FÚTBOL, BOXEO Y TOROS, EL LADO DEPORTIVO DE CALAMARO

Escrita por en Libros

Andrés Calamaro acaba de publicar un libro titulado Paracaídas & vueltas (Planeta), una suerte de diarios íntimos, como él mismo lo define. Se trata de un trabajo que recomiendo, tanto para quienes son seguidores como para aquellos que no lo conozcan demasiado o quieran saber algo más de él. El libro está buenísimo para quien opte por alguna de estas posibilidades.

A Calamaro se lo puede criticar por miles de cosas y defender por otras tantas. Pero lo concreto es que en este caso difunde ideas y pensamientos propios. Habla de música, de Miguel Abuelo, Luis Alberto Spinetta, Gustavo Ceratti, Bob Dylan, de los amigos, publica crónicas escritas hace ya tiempo y otras más actuales. La temática es diversa. Desde su comodidad en determinados ambientes hasta su necesidad de farmacias para dormirse. Y hay lugar para el deporte, de lo que hablaremos a continuación.

Antes hay que aclarar que no es un súper fanático del fútbol ni del boxeo, que son las actividades a las que hace mención en Paracaídas & vueltas. Sí lo es de la tauromancia, a la que defiende a pesar de las críticas que eso le genera.

Una de las menciones tiene que ver con el Mundial ‘78: “Con miles de personas muriendo o sufriendo torturas mientras se gritaban goles”, escribe. Ahí hace hincapié en el papel de los integrantes del plantel holandés al recibir información de manos de las Madres de Plaza de Mayo sobre lo que sucedía en el país. “Mientras aquí nos enseñaban a cantar El que no salta es un holandés y nosotros repetíamos como payasos patéticos, ebrios de fútbol imperdonable”, escribe.

calamaro 4Un ángel con las alas heridas se titula el texto dedicado a Diego Maradona. Abundan los elogios. Como por ejemplo, al escribir que “Diego son mil imágenes guardadas en las sonrisas de los humildes, en los rincones lejanos del mundo donde saben decir Maradona en doscientos idiomas y siempre les alegra el corazón”. Y que “es un rebelde que se reinventa en su mejor modelo posible para cantar las cincuenta convertido en abuelo de un varón con genética de número diez”. Y también: “Que es mi amigo, que siempre estuvo cuando necesité la compañía de un compadre para reír o para sufrirla juntos, que lo vi bailar brillando algunos cumpleaños atrás”. O: “Merece los versos del Martín Fierro y Atahualpa Yupanqui, que a veces parecen algunos escritos para él”. Todo esto es parte de un largo texto firmado el 30 de octubre de 2010.

calamaro ortegaAriel Ortega también tiene su versión de Andrés Calamaro. El beso de todos es el título del texto. Lo hizo para el prólogo del libro No alcanzan las palabras y lo revive en estas páginas. “Ariel ES la gambeta”, lo describe. Después cuenta el momento en el que, hace dos años, en su partido despedida en el Monumental, irrumpió junto a las hijas del  futbolista: “Me parecía fundamental y sincero: desearle suerte para la vida que empieza cuando el último partido termina, transmitirle el cariño del pueblo y darle un beso de varón. El beso de todos”.

Hay tauromancia, una pasión de Calamaro. La refiere junto al boxeo cuando cuenta su visita en España al torero José Antonio Morante Camacho. “Acompañé a José a su entrenamiento de boxeo. José volvía de unos días en la playa con su familia, con ganas de entrenar. Llegó el Rubio e hicieron cinco rounds de guantes sin tocarse la cara pero con ganas. Se dieron lindo. Me quedé mirando las fotos de boxeadores locales de la época, alguna foto dedicada por un campeón y los torneos locales anunciando peleas semiprofesionales y amateurs. No pude menos que pensar en Miles Davis (sospechado de practicar el boxeo en algún momento) y principalmente en Bob Dylan, que a sus setenta y tres lo sigue practicando incluso en las giras.

Hay además una mención a unos amigos del Globo: “Son herederos del barrio, hinchas de Huracán, tangueros y burreros. Dueños de caballos de carreras. Los mejores. Gente sencilla, unida por lazos blindados”.

Hace unos días, cuando lo entrevisté para una nota que saldrá en revista Nueva, le pregunté por sus gustos deportivos. Le pedí que me diga con qué se quedaba entre el fútbol y el boxeo. Y me respondió: “Sinceramente: no soy un entendido. No tengo la sensibilidad. Me gustan las buenas peleas más que el boxeo, tengo que ser sincero. Filosóficamente me gusta, pero no soy un verdadero aficionado. Lo mismo con el fútbol. No me gusta tanto el fútbol como los partidos extraordinarios. Pero tengo amistad y respeto con gente del fútbol; en esos términos estoy adentro”.

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