LA GRAN CIUDAD

Escrita por en Notas

Periodista, Nicolás Franciullli es uno de los autores de un documental sobre La Ciudad Deportiva de Boca, que puede verse a continuación. El texto que sigue luego fue escrito por él, a propósito de ese trabajo que, desde Libros y Pelotas, recomendamos que no dejen de ver.

Por Nicolás Franciulli

Soñá un domingo de primavera. De esos que te hacen levantar temprano para abrir las ventanas para que entre el sol. Mientras tomás tu taza de café pensás que es un desperdicio pasar un día así entre cuatro paredes. Entonces llamás a tus hijos y a tu mujer: “¿Y si vamos para la Ciudad Deportiva?”.

Tenés un largo camino, pero eso es lo que implica irse a un rincón de la Ciudad. Después de bajar por la Autopista 25 de Mayo, agarrás Ingeniero Huergo y cruzás el puente por Dellepiane. A tu izquierda, Puerto Madero. A tu derecha, el Casino Flotante. “¿Falta poco, pá?”, pregunta tu nene.  “Es derecho al fondo y a la derecha, ya vas a ver la Confitería y te vas a dar cuenta”, le respondés.

armando-lorenzoPor fin llegás a la Avenida España, pasás la reserva ecológica y el complejo habitacional “Rodrigo Bueno”. Para entrar al predio hay que cruzar uno de los ondulados puentes de conexión entre las siete islas y el territorio. “Dicen que a los coches de antes les costaba una barbaridad pasarlos”, te comenta tu esposa.  Al bajar la pendiente ya puede verse en su esplendor la gran confitería con su techo rojo en forma de volcán y sus ventanales que dan al terreno. A la izquierda se forma un arcoíris con la fuente de agua y a lo lejos ves a muchas familias como la tuya disfrutando del día.

“Cómo me costó pagar esos bonos, pero valió la pena”, te cuenta el vitalicio mozo mientras pedís el almuerzo. “Aunque en las rifas nunca gané nada, me queda la satisfacción de haber contribuido con este gran lugar”, explica emocionado y  te deja los platos que llevan la inscripción “Fe y Trabajo” el slogan que usaba Alberto José Armando.

Llega el momento de las actividades: vos te vas a jugar al tenis, tu mujer se va a la pileta en forma de “K” y los chicos hacen uso de su altura jugando al básquet. Te encontrás con un amigo y le hacés chistes de fútbol porque no todos acá son de Boca. “Venís porque sabés apreciar lo bueno, je”.  Al terminar la tarde, la familia se reúne nuevamente para ver un espectáculo en el “Pabellón de las Américas”.  “Quiero ir al tobogán”, te pide el menor. Cedés ante la insistencia, pero le advertís que falta poco para que empiece el partido mientras observás que ya llega público al gran estadio.

Se hace de noche y es el momento del fútbol: juega Boca. Saludás a tu mujer que prefiere agarrar el auto e ir al autocine con los chicos antes que ir a la cancha. Caminás por una de las cómodas y amplías vías de acceso inauguradas ya hace 41 años y sentís la brisa que llega del Río de La Plata. “Pensar que dijeron que el estadio se iba a hundir”, te recuerda el choripanero. “Qué trabajo hicieron los camioneros y las dragas allá por los sesenta para ganarle tierra al río eh”, asintís.
El partido está cerca y los hinchas son cada vez más. Se esperan 100 mil personas, por lo que la capacidad del estadio no estará  a tope. Pero que multitud. ¡Y pensar que entran 40 mil más todavía! Lejos quedaron aquellas épocas de la legendaria y mítica “Bombonera”, que ya desde el Boca-Santos del ’63 que no daba abasto.

Ya en las tribunas se escuchan las viejas canciones de la Ciudad Deportiva: “La Gran Ciudad”, de la cantante panameña Zaima Beleño y “El Himno de la Ciudad Deportiva” con la inconfundible voz de Estela Raval. “Azul y oro fue nuestra divisa…pero el marco del celeste y blanco inspiró nuestra causa final”, reza el himno de la cantante de Los Cinco Latinos.

Empieza el partido y aunque estás por meterte en tu disfraz de hincha, tenés un minuto para valorar el predio del que sos parte. Pensás que tenía razón Armando: “este lugar es un sueño de locos pero una verdad de cuerdos”.

estadio-350-2Ahora sí, podés despertar. No es tu sueño. Fue el sueño de Alberto José Armando, Presidente de Boca durante las décadas del sesenta y setenta quien ideó y formó en su cabeza la Ciudad Deportiva. Lo que hoy se conoce en el mapa como “Ex Ciudad Deportiva de Boca Juniors” y de la que sólo queda su esqueleto, que tiene como calavera a una confitería en peligro de derrumbe y con su techo agujereado. El agua ya no corre por debajo de los puentes y ahora hay nada más que basura. La empresa IRSA, el actual dueño, mantiene el césped cortado y paga a un vigilador para que, junto con perros guardianes, custodien el lugar contra cualquier usurpación. El complejo “Rodrigo Bueno” es en realidad una villa y un pedazo de Buenos Aires, que podría tener vida, solamente sirve para que descansen los camiones del puerto.

Atrás quedaron mil historias y aunque muchos apuntan a Armando como estafador, la justicia nunca demostró delito. La carrera política del excéntrico Presidente tuvo su derrota más grande cuando el 25 de mayo de 1975 no se inauguró el gran estadio, como había anunciado. Inflación, problemas de presupuesto y falta de apoyo estatal fueron algunas de las causas para que el sueño de toda una ciudad quedara trunco. El ambicioso proyecto podría hacer infértiles las álgidas discusiones de hoy por la nueva “Bombonera” y el rol que tendría que cumplir Boca como club social.

Es difícil pensar que ese lugar a metros del barrio más lujoso del país quede abandonado. Lo cierto es que por ahora todo quedó en un sueño. Un gran sueño.

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