MARTÍN CAPARRÓS SOBRE EL PERIODISMO DEPORTIVO

Escrita por en Libros

En su último libro, Lacrónica, el escritor refiere al periodismo deportivo. Son unas pocas líneas que introducen a un viejo trabajo suyo titulado Boquita. A continuación, se puede leer cuál es su opinión sobre el tema.

A veces me lo permito, como una travesura: el periodismo deportivo es, de algún modo, mi resto infantil. Se ha dicho bastante que miramos deportes para seguir siendo aquellos chicos que miraban deportes. Yo creo que, para eso, sigo escribiendo de fútbol cada tanto. Cuando empecé a leer aquellos relatos épicos, casi grandilocuentes, éramos millones los que sólo sabíamos de aquel partido –aquella carrera, aquel combate-, lo que alguien nos contaba. Un relator de radio, un redactor de diario: el evento era un suceso lejano que no habíamos visto, la narración de otro. Nos importaba cantidad –nos alegraba, amargaba, humillaba, llenaba de orgullo- un hecho que nunca habíamos visto, del que sólo conocíamos su reflejo: su relato. Ahora, en cambio, la principal dificultad del periodista deportivo consiste en contarte lo que estás viendo, lo que viste: en convencerte de que sabe algo más.

Escribir de deportes no es un juego de niños. Yo siempre respeté mucho el periodismo deportivo. O, debería decir, el periodismo deportivo. No esa cosa que suele publicarse en las secciones de deportes y los diarios deportivos y, sobre todo, en las radios y televisiones deportivas, donde unos alegres muchachos que fueron o querrían haber sido futbolistas hablan sandeces o cuentan chismes inverosímiles pero tediosos o se babean sobre las tetas de las botineras. Muchachos que, en general, tienen con el objetivo de sus notas más compromisos que el más pringado de los periodistas políticos: que no se atreven a decir nada malo de las actuaciones de los jugadores por miedo a que dejen de “atenderlos” –en la jerga: darles esas entrevistas insulsas donde repiten y repiten “la verdad que” para no decir nada. Muchachos que, en general, detestan al castellano casi tanto como a la selección inglesa, y se ocupan de que no se corte el flujo de boletos de avión y regalos empresarios cuidando sus silencios como oro.

Yo siempre respeté mucho, sobre todo, la habilidad para contar un partido de fútbol: el periodismo deportivo escrito en argentino, que la tenía quizá como ningún otro en el idioma, se ha dedicado a perderla sin melancolía. Los espacios en los medios se hacen cortos, la voluntad también; muy pocos siguen intentando ese pequeño milagro que consiste en contar, una o dos veces por semana, una situación que nunca cambia mucho como si cada vez fuera la última, cada vez la primera.

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