EL FILÓSOFO BILARDISTA

Escrita por en Notas

Darío Sztajnszrajber (el de apellido dificilísimo) se puso la camiseta de Estudiantes y habló de por qué ama tanto a Bilardo y al Pincha. Fue durante una entrevista para la revista El Gráfico de este mes. El autor de esa nota, Alejandro Duchini, expone en las siguientes líneas algunas de sus declaraciones.

“Fueron muchos años de ser hincha de Atlanta, sin ningún tipo de conciencia ideológica en cuanto a estilos de fútbol. Nací a tres cuadras de la cancha. Con mi hermano (Mauro Zeta, el periodista) éramos socios del club e íbamos a ver los partidos. Nos identificamos rápidamente. Fue algo inmediato, casi sanguíneo. (…) Cuando empecé a pensar más el fútbol, y a la vez se desarrollaba otra conciencia en mí, más ideológica, no busqué, sino que observé el desarrollo de aquel torneo del 82. Me hizo ruido eso de que para los medios había un bueno y un malo. Me generó un sentimiento de afinidad con el débil, que claramente era el Estudiantes de Bilardo, con toda la animadversión histórica que hubo contra él y Estudiantes, pero sobre todo con Bilardo. Estudiantes tenía al Bocha Ponce con sus tiros libres, al Tata Brown con sus cabezazos… fue una identificación muy fuerte. Entonces hice una adhesión directa. El mundo del fútbol había encontrado su Naranja Mecánica, que era Giusti, Marangoni y Bochini. Los diarios querían que ese equipo de Nito Veiga sea campeón, porque gustaba y goleaba, y Estudiantes ganaba siempre 1 a 0 y fue el que terminó ganando. Después Bilardo se fue a la Selección y asumió Eduardo Luján Manera. En ese segundo torneo, que también lo ganó, ya no estaba ese clima anti-bilardista. Cuando él llega a la Selección, ya tiene como cierta legitimidad, aunque nadie lo quería”.

“A los 16 empecé a ir a la cancha de Estudiantes. Para mí, un viaje fascinante, porque era como ir a pasar el día en La Plata. Me agarró un fanatismo por esa ciudad. Me levantaba a la mañana, tomaba el tren Roca, que en ese momento era una catramina, y viajaba con los visitantes. Era fuerte. Me cerraba la campera para que no se me vea la camiseta. Cuando Estudiantes era visitante en Capital, las canchas me quedaban siempre cerca: Ferro, Vélez, Argentinos, Platense”.

“Soy alguien que trata de que el fútbol no le invada el estado de ánimo cotidiano. Me gusta mucho el fútbol, pero empieza y termina ahí. Terminaba un partido y me ponía a preparar un examen. A veces me llevaba una mochila con apuntes de la facultad para leer en el entretiempo o en el viaje de vuelta. No me quedaba enganchado con un resultado. Tampoco viví la cosa conflictiva con los Triperos, porque al no ser de La Plata no veía la cotidianeidad del clásico. Por ejemplo, se me generaron más tensiones con gente de Boca por la final del 2006”.

“Me acuerdo mucho del descenso del 94. Fue el campeonato que más lo seguí. Iba a lugares lejanos. Fue un gran torneo con Russo y Manera de técnicos. Sacamos la cantidad de puntos que ningún equipo había sacado en el ascenso, aunque ganábamos siempre 1 a 0”.

“Estudiantes, que tiene una forma particular de jugar, una tradición de juego, es el más auténtico, no es hipócrita. Significa que parte de una conciencia de lo que es el fútbol como deporte competitivo, la plasma y no tiene esa necesidad de construir falsas idealizaciones y venderse a sí mismo con un “no nos interesa el resultado, lo importante es el juego lindo”, cuando en el fondo lo importante es otra cosa. Pero asumir eso sin eufemismos le ha costado ponerse en un lugar que en términos conceptuales es una conceptualización fascista. Porque llamar a alguien anti-fútbol es sacarlo del juego. Esos que nos llaman anti-fútbol, si pudieran prohibirían que Estudiantes, o esta forma de entender el fútbol, sea parte de la competencia. Es la mejor manera de no hacerse cargo”.

“Hay técnicos que hablan a favor del buen fútbol y esconden la pelota. Otros lloran si les roban un partido o un campeonato. O sea, si estás en contra del resultadismo y te robaron un campeonato, quedáte con el orgullo de que tuviste un torneo por el que a tu equipo lo van a recordar siempre. Ahora, si sufrís y al mismo tiempo sostenés que no te importa el resultado, hay un problema. No sé si llamarlo hipocresía. Es al menos una contradicción”.

“Mucho daño le hizo la futbolización a la política, a nuestras realizaciones de vida. El fútbol es un deporte que tiene un reglamento y en la medida en que el juego se ajuste a ese reglamento, empieza y termina ahí. Estoy en contra de la frase que dice que se vive como se juega. No cocino bilardísticamente ni tengo sexo bilardísticamente. Eso no existe. No soy bilardista en todo. Soy bilardista en el fútbol, de izquierda en la política y agnóstico en mis creencias. ¿Querés encontrar una línea que junte a Bilardo con mi izquierda y mi agnosticismo? Está bien, pero eso sería chamuyar. No me parece trasladable”.

“El partido que más celebra el bilardismo en la historia de los mundiales es Argentina 1 – Brasil 0, en Italia 90. ¡Es el más injusto! Eso marca que hay otra cosa puesta en el fútbol, que no es racional. ¿Merecimos ganar? No. Pero qué me importa. No juego a merecer, sino a ganar. ¿En la vida soy igual? No. Como soy así en el fútbol, no soy así en la vida. También puede uno pensar al fútbol como un sublimador que permite poner en él muchas cosas que no aplicamos en la vida cotidiana”.

“Una vez en el programa Pura Química me dijeron que le haga la pregunta que quiera a Bilardo. Como los bilardistas somos ultra defensores del Mundial 90, porque es cuando más le pegaron a Bilardo, le pregunté si no reconoce un logro en haber sido subcampeón. “Usted es docente, ¿no? ¿Con cuánto se aprueba un examen?”, me preguntó. “Con 4”, le dije. “Ser subcampeones es secarse un 3”, me dijo. No había manera. Pero no estoy de acuerdo”.

“El Estudiantes que más disfruté fue el del Cholo (Simeone) del 2006. Ese campeonato fue como al gloria. Volvió Verón, muchos de los pibes de la cantera estaban en su mejor momento, se le ganó a Gimnasia 7 a 0. Un combo. Fue un equipazo. Boca tenía el consenso mayoritario y nosotros ganamos desde abajo. Pero a Boca se le fue Basile y llegó La Volpe y Estudiantes se concentró a partir del Cholo, que es un sacado. Un técnico que me encanta, porque quiere ganar. Hizo cosas inéditas en Estudiantes: sabiendo que era a matar a morir llegó a jugar con cuatro o cinco delanteros. !Algo increíble! Por mi parte, estaba en una edad interesante para ir a la cancha y disfrutar. Además, poco antes había nacido mi hijo, al que le puse León. También me encantó el de la Copa Libertadores de 2009, con (Mauro) Boselli y La Gata (Fernández) en la delantera. Se lo dimos vuelta al Cruzeiro con goles dos goles de ellos en la final. Fue increíble ganar allá. Después se hizo lo que se podía hacer contra el Barcelona de Messi. Ese proceso estuvo bueno. El torneo de 2010 con Sabella también fue muy bueno. Pero el del 2006 fue particular”.

 

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