LOS DESAPARECIDOS DE RACING

Escrita por en Destacadas, Libros

El siguiente texto es un adelanto del libro Los desaparecidos de Racing, con once historias geniales del sociólogo Julián Scher.

Son 11.

O 30.000.

O las dos cosas. O todo junto. O da igual porque, al fin y al cabo, 11 y 30.000 son símbolos de lo mismo.

Son las ganas de gritar un gol o la tenacidad para caminar barrios en las mañanas de lluvia y de frío. Son los abrazos con la gente querida ante la gloria de ver a Racing campeón y son las asambleas para defender a rajatabla los derechos de los laburantes. Son actos de vida.

Actos de vida. Unos detrás de los otros, actos de vida arrancados de golpe por un genocidio decidido a refundar la Argentina en clave de capitalismo financiero –con el orden social y económico que implica-. Eso. Un genocidio que merece todas las condenas, por los siglos de los siglos. Pero también más que eso. Mucho más que eso: detrás de cada secuestro, una experiencia; detrás de cada tortura, la necesidad de un mundo más justo; detrás de cada desaparición, la búsqueda de una manera de ser con los otros que el terrorismo de Estado intentó aniquilar a sangre y fuego. Y mucho, muchísimo más que eso: sueños de justicia social e ilusiones de amores eternos; esperanzas de libertades intocables y ternuras de chicos en cuerpos de no tan chicos; voluntades de protagonismo en la historia de este país y pasiones por esa identidad que giró, gira y girará en forma de número cinco. Son entonces actos de vida que, sumados aquí y allá, no dan otra cosa que vida y más vida. Y las vidas de una época sirven, en última instancia, para entender y rescatar y aprender y valorar una época.

Juan Gelman, militante y poeta, dice en una frase lo que al resto de los hombres le podría llevar la eternidad explicar: “Ellos se murieron, pero todo lo que hicieron, desde sus actos hasta su literatura, fueron hechos de vida”. Y así es. Tal cual. De carne y hueso. Bien de carne y bien de hueso. Ni por asomo héroes de bronce emplazados en un pedestal al que se observa desde el subsuelo.

¿Que no lo creen?

Vayan detrás de Alejandro Almeida a comprar una gallina para tirarles a los de River.

O escuchen lo fuerte que grita Diego Beigbeder cuando Oreste Corbatta acierta desde los doce pasos.

O sientan con Jorge Caffatti lo que significa pararse en la popular de la mano de un papá.

O avancen con Álvaro Cárdenas para que les muestre cómo se canta en la tribuna con el brazo extendido.

O ríanse de la manera en la que Jacobo Chester se filtra en la cancha para pegarse a sus ídolos.

O disfruten mirando a Dante Guede paseando por el Cilindro con su hija sobre los hombros.

O comprendan el pedido de Gustavo Juárez para que un amigo le relate cómo fue el partido del domingo.

O miren a Alberto Krug escabulléndose de una reunión para alentar a la Academia.

O aférrense al cielo con Osvaldo Maciel para certificar que Roberto Perfumo la puso en el ángulo.

O corran con Roberto Santoro, vestidos con una camiseta celeste y blanca, por el empedrado de Chacarita.

O lloren con Miguel Scarpato con la noticia de que el título se escurre de la punta de los dedos.

Los que vacilan pueden hacer todo eso: la condición humana, es decir, lo que ocurre en el corazón de la gente, los espera.

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