LA HISTORIA DE UNA FOTO

Escrita por en Notas

Alejandro Cavalli es un colega que una tarde, hablando de Gatica, contó que su padre se sacó una foto con él en La Pampa. Fue en 1952. Su historia fue tan sorpresiva como interesante y se puso a escribirla para Libros y Pelotas. Para saber más de él, pueden seguirlo en @alejcavalli o https://www.facebook.com/alej.cavalli

Por Alejandro Cavalli

Hablando de bueyes perdidos como suele suceder en tiempos muertos, un día en la redacción alguien acotó no recuerdo bien por qué la triste muerte del gran boxeador argentino José María “El Mono” Gatica  (Villa Mercedes, San Luis, 25 de mayo de 1925 – Avellaneda, Buenos Aires 12 de noviembre de 1963). En un absurdo accidente, Gatica, que por ese entonces estaba en la ruina vendiendo muñequitos en un colectivo cerca de la cancha de independiente, se cae al intentar subir o bajar y las ruedas del gran rodado lo lastiman con tal gravedad que muere. Esa noche “los mendigos lloraron a su vengador”, como dijeron los diarios, al igual que Alfredo Prada, su eterno contrincante con el que peleó en varias oportunidades.

Cavalli-FOTO01Esa triste anécdota me llevó a recordar y contarles a los presentes el cruce histórico que mi papá tuvo con Gatica.

En 1992, la ciudad de Santa Rosa, La Pampa cumplió 100 años. Se organizaron distintos festejos, de los cuales incluso participé, en un desfile de gauchos a caballo montando a mi querido y fiel bayo llamado Valiente, que murió desafortunadamente a los pocos años por una picadura de víbora suponemos. Pero esa es otra historia. El punto es que mi papá junto a mi mamá, en ese año de festejos, junto a unas parejas de matrimonios amigos fueron de recorrida por varias muestras de fotos que se organizaron por el centenario. Mi papá lo gastaba a un amigo que iba con ellos diciendo: “Che, a ver si te encuentro en alguna foto”, tratándolo de viejo choto. El asunto es que al que, para sorpresa de todos y de él en particular, se encontró a sí mismo en una de las imágenes.

Cavalli-DIARIO“En el año 1952 yo curzaba 4° año en el colegio Nacional”, me escribe mi papá, Jorge Raúl Cavalli, desde La Pampa, a mi pedido que me vuelva a contar de cuando fue boxeador. En la foto podemos verlo con un parche en la nariz, había peleado en las preliminares de la exhibición que dio el gran boxeador argentino José María “El Mono” Gatica (al centro en la imagen), ante 5.000 personas en Santa Rosa, La Pampa.

“Como no había en Santa Rosa un gimnasio para practicar ejercicios físicos, fuimos con unos amigos a un local en donde practicaban boxeo. Hoy estaría al lado de la tienda Gálver, donde funcionaba la gomería de Festa. Es donde hoy está el banco Patagonia. Le pusimos de nombre al club, como el pseudónimo de un boxeador al que admirábamos en aquella época: ‘Kid Cachetada’ (El mediano mendocino Francisco Antonio Lucero, más conocido como Kid Cachetada, se convirtió en una de las leyendas más grandes del boxeo argentino de las décadas del ’40 y del ’50)”.

“Nos entrenábamos todos los días a la tarde. Hice una pelea en Toay, otra en Catriló y cuando vino Gatica en 1952, hizo una exhibición en un galpón del ferrocarril. Había unas 5.000 personas. Yo hice una preliminar con un tal Díaz, más grande que yo, que por supuesto me ganó”, continúa narrándome mi papá en la carta. No sólo le habían ganado sino además le rompieron la nariz. Según me cuenta por teléfono luego, en esa época no se usaba mucho el tema del pesaje a nivel amateur y “el tal Díaz”, además de ser más grande que él era mucho más pesado y tremenda paliza se comió.

Cavalli-DIARIO02“El Mono” Gatica, según me cuenta, cuando llegó a Santa Rosa se paseaba por la calle con un sobrero del tipo galera, prendía sus habanos con billetes de pesos argentinos del momento y repartía plata a la gente humilde que se le acercaba. Según el anecdotario popular, Gatica, que murió en la ruina, llegó a ganar en vida un millón de dólares. Con una carrera deportiva en la que realizó 95 combates, de los que ganó 85 (72 por nocaut). Recordemos que “El Mono” no pudo pasar de primer grado. De chico debió ayudar a su padre. Fue vendedor ambulante, canillita y tuvo que defender a trompadas su cajón de lustrabotas.

“Fue una experiencia inolvidable a mis 16 años”, concluye papá.

 

Compartir
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInPin on PinterestShare on TumblrShare on RedditDigg thisFlattr the authorShare on StumbleUponShare on VKShare on YummlyBuffer this pageEmail this to someonePrint this page