MÁRCICO ES UN KOH-I-NOOR

Escrita por en Libros, Notas

Lo escuchó en la cancha el genial dibujante y humorista Miguel Rep y lo contó en el libro La Palabra Hecha Pelota (Galerna). En esta nota, un extracto de una larga conversación sobre fútbol en la que también habla de Fontanarrosa, de River, Boca y hasta Tinelli.

Por Alejandro Duchini

@aleduchini

-¿Lloraste por fútbol alguna vez?
-¿Llorar por fútbol? Me puedo amargar mucho, como cualquier bostero, un domingo a la noche en que gane River y pierda Boca. Y he deseado mucho más que pierda River a que gane Boca. Pero nunca lloré, porque jamás fui un hincha colectivo, de ir a la cancha con una barra. Quizá si vas con un familiar, con un hijo, puede ser. ¡Qué feo ir con tu hijo y que pierda el equipo del que sos hincha! Vos lo hiciste de ese equipo y por ahí lo humillan al perder 5 a 0. Ahí sí se justifica llorar. Supongo que debe ser un aprendizaje vinculante, ¿no? Otra cosa que se aprende, que yo aprendí del fútbol, yendo o no a la cancha, es el humor. Es importante. ¡La espontaneidad! Ahí hay algo del humor argentino impresionante, anónimo. Sobre todo anónimo. No al estilo Fontanarrosa, que destila humor porque es un profesional, un capo. Es el que mejor escribió sobre esto. Me refiero al otro tipo de humor: al que sale de manera espontánea. Recuerdo ir a la cancha y ver a Márcico corriendo una pelota para que no se le fuera al lateral mientras un tipo le grita a otro “Vieja, mirá, ¡el Koh-i-noor todavía funciona!”, porque estaba gordo. Hasta hoy lo recuerdo. ¡No se me hubiera ocurrido eso! Ese tipo no lo tenía preparado lo del Koh-i-noor. Es maravilloso eso. No sólo hay gracia, sino que el humor de la cancha tiene calidad. La espontaneidad encima es buena. Es como que el arte popular también es refinado, de calidad. Eso lo notás en el tango, en el fútbol y por supuesto en el humor gráfico. Porque lo popular acá tiene calidad. Eso lo aprendés también en el mundo del fútbol. No es que sólo se dice “boliviano, la concha de tu madre…” en un partido, sino que se generan unos cantitos que no sé si ocurren en otros países. Hay una espontaneidad, una olla de gracia y picardía criolla que yo, como profesional, no la tengo. Eso se da en lo colectivo. Es un laboratorio que se da ahí, una picaresca que tiene que ver con joder al otro, pero con unas bases de calidad muy fuertes. No es el chiste estúpido: “ponte las bragas”, como dicen los españoles. Acá hay otra vuelta en los chistes. Tienen sutileza, a la vez. Y son efímeros. Al que lo dijo le sirvió en ese momento, pero después no se acuerda. ¿Qué se va a acordar? Yo me acuerdo, pero creo que el tipo que dijo lo del Koh-i-noor se habrá olvidado enseguida.

LaPalabraHechaPelota-ADuchini-Interesante combinación la del fútbol: odio y humor.
-Está eso de gastar al otro. Es como lo de Tinelli. En Tinelli hay violencia. Todo el tiempo hay violencia. Cargar al otro es violencia. ¿Hay calidad en ese programa? Lo que hay es producción. Lo que hay es buena guita. En el fútbol me parece que el cargar al otro lleva a esos estándares altos de humor. No sé cuál es la nutrición de eso. Si cierta literatura, si cierto código barrial, si cierta calidad que hay en la amistad varonil, que es algo que se ve bien en Fontanarrosa. Como una competencia intelectual, incluso, que hay en la gastada. Es ir un poco más. ¡Como una payada! Eso: el payador no hace un juego de palabras sin sentido. No es surrealista. “Te voy a ensartar con una, y con otra”, parece decir. Eso está en el gen argentino, o bonaerense. No sé qué ocurre en Catamarca. Pero sí pasa en Rosario, en Buenos Aires y en Córdoba, donde es dinamita pura. En las grandes urbes pasa seguro.

