Del Mariano Acosta a las redacciones

Escrita por en Columnistas

¿Por qué soy periodista? Porque es mi vocación, que descubrí entre el fin de la enseñanza primaria y el inicio de la secundaria, en la Escuela “Mariano Acosta” en Buenos Aires.

Esa vocación fue confirmada con experiencias como cronista en el propio colegio, en la última dictadura militar; en iglesias evangélicas donde me congregaba en la década del ’80; y luego en programas deportivos en las radios Antártida y El Mundo, y de “interés e información general” (eufemismo por “inclasificable”) en radio Belgrano, en los primeros años de la actual etapa democrática.

Siempre agradezco a Dios porque puedo trabajar y vivir de mi vocación, en este caso en el periodismo, “el oficio más bello del mundo”, frase del escritor francés Albert Camus y divulgada por su colega colombiano Gabriel García Márquez.

Pero más allá del oficio, capturé un valor agregado, común a otros trabajos, que son las relaciones interpersonales que se establecen en un ámbito laboral, con sus luces y sombras.

Como dice el proverbio, “el hombre se afila en el trato con el hombre”. Y puedo ratificarlo al repasar 25 años de trabajo ininterrumpido en redacciones de medios de Buenos Aires.

He casi todas las virtudes y miserias del ser humano en las redacciones. Y coloco a esa escuela laboral al mismo nivel que la formación que recibí en la universidad.

Las redacciones fueron los lugares donde compañeros de trabajo tomaron el fuego de mi vocación y lo avivaron con buenos consejos y correcciones.

Esos compañeros me mostraron con hechos y con palabras el camino que debía seguir para que el principal capital que tenemos como periodistas, la confianza del lector, oyente, televidente, no se dilapide y pierda por errores y pecados éticos.

En las redacciones también entendí que los periodistas, al igual que el resto de los trabajadores, no somos llaneros solitarios y solipsistas, sino que formamos parte de la clase trabajadora.

Hoy el oficio está atravesado por diferentes crisis: no se habla de “notas” sino de “contenidos”; la sobreabundancia de datos e información amenaza con ahogarnos; los cambios tecnológicos van mucho más rápido que nuestra capacidad para adaptarnos; las empresas periodísticas forman parte de emporios con múltiples intereses ajenos al periodismo y buscan maximizar sus ganancias a toda costa.

Como consecuencia de esta crisis, se dan casos como los de colegas y compañeros míos. Con trayectorias profesionales y laborales y académicas impecables, algunos de ellos me comentaron en mayo su impresión personal de que “el periodismo nos empuja a dejar el periodismo” para dedicarse a otras actividades conexas pero que no son propias del trabajo periodístico: por ejemplo, prensa y relaciones públicas, escritos para empresas, administración de perfiles y actividades en redes sociales, y la docencia.

Vuelvo a la pregunta inicial: ¿por qué soy periodista? Porque es mi vocación, que se expresa en la lucha diaria para tratar de no equivocarme nunca con los datos, para no buscar el escándalo por sí mismo. Esa vocación se expresa en la búsqueda (con algunos aciertos y varios fracasos) de ofrecer información escueta y rigurosa y compartir comentarios con alguna inteligencia y ponderación que sean de utilidad para ese actor que antes llamábamos receptor y que ahora tiene diferentes nombres: audiencia, perfiles, contactos, amigos. Creo que por esas búsquedas pasa gran parte de la pelea que debemos darnos para defender nuestro oficio.

César Dergarabedian
Periodista desde 1986 en medios de la Argentina. Ganador del Premio Sadosky.
http://bahiacesar.wordpress.com/acerca-de/

Compartir
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInPin on PinterestShare on TumblrShare on RedditDigg thisFlattr the authorShare on StumbleUponShare on VKShare on YummlyBuffer this pageEmail this to someonePrint this page