LA PALABRA HECHA PELOTA: ¿POR QUÉ ESCRIBIR?

Escrita por en Libros, Notas

Por Alejandro Duchini

El viernes pasado salió de imprenta mi libro, La palabra hecha pelota, editado por Galerna. Son catorce entrevistas a personas de diferentes ámbitos culturales que hablan de fútbol. En todos los casos, este deporte los marcó por algo que va más allá de la cancha en sí. Quienes hablaron son Hernán Casciari, Tomás Abraham, John Carlin, Julio Frydemberg, Osvaldo Bayer, Pablo Alabarces, Teté Coustarot, Mónica Santino, Eduardo Sacheri, Ariel Scher, Juan Sasturain, Carlos La Mona Jiménez, Horacio Elizondo y Miguel Rep. Lo que sigue es la introducción de La palabra hecha pelota, que estará en las librerías desde este fin de semana.

Cuando era pibe mi superhéroe usaba remera roja y pantalón corto, era pelado, petiso y jugaba al fútbol. Se llamaba Ricardo Bochini y mi papá me llevaba a verlo los domingos. Entrar a la cancha de Independiente con mi viejo era lo mejor que podía pasarme. Recuerdo todavía un fuerte olor característico, que no puedo definir pero que me suena a mezcla de papel de diario y cigarrillos 43/70. Yo era muy chico y en esos años, mediados de los 70, el Rojo solía ganar campeonatos, formaba equipazos y además jugaba la Libertadores, por lo que era común ir a Avellaneda también los miércoles. Salíamos con el Torino desde mi casa en Mataderos y pasábamos a buscar a mi padrino, Antonio, a quien se le sumaban otros amigos. Yo, único chico entre tantos grandes, me sentía comodísimo en ese grupo.

tapa la palabra hecha pelotaEso -el fútbol- me fue marcando mientras pasaba el tiempo. Llegaron los 80, ese ritual se mantenía, otras cosas cambiaban y yo crecía. Se terminó la dictadura, apareció la democracia, jugaba a la pelota en la vereda, leía la revista Humor, empezaba a gustarme la música de Kiss, Serú Girán, Spinetta y Los Abuelos de la Nada, hacía las primeras salidas sin mis padres aunque a condición de volver temprano y cada tanto me enamoraba. Terminé la primaria, comencé la secundaria, continué jugando al fútbol pero ya no en la calle sino en la plaza, frente al hospital Santojanni, me mudé y tuve nuevos amigos y  descubrí otros grupos musicales. Pero la costumbre de ir a la cancha a ver al Rojo con mi viejo y mi padrino seguía inalterable.

Comencé a estudiar periodismo en los 90, después de terminar el secundario con unas cuantas previas. Mi viejo dejó de ir a ver a Independiente. Yo seguí, pero sin él no era lo mismo. Encima se retiró el Bocha. Me inicié en el periodismo y me mandaban a ver equipos por los que no sentía nada. Un sábado iba a la cancha de Excursionistas o a Juventud Unida y el domingo a la de Vélez o Racing. Pero el Rojo seguía adentro mío, abarcando infancia, adolescencia y juventud. Sin embargo, el ritual de la cancha se terminó o se redujo a comentar los partidos con mi padrino. Me hice grande, me convertí en padre, me mudé varias veces, me separé, viví solo y volví a casarme con una persona increíble que me dio a mi tercera hija.

Puedo relacionar momentos importantes de mi vida con el fútbol. Mi hijo Santiago, por ejemplo, nació unas horas después de que Independiente perdiera con Newell’s. Ludmila, un día en que la Selección le ganó a Bolivia con gol de Gustavo López en un partido por Eliminatorias. Y Malena en el verano en el que Independiente estaba en la B. A Marian la conocí un viernes a la noche, después de perder con Central, y nos fuimos a vivir juntos tras un River-Boca. Como ven, el fútbol está siempre. En las buenas y en las malas. Como cuando murió mi mamá: poco antes de su muerte yo había gritado en la cancha el gol de Bochini a Wirtz, el arquero de Racing, con el que se selló el 2 a 2 de un clásico. El domingo en el que mi viejo me dijo que él tenía una enfermedad complicada nos ganó San Lorenzo; una noche después de su fallecimiento, ocho meses más tarde, nosotros les ganamos a ellos.

Sé que no soy el único a quien mundiales, campeonatos, derrotas y goles marcaron su vida. Hay otros a quienes, en menor o mayor medida, les ocurre lo mismo. Eso motivó este libro. Quería saber qué les significa el fútbol a esas personas. Qué piensan o sienten por la pelota. Entonces comencé a entrevistar a gente que por diversos motivos admiro o, simplemente, me gusta en lo que hace. Y entonces estuvieron frente a mí Hernán Casciari, Tomás Abraham, John Carlin, Julio Frydemberg, Osvaldo Bayer, Pablo Alabarces, Teté Coustarot, Mónica Santino, Eduardo Sacheri, Ariel Scher, Juan Sasturain, Carlos La Mona Jiménez, Horacio Elizondo y Miguel Rep.

Este libro me permitió sentir el placer de mantener conversaciones largas y distendidas sobre un tema que me apasiona y que, además, provoca lo mismo en aquellos que se sentaron a conversar conmigo. También me hizo dar cuenta de que somos muchísimos los que al mirar un partido miramos más que once contra once.

Ojalá que leyendo puedan ustedes disfrutar lo que yo disfruté entrevistando a estos catorce futboleros. Para mí, sería un golazo.

 

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