-¿Hablaban de fútbol con Fontanarrosa?
-Más que de fútbol hablábamos de los hinchas. Del color de las hinchadas. Yo no estoy muy validado para hablar tácticamente de los jugadores, de qué juegan y esas cosas. Alejandro Fabbri, en cambio, te caza al vuelo de qué juega uno y otro. Yo no, yo tardo en darme cuenta de eso. En ese caso, el Negro era muy ducho. Tenía una buena escuela: quedarse en Rosario, ser fana de eso. Hay gente que se sabe hasta quién juega en reserva, quién es promesa, qué valores tiene uno que debuta. Yo no podría hablar con Zavatarelli de fútbol. Podría describirte un gol, lo que ya ocurrió, pero no indicarte sobre táctica y estrategia. Sé más de fútbol que de corridas de toros, pero nada más. Se supone que el nuestro es un trabajo más intelectual y que la mayoría de los dibujantes no apela a ese conocimiento futbolero. Quino, por ejemplo, no sé siquiera si sabe ver un partido. Calé era futbolero, muy seguidor de River. Lo entendía muy bien. De hecho tiene un hijo que es periodista deportivo, Horacio del Prado. Pero el Negro era muy mirón de partidos y además jugaba, aunque dicen que no era muy bueno. Pero le ponía garra, le gustaba. Era muy rutinario. No podías sacarlo de su rutina de ver a Central, por ejemplo. El Negro pasó a la historia por su literatura y no por sus dibujos. Por sus cuentos. Y por entender tanto lo que pasa en el campo de juego como lo que pasa en la tribuna. Es un tribunero. Es quien mejor ha entendido lo que pasaba en la tribuna. La tribuna varonil. Es un escritor varonil. Sus temas eran todos varoniles: las minas, el fútbol y no sé si colaba algo más. Su mundo era varonil.

-Sacando a Boca, ¿qué sentís por los demás equipos?
-Con el tiempo me hice muy amigo de Racing. Creo que Racing es la Argentina. Condensa todo el sufrimiento argentino. Es un equipo que tiene una gran confluencia de hinchas varietales: escritores, periodistas, actores. Gente interesante, muchos de ellos amigos míos. Saben que van a sufrir. Saben que empiezan bien y después se caen. Si, Racing es la Argentina; es un destino argentino. Esto no quiere decir que sea anti Independiente, porque no lo soy. Racing no es Independiente, que es de paladar negro. Como River, el único que me cae mal.

-¿Por qué te cae mal River?
-No me gusta. No me gustan sus colores: rojo y blanco me parece de pésimo gusto pictórico. Azul y amarillo me parece maravilloso. Son colores fuertes, sudamericanos. Sudamérica tiene que tener colores fuertes, no socialdemócratas, como rojo y blanco; europeo. Me parece que son desclasados, que se fueron a Barrio Norte cuando son de la Ribera. No me gusta la clase media tirada a más. Pero más allá de eso, es la enemistad que elegiste para tu vida. River es River y Boca es Boca. No hay razón para la rivalidad. ¿Por qué el argentino tiene rivalidad con Brasil? ¿Qué nos hizo? ¿Por qué nos alegramos cuando le va mal? No tiene sentido. ¿Por qué me alegro cuando le va mal a Inglaterra? No tiene sentido. No me caen mal los alemanes, en el fútbol, como sí los brasileños y los ingleses. No sé por qué. Yo tengo un problema con los ganadores. Eso es lo que me gusta de Racing, que son como losers. Pero River es winner, Brasil es winner, Barcelona es winner. Son así: winners. Yo al Barcelona no lo veía como el equipo de Guardiola, el bondadoso, el de UNICEF. Lo veía como el de unos soberbios catalanes que creen que van a hacer un país ellos solos y que tienen el mejor fútbol para siempre. Me rompe las pelotas el Barcelona. Me gusta cuando pierde. Y eso que no me gusta el Real Madrid, que son franquistas. No me gustan los winners, la estética winner.

Compartir
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInPin on PinterestShare on TumblrShare on RedditDigg thisFlattr the authorShare on StumbleUponShare on VKShare on YummlyBuffer this pageEmail this to someonePrint this page