“EL FÚTBOL ES LA ÚNICA RELIGIÓN QUE TENGO”

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Apasionado por Independiente, Mex Urtizberea explica a través de recuerdos por qué este deporte (y también Bochini) pueden marcar para siempre.

Por Alejandro Duchini.

Músico, actor, conductor, entrevistador y humorista. E hincha de Independiente. Mex Urtizberea (Ignacio Joaquín Urtizberea, su verdadero nombre) es un futbolero que desde hace siete años forma parte del staff del programa televisivo Pura Química. En tono de humor, se da el gusto de entrevistar a variados personajes; entre ellos, futbolistas. Y de esos futbolistas, a los de su querido Rojo de Avellaneda. En la charla que sigue, Mex recuerda su infancia en la Doble Visera de cemento, el pronto descubrimiento de canciones futboleras, los primeros ídolos y hasta aquella vez en la que desde la tribuna le cayó un rollo de papel de las viejas máquinas de calcular en la nuca: tanto le dolió que por un tiempo no volvió a una cancha. También habla de Bochini, su héroe; y lo hace de una manera tan hermosa que es imposible no sentirse atraído por el diez más grande que tuvimos los hinchas del Diablo.

El fútbol es, en este caso, una excusa para viajar a la niñez, recordar la calle con la barra de amigos y hasta revivir a algunos de esos jugadores que le regalaron inolvidables pedazos de vida. Pero es también un viaje al infierno tan temido del descenso y a la resurrección del club amado, encarada por los Benítez y Milito, como dice Mex. Es reírse, recordar, emocionarse y hasta reflejarse.

-¿Cómo nace tu relación con el fútbol y, particularmente, con Independiente?

-De chico iba mucho a la cancha. Me llevaba mi tío Cofla. ¡El tío Cofla! Así le decíamos al hermano de mi mamá. Toda su familia era de Independiente. Mi viejo (Raúl Urtizberea, reconocido periodista, 1928-2010) hinchaba por Estudiantes porque era de La Plata, pero no le interesaba mucho el fútbol. Es más, le molestaba: cuando en casa le cambiábamos el canal de televisión para ver un partido tenía una reacción muy dramática: se golpeaba el pecho y decía “cada vez que veo eso me hace un dolor acá”. Porque no quería que ver fútbol, que lo veíamos todo lo posible. Ya desde el 67 íbamos a la cancha. “Santoro; Monges y Pavoni; Ferreiro, Pastoriza y Acevedo; Bernao, Savoy, Artime, Dieguez y Tarabini”. ¿Viste cómo la canto todavía? Me la acuerdo. Mi tío nos incentivaba mucho.

-¿Cuál es la primera canción de cancha que recordás?

-Uuuuuhhhh ¡Me olvidé! Había tantas: “Avellaneda, Avellaneda, el campeonato qué bien te queda…”. De ahí salía eso de la formación: Bernao, Savoy, Artime… Ahí tenés, esa es la primera canción. La formación la aprendí de esa canción. Tenía el disco. “Independiente, orgullo nacional”. Era como un país aparte. Iba a la cancha y me acuerdo de cuando inauguraron la Cordero, arriba. Fui a ver un partido por Copa Libertadores contra Estudiantes y recibí un rollo de esos viejos, de cinta Olivetti, acá, en la nuca. Después de eso no quise volver a la cancha por un tiempo. La pasé muy mal, me asusté con aquel golpe. Tendría 12 o 13 años. Me cuesta recordar. Ese golpe me mató. No sé si todavía atajaba Carlos Gay o ya estaba Chocolate Baley. Después volví a la cancha.

-¿Jugabas a la pelota de chico?

-No. Eran mis dos hermanos, Gonzalo y Álvaro, quienes jugaban. Yo de chiquito hacía música, que era lo único que me importaba. Tocaba la batería desde los 6 años. Creo que recién a los 11 o 12 empecé a jugar, porque mis hermanos eran fútbol todo el tiempo. Atajaba para el equipo de ellos. Era un enano, pero me gustaba. Soy, un enano. Recuerdo que jugábamos en la canchita del barrio. Después empecé como defensor, con garra. Era rústico. Y más tarde, desde los 17 o 18, me mandaba como 5. Independientes, se llamaba nuestro equipo. Jugábamos en el Sindicato del Vestido, en el bajo de San Fernando. Aprendí a jugar al fútbol más de grande. Me encanta.

-Tu infancia estuvo marcada por un Independiente muy ganador.

