DESAFÍO DE VERANO

Escrita por en Notas

Por Martín Méndez @martini_mendez

Enero siempre es así. El calor es continuo, intenso, no perdona. Ahora uno que está grande, capaz que tiene la posibilidad de irse unos días por ahí, tomarse vacaciones. Y aparecen los típicos comentarios. Que el real devaluó entonces conviene Brasil. Que la Costa está muy cara o en Carlos Paz te arrancan la cabeza por una cabaña, por ende capaz que conviene ir al sur y no sé cuántas otras cuestiones más. Pero cuando éramos chicos, no se planeaba tanto si el río, el mar o la casa de la tía Irma en Córdoba. De última mis viejos nos subían al auto y ahí nos dábamos cuenta que para algún lado rumbeábamos. Mi mamá pedía el camping del docente en Barreal y para allá salíamos, o el hotel de Luz y Fuerza en La Cumbre, no te preguntaban mucho. Otra alternativa era la pileta en el club Rivadavia. Había amigos, chicas y la cancha de básquet siempre lista para algún valiente que quisiera desafiar la siesta con 40 grados.

Pero de todas esas opciones, yo me quedo con el baldío que estaba atrás de mi casa. O la “canchita”, como le decíamos con inmenso cariño. Tenía más piedras que “las Chimbas”*, así que de vez en cuando había que limpiarla. Al lado estaba el galpón donde el Aldo guardaba los camiones y siempre había dos o tres perros manto negro que metían miedo. Ni te cuento si la pelota se iba para allá.

Terminar de almorzar. Desoír el consejo de las madres de que “en la siesta ni las lagartijas andan”, juntarse con los vagos en la esquina de los Mellis y buscar una buena pelota, era el ritual más esperado ¿El calor? ¿Qué calor? Para nosotros no existían las elecciones en AFA, ni los millonarios pases de jugadores en pretemporada, ni tener el último FIFA para la Play. El fútbol era otra cosa. Jugábamos a la pelota por que nos divertía, nos hacía libres. Cuando no tuvimos arcos, pusimos unos buzos y listo. El travesaño era imaginario, el último gol ganaba y no importaba el resultado hasta el momento.  O a veces el partido se terminaba cuando la luz natural se moría. Después trajimos los palos, marcamos con cal el rectángulo, las áreas y ya se parecía más a un campo de juego. Aunque cero césped, obvio.

El Wily era el mejor. Se había probado en Sportivo Desamparados y no había quedado por esas cuestiones de acomodos al hijo de algún dirigente. Después estaba el Grillo, el Español (que de Gallego no tenía nada), los mellizos Rafi y Henry (hermanos del Wily), el Fabri, el narigón Marcos, el David, mi hermano mayor el Fede y yo. Se sumaban los más chicos cuando faltaba gente. Obviamente que esos iban al arco seguro, y por su condición de menores no podían ni chillar, como mi hermano más chico Jano. A lo sumo si eran buenos, jugaban como arqueros “mareadores”. Los Mellis siempre calentones. Lo curioso era que nunca se enojaban juntos. Parecía que se hubiesen puesto de acuerdo los desgraciados. Una tarde uno, otra el otro. Y cuando ambos estaban de buen humor, lo hacían enojar al Grillo que era petiso y gordito. Éste los corría hasta la casa de ellos, jamás los alcanzaba. Eso les daba tiempo de subirse arriba del techo. Pero el chato que no se quedaba atrás, los agarrba a pedradas. Esa era la banda de mi barrio. La de la Hudson.

Hasta que llegó un vago nuevo. Era el hijo de la Chicha, que por esas cosas de la vida se había criado con su viejo en La Rioja. Lo mandaron para acá. Ernesto se llamaba. Las viejas chusmas de la cuadra decían que allá no se portaba muy bien que digamos, que no estudiaba, que el padre lo había mandado para San Juan para que la madre tomara cartas en el asunto y todas esas cosas que se dicen en un barrio.

De a poco fue perdiendo timidez y empezó a juntarse con nosotros. Algunos lo miraban con recelo. Y también, si le habían hecho fama de tipo jodido, conflictivo. A los 15 o 16 los pibes no se ponen en psicólogos. O te aceptan o te rechazan. Pero el Ernesto tenía algo, no sé, como que al haber tenido una infancia un tanto dura, se había curtido de otra manera. Al menos yo sentí eso. Después el episodio me lo iba a confirmar.

Fue en una de esas tardes memorables cuando surgió algo que nos dejaría marcados para siempre. En el medio de un encuentro entre nosotros, aparece el Foca. Un personaje que vivía al otro lado de la Circunvalación, pegadito al Club Victoria. Con aires de matón y arriesgándose, propuso un partido, un desafío. “Si se la aguantan, los esperamos mañana, a las 3 de la tarde, en nuestra cancha”. Entre el Wily y yo contestamos que sí. Atrás nuestro sentimos la presencia del Ernesto que no dijo nada pero allí estaba para apoyar la decisión y además para que el intruso no se sienta tan local.

