LA REINA DEL HIELO SECO

Escrita por en Libros

Por Alejandro Duchini – @aleduchini

Hace unos meses recibí un mensaje que decía lo siguiente:

“G

Hola, Alejandro. Mi nombre es Marina. Me encantaría hacerte llegar mi novela “La reina del hielo seco”. Ojalá puedas darle una mirada. En caso afirmativo espero dirección. Beso!!!!!”. Nunca supe qué significaba la G. Si fue un error de tipeo o un mensaje en clave. Pero recibí el libro.

Marina es Marina Macome y hasta entonces no la conocía. Postergué el comienzo de su lectura unas semanas y una mañana me tiré en el sillón y lo empecé. Las primeras páginas me hicieron sonreír y le escribí para contarle que la historia me parecía muy buena y que iba a llegar hasta el final.

“Qué bueno lo que me contás! Me encanta!!!!! Prometo que vas a reir! Gracias, Alejandro, no me esperaba este adelantito!!!!”, fue su respuesta.

En pocos días lo terminé. ¡Gran sorpresa! La historia es buenísima. Trata sobre una mujer, Margarita Ceballos, que bordea los 40 y vive con su padre, del que se avergüenza por los papelones que le provoca en público y en privado. Llega un punto en el que los hijos se convierten en papás de sus papás. Para colmo, su novio le falla: tiene hijas pequeñas a las que duda en presentarle para no lastimarlas. Cuando lo hace, la relación entre ella y las nenas se torna insoportable. Marina cuenta todo esto con una efectiva dosis de humor.

La reina del hielo secoIgual no le sirve de mucho, porque el tipo vuelve con su ex cuando se entera de que acaba de cobrar una herencia. En tanto, la protagonista pelea contra el fantasma de la soltería y sigue trabajando en una concesionaria que no soporta. Plumerea coches y sólo le falta lustrarle los zapatos a su jefe.  Hay escenas muy buenas. La de su ex y su esposa comiendo con una pareja amiga, cuando por lo bajo se sacan el cuero, es buenísima. Otra es aquella en la que “¿la alter ego?” de Marina se junta con dos ex compañeras del colegio que se muestran seguras, ganadoras, como si vencer al paso del tiempo fuese lo único que importara. Se sabe que sólo aparentan. Tanto como la protagonista, que también disimula sus fracasos amorosos y laborales. Esa escena se torna irrisoria. Está muy bien escrita.

Como no puede ser de otra manera, también hay lugar para el hombre por el que suspirará la tal Ceballos. A él también le pasan varias. Nadie sale indemne de su familia. Un perro será el anzuelo para que se encuentren. El final ya se lo pueden imaginar. O conocerlo si leen el libro, que desde ya se los recomiendo.

Cuando terminé “La reina del hielo seco” le escribí a Marina para decirle que sí, que me gustó. Alegre, me respondió: “Al ser medio ignota me viene bien el boca a boca. A veces si no estás en el ámbito literario (soy una completa outsider) cuesta la visibilidad. Con que se lo recomiendes a un amigo, estoy”.

Después, sobre el final de su respuesta, prometió: “No pasa enero que te leo”, en referencia a La Palabra Hecha Pelota, el libro que publiqué hace unos meses a través de Galerna.

No sé si realmente lo leerá. Las entrevistas sobre fútbol no hacen reír como la novela de Marina. Pero de todos modos, por si me tapa la boca y lo lee, pongo de testigos a los lectores: acá queda a su disposición un espacio para que ella me comente a mí.

Obviamente, sólo tiene que escribir cosas buenas.

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