-La de los 70 fue una época dorada. Teníamos un equipazo. Además viví toda la carrera del Bocha. ¡El Bocha! El otro día me hicieron una entrevista para un programa de Deborah de Corral que se llama Fuego. Vinieron acá, a casa. Tenían un video en el que me hablaba el Bocha y me trajeron una camiseta autografiada por él. Ahí la tengo la camiseta. ¡Qué divino! ¿Qué cosa rara la vida, no? Porque eso de ir a verlo, de tener una admiración increíble por él y ahora recibir una camiseta firmada, dedicada. Son esas cosas que da el hecho de trabajar en la tele. Está bueno que de repente aparezca Bochini y te diga “te regalo una camiseta”. Firmada. Toda mi vida fui a verlo y nunca pensé que ese tipo me iba a regalar una camiseta.

-Se te nota emocionado. ¿Cómo definís a Bochini?

-… El Bocha tenía una inteligencia del espacio que la tienen pocos jugadores. Era el anti-atleta. Tenía el cuerpo que parecía una heladera, las chapas que se le volaban. Lo mirabas y decías “este tipo no se dedica a jugar al fútbol. Se dedica a otra cosa”. Pero entraba a la cancha y era un mago, era una cosa rara lo que hacía. Hacía unos pases raros. Él era raro. Era raro como gambeteaba. No es que gambeteaba moviendo su cintura. Cambiaba los tiempos. Tenía un manejo del espacio. ¡Eso es! Un manejo del espacio y del tiempo. Como Maradona, Riquelme. Esos tipos… pocos jugadores saben manejar los tiempos. Te ponía una pelota frente al arco y no se sabía cómo lo hacía. El otro día vino Omar Larrosa y dijo que se cansó de hacer goles con Bochini. “Me dejaba solo frente al arco”, contó. Y otros jugadores decían lo mismo, como Bianchi, que dijo que su sueño era jugar con Bochini porque hacía todo más fácil para el 9. Se llevaba toda la marca. Era una cosa rarísima. Eso, inteligencia del espacio tenía. Nació con eso. ¡Y lo que provocaba en el hincha! Un tipo que nunca salió de Independiente. Creo que no tuvo la maduración emocional para tomar la decisión de irse a Europa. El tipo era como parte de… era Independiente. No podía ser otra cosa. Era un genio, realmente.

-Más allá de lo futbolístico, ¿qué te provoca el Bocha?

-Bochini es una alegría que tiene que ver con un recuerdo. Pertenece a un recuerdo divino. Si lo veo me lleva ahí, a ese recuerdo. No le pido más al Bocha. Es eso, el Bocha. Me da emoción. Hacía cosas geniales. Hay gente que está en otro lugar. Gente que tiene un don raro. Que hace cosas que no tienen nada que ver con los humanos. Como Messi, que verlo jugar provoca vértigo, una emoción en el pecho por ver a alguien hacer un pase mágico. Eso me provoca el Bocha. ¡Ese partido contra Talleres de Córdoba, el de la final del Nacional 77! Había metido un gol con la mano Bocanelli, que hizo así, y después expulsaron a Trossero, Larrosa y Galván. Un desastre. Todo mal. Pero estaba el Bocha. Eso es algo raro. Lo que hizo esa noche sólo lo puede hacer el Bocha, que podía tener la cabeza en otro lugar. Su frialdad es increíble. Ese tipo está en otro lugar.

 

SUS HÉROES, EN ESTE LÍO

-¿Qué otros jugadores del Rojo te deslumbraron?

-Bertoni. He visto jugadores tremendos. El Chivo Pavoni. Pancho Sá, Gustavo López, Clausen, Saggioratto, Percy Rojas, Alfaro Moreno, Garnero, Biondi. Te tiro los que me aparecen. ¡El Negro Galván! Me volvía loco el Negro Galván. Me gustaba jugar de 5 por él. No lo pasaba nadie. Después hubo muchos jugadores exquisitos, como Marangoni. Goleadores: Outes, que no lo quería la hinchada pero todos los domingos metía un gol. Yazalde. Siempre tuvimos buenos jugadores. El del 94, dirigido por Brindisi, fue el último equipo que me gustó. Jugaba divino, con velocidad. Era un equipazo. Pero más recuerdo aquellos de los 70 y 80, la época de Bochini, que era maravillosa. Hablo de un tiempo en el que los equipos duraban.

-¿Te gusta el Independiente 2016/2017?

