FEDERICO BIANCHINI, DESAFIANDO AL CUERPO

Escrita por en Entrevista, Libros

Desafiar al cuerpo (Aguilar) es el título de un libro escrito por el periodista Federico Bianchini, en el que reúne historias de hombres y mujeres que llevan su cuerpo al extremo. Y más allá también. Deportistas profesionales o aficionados, el punto en común es la pasión con la que realizan sus actividades. Montañistas, corredores o nadadores, cada uno encuentra en su actividad una forma personal de superarse. Y de alguna forma, cada uno se juega la vida. Testigo directo, Bianchini relata muy bien esas vidas de las que habla en la siguiente nota.

La primera de las historias es la de Damián Blaun, “un hombre que piensa mientras nada”, según la titula Bianchini. Lo siguió por todos lados. Por eso puede decirse que cuenta la hazaña en tiempo real. Y la redacta en primera persona para inmiscuirse más en el personaje, que nadó, según describe, en 8 horas y 17 minutos, el maratón acuático internacional Hernandarías Paraná. Todo por 3.100 dólares. La historia de un rescatado es tremenda: de sólo pensar que una persona, Cristian Gorbea en este caso, queda 42 horas en una cornisa -literalmente- quitan las ganas de correr en cualquier competencia de aventura, como le ocurrió a él, que desbarrancó en una noche. Gorbea recuerda que pensó: “De a poco recobré la lucidez y empecé a luchar contra mí mismo”; también: “El presente es inevitable, aceptalo. Traté de reconciliarme con el lugar. Trabajé en favor de la situación, no en contra”. “Estoy viviendo tiempo gratis. Fue un milagro. Lo cuento y no lo entiendo”, analiza en el libro.

Cada historia tiene su punto fuerte. Si no se sale indemne como lector, imaginen lo que habrá sido vivirlas. “La historia de un rescatista” se remonta a 2002, cuando tuvo lugar la peor tragedia del andinismo argentino, en Bariloche. Describe la muerte de nueve estudiantes de educación física de la Universidad Nacional del Comahue. La voz del relato es la de quien trabajó en el rescate. En “La historia de un rescate” se cuenta un hecho que se difundió en todo el mundo y que tuvo lugar en el Everest, en 2001, en un hecho protagonizado, entre otros, por los argentinos Damián Benegas y Matías Erroz. Ellos resignaron un record para ayudar a un montañista español abandonado por sus compañeros.

En el libro de Bianchini las historias de vida se suman casi si parar. No hay respiro. A la del “hombre que se cree lento” le sigue una fantástica, protagonizada por María Inés Mato, quien tiene la particularidad de nadar a pesar de que le falta una pierna. Con naturalidad, cuenta cómo desde que tuvo un accidente en adelante jamás bajó los brazos. Y detalla cómo hace para meterse en las aguas más frías, como las de la Antártida. El autor lo cuenta muy bien. Alfredo Aguirre, a sus 38 años, trabajaba todo el tiempo, fumaba cuatro paquetes de cigarrillos por día y no hacía deportes. Casi no cuenta el cuento. Hoy, promediando los 60 y con una hija de menos de 10, no para de someter a su cuerpo a ejercicios físicos. La suya es una historia de transformación. “La vida no es para los conformistas y uno siempre está pensando en cómo cuernos conseguir algo más”, reflexiona. Para Pablo García la vida se ve y se vive desde una bicicleta. A bordo de una de ellas recorrió el mundo. Se codeó con el peligro. También con la muerte. “Muchas veces, cuando llego a determinado lugar, me preguntan si voy a seguir viajando durante toda mi vida. La respuesta categórica es: no. extraño tener mi propio lugar. dejar de ser el extranjero, el gringo que soy siempre“, sintetiza antes de dar lugar al relato de Daniel Feraud, más de 60 años, nueve stents, muchos infartos. Pero él, Feraud, no se da por vencido: “Van a decir que estoy loco, que lo más conveniente sería que trabajara tranquilo o que disfrutara de la posición que son conseguí con el apoyo de mi familia, luego de años de trabajo, pero para mí eso no sería vivir”, opina.

SEGÚN EL AUTOR

A continuación, el propio Federico Bianchini cuenta sobre el libro.

-¿Por qué encaraste esta serie de entrevistas o crónicas?

-La idea surgió después de una charla con Nicolás Cassese, editor de Brando y amigo. Comentábamos que si bien hay mucho periodismo deportivo, los deportes extremos no suelen cubrirse. Se nos ocurrió hacer una serie de notas que empezó con la carrera de aguas abiertas más larga del planeta: 88 kilómetros entre Hernandarias y Paraná. Y siguieron otras: un tetratlón, una carrera de noventa kilómetros. Me interesaba tratar de entender qué siente una persona que corre durante seis horas sin parar o nada durante ocho horas y media sin detenerse. ¿Por qué lo hace? ¿Qué lo lleva a exponerse mental y físicamente a ese desgaste? Porque en general las carreras son amateur, el primer premio se lleva muy poca plata y sin embargo quienes compiten en ellas entrenan casi durante todo el año para poder llegar en buen estado.

