LA HISTORIA DE BOXEO DE ALMUDENA GRANDES

Escrita por en Libros, Notas

Por Alejandro Duchini.

Una de las más lindas historias de boxeo que leí la acaba de escribir la española Almudena Grandes para su nuevo libro, Los pacientes del doctor García (Tusquets, casi 800 páginas), que recomiendo. El boxeador que la protagoniza es El tigre de Treviño; en realidad, Adrián Gallardo Ortega. Un soldado del ejército del dictador Francisco Franco que se destaca en esas filas por su condición de peleador. El momento máximo de su vida llegará a través de una victoria tramposa ante Alfonso Navarro, cuya sombra lo amenazará toda su vida.

La cosa es más o menos así: Gallardo nunca dejará de ser un pobre tipo, que vivirá siempre como un pobre tipo y que morirá como un pobre tipo. Pero a su jefe, el capitán Ochoa, eso no le importa. Menos cuando tiene que pelear por el honor del ejército en una gabarra, ante Navarro.

“Vamos a ver, chaval… -se sentó a su lado, rodeó sus hombros con un brazo, le dedicó una sonrisa afectuosa y siguió hablando casi en un susurro-. Tú ya sabes que vas a ganar este combate, ¿verdad?”, le dice.

“-Yo voy a hacer todo lo que pueda, mi capitán, se lo prometo.

-Si, lo sé, pero no estoy hablando de eso. Tú tienes que ganar, ¿lo entiendes, Tigre? Y vas a ganar por ya me he encargado yo de eso. La grada está en el muelle, las dos esquinas le dan espalda al público, y desde los barquitos fondeados en la ría no se verá bien el ring porque la gabarra es más alta. Así que sólo hace falta que hagas lo que yo te diga, ¿de acuerdo?”.

Empieza la pelea y Navarro le daba una paliza. Pero en el quinto round, Gallardo le metió una trompada “justo en los huevos” y el otro cayó “a plomo, en un instante, igual que un árbol recién talado”.

Sigue Almudena: “No iba a levantarse. El Tigre de Treviño sabía que no iba a levantarse y el árbitro lo sabía tan bien como él, pero hizo el teatro de contar hasta diez, alejó con una mano al entrenador de Navarro cuando pretendió acercarse a preguntar qué había pasado, cogió el brazo derecho de su rival y lo levantó en el aire”. “Ese fue el instante culminante de la existencia de Adrián Gallardo Ortega”, agrega Grandes.

Gallardo fue aplaudido y felicitado. Se sintió tan ganador que se olvidó de que la victoria estaba acordada por las autoridades de un ejército que necesitaba un campeón para vencer al representante falangista.

Eso es apenas el comienzo de la dura existencia de Gallardo. Aunque la novela es buenísima, lo que tiene que ver con Gallardo es genial.

Los amantes del deporte encontrarán en Los pacientes del doctor García ajedrez (un reloj que acompaña a Guillermo, el protagonista) y fútbol (el Atlétic de Madrid como hilo conductor entre dos hermanos y un padre poco futbolero que mira esa unión).

En un hotel del centro, cuando hace un par de semanas la entrevisté para La Gaceta, Almudena Grandes me contó acerca de por qué hay boxeo en Los pacientes del doctor García: “Necesitaba contar cómo Adrián acaba siendo un juguete roto de sus errores. Se convierte en lo que no es. Se equivoca y a fuerza de equivocarse se deja llevar por la vida hasta un lugar en el que nunca había estado. El boxeo es una forma de desencadenar”.

Para la escritora, la historia de Gallardo nace en una noche de copas, en Bilbao. “Hace cuatro o cinco años los libreros de Bilbao me dieron un premio y me invitaron a comer. Pero antes me dijeron ‘vamos de chiquitos’, o copas de vino, por la Calle del Perro. ¡Los llaman chiquitos pero te coges unos pedos del 14! En un bar había una foto que me alucinó: un combate de boxeo en el agua: el cuadrilátero sobre una gabarra, el agua alrededor y dos boxeadores peleando. En Bilbao se acostumbraba hacer combates de boxeo en gabarras, con una grada para el público en el muelle. Cuando ví esa imagen dije ‘pues, que Adrián boxee’”, me dice.

“El boxeo es en el fondo una cosa tan brutal que encajaba muy bien con la esencia de mi personaje. Tengo la sensación de que los boxeadores son nobles. Alguien astuto y retorcido no va en el boxeo. Porque esa brutalidad necesita nutrirse de inocencia. Entonces empecé a investigar y lo metí como boxeador. Aprendo un montón de cosas cuando escribo”.

Si pueden, no se pierdan la historia de Gallardo.

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