LA NADADORA QUE SIN SABERLO ME AYUDÓ A REENCONTRAR A MI HIJA

Escrita por en Entrevista, Notas

Por Alejandro Duchini. Cada vez que se habla de Delfina Pignatiello, la nadadora argentina de 19 años que por estos días la rompió en los Juegos Panamericanos de Perú, me aparece la imagen de mi hija Ludmila, que tiene la misma edad, hace deporte pero no tanto y tiene más bajo perfil. Hace casi tres años, cuando entrevisté a Delfina para una revista que ya no existe, yo estaba reencaminando mi relación con Ludmila, que vivía en el interior y desde hacía tiempo no me hablaba. Cuando volvimos a relacionarnos empecé a redescubrir cómo era el mundo adolescente. Temía no entender esa adolescencia y que tambalee el reencuentro con mi hija. Ahí fue donde Delfina, sin saberlo, me sirvió como referencia. Porque en ella veía a alguien que estaba en la misma que mi hija.

A sus 17, ninguna tenía novio, las dos sonreían de una manera tan genuina que era imposible no contagiarse y ambas escuchaban la misma música: Selena Gómez, Ariana Grande y Demi Lovato. Conocer los gustos musicales de Ludmila me sirvió para encarar más suelto la entrevista. Donde no había similitudes era en la forma de vida. Mi hija madrugaba para ir al colegio pero Delfina madrugaba mucho, mucho más. Se levantaba antes de las 5 de la mañana para entrenar y a las 8 estaba en el colegio. Terminaba, entrenaba de nuevo, hacía la tarea y se iba a dormir no antes de las 22. Además, Delfina había viajado gracias a la natación lo que no viajaremos la mayoría de nosotros en una vida. “El otro día hice la cuenta y creo que fueron más de siete países… O sea, uno en Asia -Singapur-, Canadá, Estados Unidos, México y, bueno, de acá de Sudamérica la mayoría. Me pongo a pensar y si no fuera por la natación quién diría que visitaría Singapur, por ejemplo”. La cuenta siguió con más Estados Unidos, Australia y todo indica que el año que viene sumará Tokio, donde se harán los Juegos Olímpicos. 

Mientras escribo, Delfina sigue por Perú: ganó dos oros en 400 y 800 metros y está por competir en los 1.500, su especialidad. Es la figurita difícil de la delegación panamericana y la destacada en los medios que se nutren con lo que ella publica en Twitter, Instagram y su canal de YouTube.

La miro por la tele y aparece más crecida, como una hermana grande de aquella adolescente que sólo pensaba en nadar y sin tiempo para salir con amigas o novio. “Hay un montón de cosas que me gustaría hacer. La verdad es que no me arrepiento de haber tomado la decisión de, digamos, suspender algunas actividades. Me gustaría salir con mis amigas pero hay días que no puedo porque al otro día tengo que ir a entrenar. O me gustaría tocar algún instrumento, pero posta. Me gustaría ir a clases de piano o algo así. O quizás seguir estudiando en el instituto de inglés y me gustaría hacer hip hop”. En aquella charla, cuando más nos reímos fue al contar lo de un posible novio: (AUDIO Duchini Orsai 3) “Intento que no. O sea, si la relación es sana, sí. Pero si me va a desviar de mi objetivo, intento que no. Nunca tuve… la verdad es que nunca tuve novio. No está en mis planes todavía y tampoco… digamos… no consigo tampoco”.

Delfina vive en el agua. Nada desde chiquita porque su mamá, Paula Beltrame, era profesora de natación en el club Thames, de San Isidro. A sus 11 ya competía. “Yo estaba prácticamente toda la tarde en la pileta. Siempre me gustó. Siempre fui muy competitiva. Y cuando cumplí 11… no, mentira, cuando cumplí 12 le dije que quería competir y competir y fuimos a averiguar a la Municipalidad de San Isidro que sabía que tenía un buen equipo y empecé a entrenar ahí”.

Aprendió, y lo sigue poniendo en práctica, que para estar entre los mejores tiene que ser inteligente. Se lo enseñó su entrenador, Juan Carlos Martín, referente de la natación argentina. “Es súper importante la cabeza. Si una persona inteligente es responsable y disciplinada, no sale a la noche, va a entrenar al otro día y llega temprano y sabe las cosas que son buenas para vos y lo que te pueda hacer mal, sabe ir por el buen camino… a eso se refiere con que hay que ser inteligente”.

No volví a ver a Delfina. Apenas intercambiamos mensajes por WhatsApp; el último fue este viernes y todavía no me contestó. Con mi hija Ludmila las cosas se reacomodaron. Hoy vive en Buenos Aires y nos vemos muy seguido. Me habla de sus salidas, de la Facultad y una vez hasta me presentó un novio. Ahora me doy cuenta de que nunca le conté a Ludmila que hay una piba de su edad que nada, gana medallas y que sin saberlo me ayudó para que ella y yo volvamos a vernos.