-Le tengo mucha fe. Me gusta Milito. Creo que hará una buena campaña. Voy conociendo de a poco a los jugadores. Eso me cuesta. Soy un hombre mayor. Antes estaban, mínimo, cinco años en un mismo equipo. Hoy te dicen que viene tal o cual y no los conocés. Me pasa en Pura Química que nos visitan jugadores sobre los que me tengo que informar. Gracias a Pura Química me me mantengo informado.

-El programa te permitió, entre otras cosas, conocer a jugadores de Independiente.

-Si. Una vez vinieron Albertengo y Benítez. Benítez me desafió con que sabía hacer pastel de papas. Vino y lo hizo ahí, en este horno. Riquísimo. Muy rico de verdad. Me hace gracia Benítez. Me parece muy pícaro. Tuvo su momento divino. Ojalá que vuelva a tenerlo. Es un jugadorazo. Me gustan los jugadores pícaros. El otro día hicimos otro asado acá, con gente del Rojo.

-Siendo tan hincha de Independiente, ¿cómo viviste el proceso del descenso?

-No tengo un fanatismo como si fuese del grupo ISIS. Ya veía que el club estaba mal. La dirigencia era insostenible. Se hizo un desastre. Lo vaciaron. Después vino Cantero y no se entendió bien qué hizo. No pudo hacer nada. Era como … ¿viste cuando algo está fundido? No podíamos sostener esas luces de neón de que estaba todo fenómeno en la familia: pintemos el frente de la casa y listo, que parezca que todo está bien. Entonces pensé “bueno, hay que tocar fondo”. Tenía que pasar algo. Fue un dolor horrible. Pero sabía que era consecuencia de aquello. Se fue a la B porque estaba todo mal. Como cuando alguien se separa y todo explota y se va a vivir a un lugar peor. Era una consecuencia. No es que en el mejor momento del club pasó eso. Era todo malo, todo mafia. Estábamos acéfalos. Consecuencia de eso, descendés. ¡Una cagada! Eso es lo que me da bronca. Me molestan las dirigencias así. Por el contrario, me emocionan dirigencias como la de Alberto Lecchi, el vice de Temperley, que también es director de cine. Es divino. Tenés que hacerle una nota. Es un director de cine que hizo una bocha de películas y es el vice del único club que no debe nada. El tipo consigue tales jugadores, busca la forma de hacer algo prolijo. El club es social. Viene y me cuenta que hicieron un comedor y que hay que seguir haciendo. Eso me emociona de los dirigentes que se dedican a un club social. Hoy cambió eso. Cambió a partir del negocio de los jugadores que se venden, del negocio cuando se sacan la actividades que no dan guita. Entonces empiezan las políticas espantosas. No sé en qué terminará esto. Hay plata para unos pocos. Por eso se ven clubes fuertes como River, San Lorenzo, Racing, Huracán que tienen el mismo problema: los vaciaron, los hicieron mierda. Pero uno será siempre de Independiente y pensará en el lindo fútbol y en el romanticismo que eso tiene.

-¿Qué es ser hincha de un equipo o de un club?

-No soy socio, pero entiendo al tipo que siente que el club es su casa. El club de fútbol es como una iglesia para mucha gente. Es ir a juntarse los fines de semana y estar ahí. Tiene un significado tan grande el club. Me da pena que se vaya destruyendo el principio social del club. En el caso de Independiente me dije “bueno, se tiene que volver a acomodar todo”. Ahora sé que los jugadores cobran, que están bien y al día y que Moyano hace que funcione. Ojalá que hagan las cosas bien. Hace años que es uno de los que más debe. No sé qué va a pasar con eso. Mirá si un día dicen que el club no existe más porque tiene deuda. ¡Pasaremos a la clandestinidad! Es muy raro cómo se transforma todo por negocios. Iremos asentándonos donde podamos.

-¡La diáspora de Independiente!

-Es muy buena esa. ¡Claro! La diáspora de Independiente.

-Cuando recordaste tu infancia y viejos equipos te noté nostálgico. ¿Te lleva a la nostalgia el fútbol?

-Me ponen nostálgico el fútbol e Independiente. Recién te contaba lo de Talleres: uno siempre recuerda lo que recuerda porque emocionalmente lo tocó, así sea bueno o malo. De Independiente me acuerdo eso, todo el tiempo: las copas, el jugar divino. Me produce emoción recordar el juego de Independiente. Haberlo visto. Hoy, cuando lo veo jugar lindo me encanta. Me pongo de mal humor si juega feo. A veces lo veo solo en casa y otras voy a la cancha con un compañero.

