NO TAN HEROICO

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Por Alejandro Duchini.

El sábado pasado murió Héctor Ricardo García, creador de Crónica y, según varios, héroe del periodismo argentino. Así lo destacaron en diversos medios de comunicación. Con algunas apreciaciones certeras y otras exageradas, ex empleados suyos y colegas siguieron la misma línea. Recordaron que alguna vez García les prestó plata, que les dio un consejo o un trabajo y que era un gran laburante. Todo eso es tan cierto como que García fue un genio del periodismo. Tremendo genio. Pero.

También es verdad que a mediados de los 90, mientras manejaba su Mercedes Benz lujoso que estacionaba en el primer piso del enorme edificio en Puerto Madero, donde estaba la redacción del diario, empezaba a pagar los salarios en cuotas, no hacía los aportes de jubilación y obra social y aún viajaba en avión personal. Se fijaba si la foto de tapa de Susana Giménez de Crónica o de la revista Flash estaban buenas. Un profesional de la hostia, como dicen. Mientras él estaba en esos detalles, los empleados del diario andábamos en asambleas y sin plata para llegar a fin de mes. Sobre todo aquellos que tenían a Crónica como único ingreso salarial. A veces juntábamos para que un compañero pueda viajar en colectivo o tren de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. Otras, le dábamos para el morfi. Después vinieron meses de despidos, más incumplimientos, juicios y matones en la puerta de Garay y Azopardo: “Vos no entrás”, “vos sí…”.

Aquellos tiempos de Crónica fueron duros pero solidarios. Se afianzaron amistades y nos dimos cuenta de quiénes eran los alcahuetes de turno. Algunos de ellos, me cuentan, siguen en el mismo diario, ahora en manos del Grupo Olmos.

La muerte enaltece. Y es una posibilidad de revisar la historia. García fue un gran periodista. También tuvo gestos altruistas. De eso no hay duda. Tampoco hay duda del daño que hizo.