¡BALCELLS, TIENES UN E-MAIL!

Escrita por en Destacadas, Entrevista, Notas

Por Alejandro Duchini

Este lunes por la tarde me enteré de que murió Carmen Balcells. Enseguida recordé que a comienzos de este año, sin conocerla, le mandé un escueto mail en el que le contaba que iba a escribir una serie de notas sobre Gabriel García Márquez, de quien se cumplía el 17 de abril el primer aniversario de su muerte. Todo sería publicado en La Gaceta, de Tucumán.

Ese primer contacto con la agente literaria tal vez más emblemática fue el 4 de febrero. Le preguntaba si podía enviarle un breve cuestionario.

Una semana después me sorprendió recibir, desde España, una respuesta que no esperaba: “Estimado Alejandro Duchini: Tenga usted la amabilidad de enviarme las preguntas que quiere hacerme para la crónica sobre Gabriel García Márquez que está usted escribiendo, y cuando las lea veré si las puedo contestar. Reciba un saludo muy cordial”.

Ese mismo día, un 10 de febrero, le mandé las preguntas. Le mentí, porque no fueron pocas. Pero no podía dejar pasar la oportunidad de contar con su testimonio de la manera más amplia posible. Sobre todo cuando se trataba de ella y de García Márquez.

Como sabía que era reacia a dar notas y corría el riesgo de que se arrepintiera, aunque al mismo tiempo me había dado el ok, no quise presionarla. Esperé dos semanas y le pregunté si había recibido mi correo.

Cric cric. Unos días y nada. Otra semana y lo mismo. Empezaba a armar la nota con los testimonios que tenía cuando apareció su respuesta, que a esa altura me parecía sacada de una novela del propio García Márquez.

Con un asunto en el que se leía “los tatuajes del alma”, me escribió:

“Estimado Sr. Duchini:

He estado a punto de no contestarle por la imposibilidad de simplificar sentimientos y emociones que corresponden a una vida.

La muerte, cuando nos toca muy de cerca, deja una impronta en nuestro sistema emocional que ya no se elimina nunca más;  y esa impronta es más profunda, más sólida y más imborrable cuando se trata de grandes amores o afectos como una madre, un esposo, un amante o un hermano, aunque la convivencia con ese dolor queda incorporada y casi nunca se olvida.

La poca fama que yo pueda tener no es más que una parte de la proyección de la de García Márquez hacia mi persona por haber trabajado a su lado durante más de cincuenta años. Pero la impronta del dolor ocupa el mismo espacio en mi sistema emocional como podría tenerlo un hermano o mi mamá. Con esa explicación ya le contesto a casi todas sus preguntas, sobre todo la de qué significó la muerte de García Márquez; la respuesta es la pérdida de él, que era todo.

Ocurre además un fenómeno muy peculiar, que la gloria póstuma que García Márquez ha recibido es tan extraordinaria que, en el proceso emocional del dolor, convierte el dolor en bienestar, porque esa ausencia y esa carencia está restaurada, restituida, entronizada, fijada in eternum , como un éxito mundial en el que, sin quererlo, estoy otra vez en esa cola de papel que me lleva girando por el mundo gracias a ese éxito.

Le escribo estas líneas en el último minuto de este mes de febrero para que a usted le llegue a tiempo de su artículo, pero si no le sirve no publique NADA, y de ninguna manera me lo convierta en entrevista, ni lo corrija. Si le sirve SIN cambiar, que salga; si no, no publique NADA.

Gracias de antemano; le mando un cordial saludo, con el ruego de que me acuse recibo y que respetará mis deseos”.

Mi alegría fue enorme y enseguida le avisé a Daniel Dessein, el director: “¡La tenemos a Carmen!”. “Lo de Balcells es un gran logro. Usaré el material tal cual ella pide”, me confirmó él.

Su texto fue publicado respetando sus deseos. Destaco este gesto de Dessein porque no todos los periodistas respetan a los entrevistados una vez que tienen el material necesario.

En ese artículo aparecieron además el periodista John Lee Anderson, quien lo había conocido personalmente y lo describió de manera magistral en una crónica titulada El poder de García Márquez, y la colombiana Silvana Paternostro, autora del libro Soledad & Compañía, en el que armó un rompecabezas del escritor en base a testimonios de allegados.

Hacer esa nota fue para mí un privilegio, una manera de escribir sobre uno de los más grandes escritores, lejos. Un gusto personal, tal vez. Pero lo loco es que recién unos cuantos meses después, con la muerte de Balcells, me doy cuenta de que ese artículo significó más de lo que yo creía cuando salió publicado. Pienso ahora, mientras escribo esto, que hay textos que no tienen final.

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