-¿Cuál es el factor común que encontraste en las historias que contás?

-Más allá de que son bastante diferentes, creo que todos los personajes lograron una gran fortaleza mental para hacer lo que hacen, disciplina y perseverancia. Una capacidad de sobreponerse al dolor (físico y anímico), de no detenerse frente a las dificultades que se les fueron planteando, ya sea en una carrera de varios kilómetros o en la vida. Por otro lado, de una u otra manera estuvieron o están cerca de la muerte. Algunos porque eligen arriesgarse y correr kilómetros y kilómetros al borde de un precipicio, otros porque el azar determinó que terminaran aislados en medio de la montaña o porque decidieron dedicar su vida a ayudar a gente que sufrió accidentes peligrosos. Al entrevistarlos encontré que todos tenían una gran conciencia de lo que hicieron y de cómo y por qué lo habían hecho: esto me permitió poder, desde un plano narrativo, jugar con sus voces, alternar la primera y la tercera persona.

DesafiarAlCuerpo 2-¿Qué te provocaron las primeras entrevistas sobre este tema? ¿Cuál fue la que más te impactó?

-Creo que La historia de un hombre que piensa mientras nada. Quizás, por cómo fue el trabajo de armado de la crónica. Entrevisté a Damián Blaum en Buenos Aires, antes de viajar a Hernandarias. Lo entrevisté la noche anterior a la carrera y, con el fotógrafo Leo Vaca, arriba de un botecito, en medio de un calor denso y húmedo, lo seguimos durante las ocho horas y media que duró la carrera. Al día siguiente, volví a entrevistarlo y, luego, dos veces más ya en Buenos Aires. Me sorprendió mucho la percepción que tenía Damián de esas ocho horas y media. Como no tenía demasiado que hacer arriba del botecito, yo iba anotando todo lo que sucedía. En un momento, se le atravesó una rama. Durante la entrevista le pregunté si se acordaba de ese momento. Me dijo: “Sí, era llegando a Brugo. Tenía al italiano atrás, al alemán adelante”. Sabía exactamente de lo que le estaba hablando y eso era un momento entre ocho horas y media. Esa percepción extrema que tenía Damián sobre lo que había ocurrido durante la carrera me permitió poder reconstruir, en su voz, con una primera persona, el artificio narrativo con el que relaté el recorrido. Para poder hacerlo, tanto en las primeras entrevistas como en las siguientes, traté de concentrarme en sus sensaciones, en el dolor, en qué había sentido en cada momento. En algunos casos insistí mucho y volví a repreguntar. Por suerte, él fue muy amable y respondió con paciencia cosas que a otro le habrían podido parecer absurdas.

-¿Qué enseñanzas o sensaciones te dejaron los testimonios de los entrevistados?

-Creo que varias de las entrevistas me hicieron pensar en que muchas veces, tanto a nivel físico como en otro sentido, nos ponemos límites que podríamos superar fácilmente. Por poner un ejemplo, estamos corriendo, nos sentimos cansados y pensamos en caminar un rato. ¿Podríamos seguir? Seguramente podríamos, sólo que es más cómodo detenerse. Yo le preguntaba a Damián (Blaum, el protagonista de la primera crónica, que nadó durante ocho horas y 17 minutos sin detenerse) qué hacía cuando algo le dolía. “Sigo”, respondió. Y luego me dijo esa frase que se terminó transformando en el subtítulo del libro: “El dolor pasa, después llega la gloria”. Son personas que confían en hacer lo que se proponen y luchan hasta que el cuerpo les dice basta y en el momento en el que cuerpo no les da, más allá de que lo que están haciendo parezca imposible, siguen intentándolo.

DSC_0570-¿Es más un libro sobre el dolor físico, sobre el esfuerzo, la soledad o sobre la confianza en uno mismo?

-Me parece que esa es una pregunta que debería responder el lector después de leer el libro. Creo que varios de esos temas se van tocando a lo largo de las crónicas. Cuando hice las entrevistas me interesaba indagar sobre esos ejes: esto que decía antes, tratar de entenderlos y, sobre lo que ellos decían, pensar: ¿Qué hacer cuando uno cree que no tiene más para dar?

-¿Sentís que el deporte es, en estos casos, un reflejo de cómo siente o piensa la vida cada uno de los entrevistados?

-Por lo que estuve hablando con ellos muchas veces, aplicaron esta perseverancia que ponen al hacer deporte a las cosas cotidianas. Aunque es lógico pensar si es que en ese sentido o en el otro: si, en realidad, no obtienen sus logros deportivos por actuar con una tenacidad constante en todos los ámbitos de su vida. Creo que depende el caso de cada uno.

Imagen de Federico Bianchini: Malena Azcona.

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