-¿Y éste? ¿Qué pito toca?- tiró el riojano con ese acento golpeado tan particular.

– Es el Foca, uno que vive allá por la Urquiza, ya hemos jugado varios partidos contra ellos- respondió el Wily.

– Si, y contale que al Español siempre lo hacen cagar ¡jaja!- acotó el Rafi, en un tono más burlesco que otra cosa.

Y era cierto, los partidos contra los de esa cuadra tenían un aditamento especial, pocas veces terminaban. Se pasaba del fútbol al boxeo en cuestión de minutos. En el equipo de ellos, existía uno que lo llamaban por el apellido, como en la escuela: el Conti. Este sujeto lo tenía a mal traer a nuestro amigo Español que como bien dijo el Mellizo, siempre cobraba.

Llegó el día esperado, nos mandamos en banda. Hasta los que no iban a jugar, fueron. Armamos un buen equipo. El Melli Henry al arco, atrás el Ernesto, yo al medio con el Fabricio, como diez el Grillo y adelante el otro Mellizo junto al Wily. Arrancamos perdiendo. Me mando una cagada yo, no la puedo rechazar, le queda al delantero de ellos servidita. Adentro, 0-1. Pero la reacción fue rápida, el Grillo tenía visión de juego, a pesar que en su vida cotidiana usaba unos terribles culos de sifón. Se la mete en profundidad a nuestro goleador, lo encara al arquero y a cobrar. Empatamos. El partido era parejo, ellos tenían buen equipo, atacaban. Yo mejoré, el Fabri marcaba como loco, el Ernesto era una muralla y el Henry atajaba todo. Y en eso que aguantábamos, mete una diagonal el Wily, gambetea al dos, parece que se abre mucho, le queda incómoda, pero puede meter un centro para que aparezca el petiso Grillo y solito cabecea al otro palo. El arquero de ellos ni con un remís llegaba. Golazo. Sí, golazo. Lo dimos vuelta. Para que se ponga bien caldeado el partido. Yo me canso, salgo y entra el Español. Y es ahí cuando se desencadena todo. Imaginate, era toda una deshonra perder en su propia cancha. Pelota dividida, les queda boyando en el área, cuando están por patear, la toca uno nuestro. Se va al corner. En el salto que dan todos, se puede ver la mala leche del Conti. Le mete un terrible sopapo al pobre Español. Así nomás, de caliente. Ni miró por donde venía la pelota. Impotente al ver que por más que patearan, atacaran y tuvieran la pelota toda la tarde, jamás iban a empatar. Nuestro amigo y compañero cae como un castillo de naipes, se desploma. Y ahí aparece en escena Ernesto. La piña la sentí desde el costado, sentado en un tronco que hacía las veces de banco. Toc, un golpe seco. Fue un acto de justicia. Hasta una acción heroica te diría. Nunca nadie se había atrevido con ese. Ellos se quedaron impávidos, sin reacción alguna. Y siguiendo la costumbre, el partido no terminó en condiciones normales. Aunque tácitamente para todos, si. Era el final. Nos fuimos colorados, transpirados, desbordando felicidad, alegría. El Español que no entendía nada, también festejaba. Triunfamos en el más amplio sentido de la palabra.

Y desde esa fecha, el Ernesto se ganó más que un lugar en el equipo. Se ganó nuestra amistad, nuestro respeto. Los días venideros nos tuvieron nuevamente jugando como siempre, pero había algo diferente. Sentimos una sensación distinta. Los partidos eran iguales, la pelota también. Pero nosotros no, ya no éramos los mismos.

 

*Departamento del Gran San Juan, localizado en el sector norte de la ciudad. Chimbas, es una palabra de la lengua quechua que significa pedregal.

PERFIL DE MANRTÍN MÉNDEZ

Nacido en San Juan el 10 de Octubre de 1075, Martín Méndez estudió en la secundaria en la Escuela Industrial Domingo Faustino Sarmiento. Cursó sus estudios de abogacía en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba. Terminó el cursado pero no se recibió. Sintió que lo suyo era el periodismo. Estudió el curso de Periodismo Deportivo en el instituto CEICOS. Relator de fútbol. Conductor del programa “Deportados” en Radio Latina 97.1. Conductor del programa “Frente a Frente” en Radio Impacto 99.3, Conductor del programa “Frecuencia Deportiva” en Radio Play y actualmente en Radio Luxor 91.1. Todas de la ciudad de Córdoba. Facebook: Martín Mendez.

 

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