LA PASIÓN, SEGÚN MÓNICA SANTINO

Escrita por en Libros, Notas

Mónica Santino es una de las catorce entrevistadas para el libro La Palabra Hecha Pelota (Galerna). A continuación, lo que dijo al hablar del apasionamiento que siente por el fútbol y por una camiseta. La familia, el amor, la tristeza por una derrota y la mano abrazadora de su abuelo cuando la llevaba a la cancha son algunas de las cosas sobre las que habla.

-¿Qué es una pasión?

-¡Qué buena pregunta! Entiendo por pasión aquello que… ¡que te quema! Quemar en el sentido de que harías cualquier cosa por eso. Y hacer cualquier cosa escapa a los parámetros normales, a aquello que uno entiende por normalidad o que tiene que ver con construcciones culturales. A veces a la pasión se la define como algo sin sentido, pero creo que tiene mucho sentido. La pasión es hacer cualquier cosa en términos de lo que superaría la cotidianeidad. No me imagino una vida sin pasión, porque me parece que ese es el motor de todo lo que hago. Sin pasión habría un montón de cosas que no me bancaría. La pasión es lo que me motiva y me ayuda a ir para adelante. Ligado esto con el fútbol, es lo que se repite cada vez que vas a ver a tu equipo. Es lo que te hace ir igual a una cancha, aunque tu equipo gane, aunque pierda, juegue bien o juegue mal. Es un convencimiento. Es un decir “acá estoy. Yo soy esto”. La pasión es como el vestido de ese sentimiento. Es la palabra que encontramos a lo que no tiene explicación. Desde mi vida, es mi fuerza motivacional. Es lo que me lleva a hacer cosas. Es lo que me lleva a decir cuando me dicen que las mujeres no pueden jugar al fútbol, que sí, que las mujeres pueden jugar al fútbol. Que soy de Vélez porque mi abuelo Carmelo era de Vélez, porque mi viejo era de Vélez y porque crecí respirando eso aunque no vivía en Villa Luro. Es aquello que me hace abrazar a un desconocido que es de Vélez, como yo. La pasión va unificando cosas. Me rebela ante la injusticia, que es algo contra lo que lucho desde que era chiquita. Porque siempre me rebelé ante las injusticias. También lucho contra la injusticia desde la pasión. Lo hice y lo hago desde la militancia, porque milité en varias cosas. Pero el fútbol femenino no es una militancia, sino una pasión.

-¿Con la pasión se nace o se adquiere?

Creo que se adquiere. Aunque existen personas desapasionadas, ¿no? Debe ser un poco y un poco. Algo que ya traés, supongo; hay una mezcla, que después el contexto en el que crecés o aprendés o te formás como persona ayuda a modificar. En lo personal, me acuerdo de que mi primera llegada fuerte a algo pasional fue el fútbol. Me llevaron a la cancha de chiquita, siendo bebé. Recuerdo cantar canciones de cancha a mis tres años, cuando Vélez salió campeón, en el 68. Pero la primera emoción fuerte tuvo que ver con algo triste, cuando Vélez perdió el torneo Metropolitano del 71. Le tenía que ganar a Huracán y perdió 2 a 1, en nuestra propia cancha, y salió campeón Independiente. Fuimos con mi abuelo y mi papá a otra platea distinta de la que íbamos siempre. Yo tendría unos seis años. Recuerdo ver a mi abuelo llorar, llevándome de la mano, y de la cara de tristeza de mi papá. Yo había aprendido canciones para ese partido y mi abuelo había comprado una bandera muy grande. Entonces, para mí, el reír, el llorar, las alegrías y las tristezas más profundas están ligadas al fútbol. Recuerdo que ya ese día era de Vélez a morir. Teníamos la costumbre familiar de ir a la cancha apenas abría, comíamos en el restaurante del club porque mi abuelo era amigo de los mozos, veíamos el partido y después nos quedábamos a las rondas de conversación que se armaban. Mi abuelo y mi papá se peleaban con todos, me acuerdo. Y después íbamos para San Isidro, donde vivíamos. O sea, lejos.

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