 

FÚTBOL, ASADO Y MÁS FÚTBOL

La charla entre El Gráfico y Mex sucedió una mañana de jueves en la que abundaba el sol y el invierno parecía en retirada. Me recibió en su PH ubicado en una tranquila calle de La Paternal. Mex hace bien el papel de anfitrión: consigue que el visitante se sienta cómodo en todo momento. Tal vez eso se deba a que el tema del fútbol lo apasiona y por eso cada respuesta suya está matizada por el entusiasmo.

-¿Mirás partidos de otros equipos?

-Miro a la Selección. Y veo los que se juegan el domingo a la noche. Me gusta ver más fútbol de afuera. El Barcelona, por ejemplo. Pero no más que eso.

-¿Extrañás el fútbol cuando no hay fecha?

-Sí. Los fines de semana siempre hago asado: viene mi hija con sus amigos. Somos al menos 10 o 15 personas. Cuando termino suelo prender el proyector y mirar los partidos en la pared. Pero cuando no hay fecha, extraño. Me gusta ver y también jugar, aunque ya no puedo: tuve problemas en el ligamento cruzado de una rodilla y me dije que no jugaba más para no operarme. Nunca hice una buena rehabilitación. Juego mucho al tenis. Me gusta. También hago gimnasia dos veces por semana. Pero me encanta el fútbol.

-Así que Pura Química es también un puente al deporte que tanto te gusta.

-Es raro Pura Química. Nunca pensé que iba a trabajar en un canal de deportes. Cuando me convocaron, me dijeron que era para un programa que empezaba en cinco días. “¿No habrá una equivocación? porque no sé nada de deportes”, les dije. Pero avanzamos, tiramos ideas, se coparon y salió así. Probamos y hace 7 años que estoy. Nunca estuve tanto con alguien. Ni con una mujer. En este trabajo no sabés cuánto dura algo. No es que entraste a planta permanente y listo. Lo hago porque me divierte. Puedo hacer las cosas a mi semejanza.

-¿Cómo vivís la rivalidad con Racing?

-No me interesa. No lo odio ni tengo sentimiento de fanatismo. Tampoco me pone feliz que le vaya mal. Tengo amigos que son de la Academia y nos cargamos, pero no pasa de ahí.

-¿Las cosas se ven mejor desde el humor?

-Sin dudas. Todo lo que se pueda desdramatizar es bueno. El otro día vino Erviti al programa y resultó ser un gran personaje, un romántico del fútbol. No lo conocía. Lo único que le importa es el fútbol: le hizo un poder a su mujer para que le maneje todo. Él no sabe ni cuánto gana. Vive en Mar del Plata y odia el mar y no sabe nadar. Esos tipos me encantan. Yo les puedo hacer preguntas desde el humor. Erviti se terminó divirtiendo. Lo mismo con Miguel Russo, que cuando vino estaba mal porque no fue elegido para dirigir a la Selección. Pero no le fuimos a decir “¿estás triste porque no vas a dirigir a la Selección?”. Hablamos de muchas cosas y se divirtió. El humor te da una cierta impunidad.

-¿Qué te dio el fútbol?

-El fútbol me dio, en una gran época de mi vida, pasión por jugarlo. Era, cuando lo jugaba, una descarga, una pasión divina. Es un juego, el fútbol: todos corriendo detrás de una pelota. Esa cosa de equipo siempre me gustó. Me encanta lo que se genera alrededor de un partido con amigos: una hora de juego y después cinco horas de conversación, de comer, de tomar algo. Es el fútbol y lo que hay alrededor. Después lo trasladé a Cha cha cha y esas cosas. Trabajar en un canal de deportes me hace disfrutar desde otro lugar. Me gusta conocer a los jugadores, ver que son unos pendejitos. Pero cuando uno los veía de chico, eran héroes, gladiadores que salían al campo de juego a defenderte. Ahora los veo y me dan ganas de hacerles upa. Antes eran todos tipos grandes: Luque, el Mencho Balbuena, Medina Bello, Mastrángelo. Eran señores. Uno veía señores jugando. Eso me impresiona. Me gusta conocerlos y verlos desde otro lugar; y hablar con los técnicos y escuchar y preguntar. Porque además de joder pregunto cosas que me intrigan. Me encanta escuchar sobre estrategias, por ejemplo. El fútbol da esa cosa de camaradería. Todos vamos detrás de lo mismo. Es la mayor religión que tengo. No hay otra cosa en la que crea. Ni un grupo de música ni otra religión. Lo único que me identifica o tengo es que soy de Independiente, y argentino. Siempre que escucho Independiente estoy atento porque en un punto están hablando de mí, para bien o para mal. Siempre está presente, Independiente. Es eso: la cruz que llevo. Nada más.

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