincha de Arsenal es que las balas con las que dispara son en verdad palabras. “Canciones de amor perdidos / pero canciones, no más”, cantaba Andrés Calamaro en aquel magistral disco que se llamó Honestidad Brutal. Cada uno en lo suyo, lo de Ramos podría describirse como “Cuentos de amor perdidos / pero cuentos, no (y) más”. Son relatos de amor, de odio, de broncas pasajeras, de broncas acumuladas, de dolores que retuercen una vida durante años y que colocan al protagonista ante la posibilidad de una venganza silenciosa (como pasa en el monumental “Montañas de azúcar y ríos de miel”).

Ya lo dije anteriormente, e insisto: se nota que Pablo Ramos deja la vida en cada frase. Alguna vez en su casa de La Paternal me contó que corrige y corrige y corrige. Esa búsqueda de la perfección se nota. Todos sus sentimientos entran en sus historias. Si es un maestro para la novela, también lo es para el cuento.

El Camino a la Luna de Pablo RamosEn “El camino de la luna”, editado por Alfaguara, todos los relatos son recomendables. Pero en lo personal me quedo con “Montañas de azúcar y ríos de miel”. Porque la historia es durísima. No se puede salir indemne de ella. No hay forma de que no te toque, de que aunque sea no te salpique. Ese cuento respira por sí mismo. “Esta es mi realidad, una realidad que no tiene salida hacia otra realidad”, escribe en este relato en el que un joven recuerda a la mujer que abusó de él en su infancia. Habla de cómo ese abuso lo marcó para siempre. Ahora ella está por morirse y él, que estaba a su cuidado cuando era muy pibe, va hacia el hospital a verla mientras agoniza. En tanto, hasta las tripas se le revuelven al recordar aquello.

Pero hay más. Es hermoso el relato del tipo que se baja del taxi y se vuelve para acariciar la cabeza de la joven maletera de Retiro. Se titula “El elefante muerto”.

La apertura del libro, con el cuento “En el umbral”, ya es un camino sin retorno al mundo Ramos. Un viejo que empieza a perder la memoria y que sabe, cada tanto, que le pasa eso. De entrada, no más, estamos ante uno de los confesados temores del autor. Y así se van acumulando los relatos.

Incluso, hasta la Dedicatoria tiene un sello tan personal. Bien podría decirse que es un cuento más de las 161 páginas. Ahí se resume (si eso es posible) lo que viene después.

En lo personal, celebro la vuelta de Ramos. Es genial saber que hay personas que respiran y transpiran lo que escriben. Él es de ésos.