LA CLASE DE PERIODISMO DE WALTER VARGAS

Escrita por en Libros

Por Alejandro Duchini

@aleduchini

Tuvo que aparecer alguien desde el periodismo deportivo para dar una buena clase de periodismo, a secas. Walter Vargas la rompe con su nuevo libro, Periodistas Depordivos (Fútbol, entre las plumas y las palabras) -qué buen título-, publicado a través de Ediciones Al Arco. Con lenguaje sencillo, prolijo, de calidad y seductor, expone, en unas 140 páginas, sus experiencias y opiniones de la profesión.

periodistas deportivosAl terminar de leerlo, lo primero que se me cruzó fue un “¡qué bien que escribe este tipo!”. Con eso no me refiero sólo a lo técnico, sino también a la claridad con que expresa sus ideas. El libro cuenta con un prólogo de Ezequiel Fernández Moores, en el que entre otras cosas ironiza: “Si hay hasta quienes creen en un ‘periodismo independiente’”.

Después viene la variada lista de temas de Vargas, compuesta por conceptos como los que siguen:

“Amo mi oficio y al tiempo se me vuelve claro que cada día me identifico menos con gran cantidad de cultores de mi oficio y, peor, con las derivas del oficio propiamente dicho. ¿Qué hacer con esas fuerzas predominantes que a la vez de resultarme ajenas no dejan de impregnarme, de incluirme, de determinarme? Debería asumirlas en plan de budista zen y en posición de loto contemplar el derrumbe de modos y valores en los que creí y creo con fervor?”.

“Nada más lejano a mi propósito que la fácil y gruñona coartada de vociferar que todo tiempo pasado fue mejor y amotinarme en el museo”.

“De eso está faltando. También en el periodismo futbolero. Amar lo que se hace y propagar epidemia de la buena”.

“¿Cuántos periodistas de este tiempo nos tomamos el trabajo y disfrutamos del placer de leer por fuera de la agenda deportiva?”.

WALTER VARGASWalter Vargas, por lejos uno de los mejores profesionales, se encarga de diferenciar al periodismo futbolero del deportivo, aunque también lo conjuga con aquel de temas generales. Refiere a la falta de amor por la actividad, a la búsqueda del estrellato en lugar de ejercer la profesión de la mejor manera y al abuso del lenguaje cachero o fierita por parte de varios (muchos) periodistas. Todo con ejemplos y siempre con respeto hacia los mencionados.

Cuenta una anécdota genial de cuando lo invitaron al programa Intratables. “Fue uno de los ratos más incómodos de mis casi 38 años de ejercicio profesional”, recuerda. También habla de aquellos que utilizan el tiempo de aire (radial o televisivo) contando como noticia del día hechos de su vida personal en lugar de dar informaciones. Dedica un capítulo al diario deportivo Olé, donde trabaja. Destaca sus cosas buenas y malas y sintetiza: “Quiero a Olé como se quiere a esos amigos que a veces se van a la banquina, pero merecen ser queridos y acompañados”.

Otros temas son el el chupamedismo por Maradona y -en otro capítulo- a las estrellas de turno, las mujeres en el periodismo futbolero y los ex futbolistas que toman el micrófono como medio de vida. Hay espacio para cierta melancolía al referir a aquellos maestros periodistas que lo marcaron y recuerda al Negro Fontanarrosa y destaca su brillante libro, No te vayas campeón, una joya del fútbol argentino que no se ganó en la historia de la literatura el lugar que se merece.

De sus comienzos refiere a cuando sus únicas herramientas para trabajar eran “un deseo y una alegría más grandes que mi cuerpo, lo poco aprendido en mis veinte años de devoto futbolero del tablón, un cuaderno Gloria, una birome Bic y un puñado de cospeles”. Tras esto, recuerda las caminatas antes, durante y después de los partidos de ascenso para llegar a un lejano teléfono público e informar al diario en el que trabajaba las formaciones, las incidencias y el resultado final del partido. Después de tanto esfuerzo, apenas dos líneas.

La insoportabilidad de relatores que se enojan también tiene su tratamiento. Tanto como algunas injusticias de la profesión que ejemplifica como paradoja al escribir que un “baqueano en música, en cine, en cultura general, siempre bien informado, capaz de devolver la pared más difícil con pertinencia, buen gusto y sentido del humor” como Bebe Sanzo tenga que secundar a Guido Kaczka, “estrella entre estrellas de la cultura del envasado al vacío”. Y sigue: “Un Gregorio Samsa moderno, pero sin la desesperada nobleza de la criatura de La metamorfosis”.

En las últimas páginas, una reflexión: “Todo lo que hay entre un salto de calidad y otro salto de calidad es trabajo de hormiga, constancia, paciencia, método, curiosidad, horas de vuelo”.

Este libro es ideal para periodistas -de cualquier rama- o para quienes van camino de serlo: estudiantes, pasantes, recién incorporados a los medios o lo que se imaginen.

No se lo pierdan.

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