Haruki Murakami / De qué hablo cuando hablo de correr

Escrita por en Libros

Con un homenaje a Raymond Carver desde el título del libro (De qué hablo cuando hablo de correr (Tusquets Editores) / De qué hablamos cuando hablamos de amor), Murakami está de vuelta con un escrito sencillo pero agradable, de esos que dan ganas de leer en un sillón cómodo de casa para después salir a correr. El autor japonés hace que uno se pregunte “¿por qué no ir a entrenar un cachito?” y, con algo más de voluntad, al llegar a las página 230 que marca el final, empezar a correr.

Mezcla algo que no es común: la literatura con el deporte. Va llevando de la mano una y otra y seduce casi de entrada. Junta sus vivencias de corredor con sus pensamientos más profundos y describe cuáles son sus rutinas que utiliza tanto para la actividad física como para escribir.

De qué hablo cuando hablo de correr - Haruki Murakami

En lo personal, lo leí más en el subte que en mi casa o en cualquier otro lado. Fue un libro de viaje corto y monótono que, al atraparme, consiguió que esos viajes fuesen más cortos todavía, aunque nada monótonos. “La vida es esencialmente injusta. De eso no cabe la menor duda. Pero creo que incluso de las situaciones injustas es posible extraer lo que de ‘justicia’ haya en ellas. Puede que ello cueste tiempo y esfuerzo. Y puede que ese tiempo y ese esfuerzo sean en vano. Decidir si merece o no la pena intentar extraer esa ‘justicia’ es algo que, por supuesto, queda al criterio de cada uno”, escribe.

De qué hablo cuando hablo de correr está bueno no sólo por la gran traducción, que lo hace atrapante, sino también porque aquellos que solemos marcar frases o ideas, tenemos una gran oportunidad de hacerlo. Por ejemplo: “Así es la escuela. Lo más importante que aprendemos de ella es que las cosas más importantes no se pueden aprender allí”. Así, hay muchas otras.

Murakami puede resultar snob; de hecho, para unos cuantos es el escritor de moda. Pero si se aleja uno de ese concepto y lo toma como lo que es, se puede disfrutar el doble.

Lo bueno es que este escritor está de nuevo y con su emotividad sencilla y habitual. Es el mismo de Tokio Blues, pero distinto. Es similar al de Al sur de la frontera, al oeste del sol, pero otro. Es un Murakami auténtico.

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