JULIO FRYDEMBERG: GRAN HISTORIA DEL FÚTBOL ARGENTINO

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Historiador y autor del libro Historia Social del fútbol, Julio Frydemberg es uno de los catorce entrevistados de La Palabra Hecha Pelota (Galerna). Lo que sigue es una parte de ese reportaje extenso en el que se refirió al crecimiento de ese deporte en nuestro país.

-¿A qué se debió que los ámbitos académicos hayan demorado en prestar atención al fenómeno del fútbol?

-No sólo al fútbol sino a muchas otras cosas que se consideraban temas menores porque había una agenda de temas mayores. Digamos que se lo empieza a tener más en cuenta a partir de los años 60, producto de una moda, como suele pasar. Hasta ese momento se hablaba de la lucha de clases, y todo lo que no comulgara con ese conflicto era visto como tema menor. Y surge una pregunta: ¿cómo es que ciertos temas no están en la agenda de los investigadores pero sí de la gente? Los investigadores deberían interesarse por lo que interesa a la gente, a los sectores populares. Y de los 60 en adelante la sociología, la antropología y la historia empezaron a tener en cuenta a los deportes. Eso se dio sobre todo desde la década del 80, cuando se empezó a analizar aquello que ya se analizaba en Europa desde antes, mucho antes. El antropólogo Eduardo Archetti fue quien tomó la batuta en ese sentido. No creo que el fútbol sea el tema más importante, pero sí debe estar incluido en aquello que se investiga desde la antropología o la sociología. Actualmente hay bastantes investigadores. Y en Brasil la temática se trata más que en Argentina.

-¿Por qué escribiste un libro sobre la historia social del fútbol en Argentina?

-En realidad, lo que hice fue una tesis para el doctorado y luego surgió la posibilidad de transformarla en libro. Es un tema sobre el que venía trabajando desde hacía muchísimo tiempo. Y buscando el inicio del fenómeno, de su popularidad, noté que al mismo tiempo pasa a ser una práctica que se torna no sólo mayoritaria sino también casi obligada. O sea: casi todos los jóvenes varones se veían casi obligados a practicar fútbol a partir de los años 15, 20. Es decir, una práctica que, entre otras cosas, transformaba al niño en adulto a través del fútbol.

tapa la palabra hecha pelota-¿El fútbol influyó en los barrios o fue al revés?

-Los equipos de la ciudad de Buenos Aires como los conocemos ahora preexistían a los barrios. La popularización del fútbol es de principios del siglo 20 y los barrios son de los años 20, por lo tanto, el fútbol estaba de antes. Tiene que ver con una ciudad previa a la de la primera urbanización. El fútbol, la prensa, el teatro, el tango formaron los barrios. Y con una relación muy particular que se da entre quien se apropia de un lugar determinado y el vecino, que en principio no es amigo y, en muchos casos, es el enemigo. Muchas veces una calle traza los límites de tu zona y vos podés vivir toda tu vida en un lugar sin cruzar determinada avenida, como por ejemplo pasa con la Juan B. Justo, que divide barrios. Y se puede vivir sin cruzarla porque se dan dinámicas de pequeño barrio dentro de otro gran barrio que tiene un almacén, una farmacia, las cosas mínimas como para abastecerse. Y además en aquellos años uno podía sentirse amparado o identificado por un club, que posiblemente era pequeño. En ese marco, la relación con el fútbol podría ser que todos fueran del mismo club del barrio, pero no todos amigos. Por ejemplo eso se da en Villa Crespo, donde hay pequeños centros comerciales que no se rozan entre sí, pero buena parte de la zona tiene simpatías por Atlanta. No son hinchas, pero se sienten representados por ese club. Se produce una gran relación entre el gran barrio y su representante. Pero los barrios no son más que construcciones simbólicas. Hoy cambiaron mucho las cosas. Durante el siglo 20 se avanzó con la mediatización de otro tipo de identidades. Hoy es obvio que hay hinchas de River o de Boca en todos lados, pero puede haber también simpatía por el club local. En el interior eso se da todavía mucho más. Para la construcción de las identidades barriales fue muy influyente la prensa, que transformó al fútbol y otras cosas en un objeto de consumo y buscaba en la gente para ver por dónde podía ir. Y notó que la rivalidad estaba en esa línea y la potenció, lo que hizo crecer también la división territorial. Si uno observa los clásicos, no es casualidad que sean entre vecinos o equipos del mismo barrio. Suele suceder que los rivales más acérrimos son vecinos o que originariamente pertenecieron al mismo barrio, como River y Boca.

-¿Qué papel jugaron las escuelas en el crecimiento del fútbol?

-Al contrario de la escuela británica -que es donde se inventa o recrea el fútbol, en la década de 1830 o 1840 y los deportes pasan a formar parte de la enseñanza-, en la escuela pública argentina eso no ocurre. No se incluye al deporte, entre ellos el fútbol, en el sistema curricular cuando se arman los programas de educación física desde 1905 en adelante. No por un encono particular, al contrario: a los que los armaron les gustaban los deportes, pero en esa época, lo poco que se jugaba al fútbol era para ellos de una manera vulgar, con guapeza, exitismo y, especialmente, competencia. Es decir, si incorporaban deportes a la escuela, sentían que se trataba de un problema porque estaban incluyendo dentro de una institución que se consideraba entonces pedagógica y humanitaria, un elemento competitivo. El deporte es competencia. Eso chocaba y es algo que aún hoy sigue provocando cortocircuito. ¿Cómo introducir los deportes en el mundo escolar sin son competencia, si se supone que pedagógicamente lo que se quiere es unir a los alumnos y no generar rivalidad? En Inglaterra eso no ocurrió porque al haber tanta indisciplina, eso -la competencia- estaba bueno porque por lo menos encuadraba a los alumnos. Y, además, para Inglaterra tiene otro elemento importante que es crear espíritu de cuerpo. Empezaron a jugar partidos entre las escuelas, lo que generaba una identificación con la institución. Acá eso no se quiso fomentar, por lo tanto, al armarse el sistema de actividad física argentino, se dejó de lado la competencia. Como en Suecia o Francia, se practicaba el deporte a contra turno y no como parte de la currícula. Los maestros no enseñaban a practicar deportes. No era que no se jugara al fútbol, sino que se lo hacía como una actividad fuera del turno escolar. Además, hay otro problema: para los profesores de educación física, aunque hoy se avanzó, podía ser un problema enseñar a jugar al fútbol. ¡Es un problema! ¿Cómo vas a enseñar a jugar a algo que ya los pibes saben al entrar a la escuela? Con el handball, por ejemplo, la mayoría no tiene la menor idea, pero ¿enseñar a jugar al fútbol? Ese problema, justamente, no existió por décadas porque no hubo deportes enseñados formalmente.

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