Daniel Riera

Escrita por en Libros

Esta semana entrevisté para otro medio al periodista, que acaba de sacar un muy buen libro sobre el mundo de la ventriloquia, pero visto desde adentro. Se llama “Ventrílocuos” y fue editado por Tusquets.

La historia tal vez muchos la conozcan: hace cuatro años fue invitado a una reunión de ventrílocuos, se ganó un muñeco en el sorteo, se encariñó y aprendió el oficio. Juntos, hoy se presentan en distintos escenarios bajo los nombres de Paco y Oliverio.

Entre algunas de las cosas que me contó Riera, que además es uno de los editores de la revista Barcelona, durante el almuerzo en un bar de San Telmo, en uno de esos días de lluvia molesta e incesante, está lo siguiente:

“Hay como dos corrientes. Los que piensan en el muñeco casi como un hijo y los que piensan en el muñeco como una herramienta de trabajo”.

“Este arte ha sido bastardeado, minimizado”.

Daniel Riera Ventrilocuos“Mi pasión al escribir hace que como cronista me parezca imprescindible involucrarme en las historias que cuento, ver cómo me puede enriquecer la gente que acabo de conocer y sus historias. Si no estuviese esa posibilidad, de que alguien te cambie la vida, daría lo mismo cualquier profesión. Y esta pasión, en este caso, consiste en sostener un arte que no todos entienden y que no todos reconocen como arte”.

“Al ser yo mismo contagiado por esa pasión, no sólo a través de los demás ventrílocuos sino también con la presencia de Oliverio en mi casa, empiezo a entenderlo más, porque estoy desde adentro. Hay una doble pasión: la de cronista y la de ventrílocuo”.

“Llegó un punto en que los shows pasaron a importarme tanto como mis escritos. Así se da en esta época, en la que presento a la vez un show y un libro, de manera totalmente natural”.

“Es un libro escrito desde mi propia experiencia”.

“Mi esposa siempre tuvo buena onda con Oliverio. Se llevan bien. Ese episodio que describo de una discusión conmigo en la que le digo que no se la agarre con Oliverio, después, porque se lo dije seriamente, pensé que tenía que contarlo en el libro. A veces pasa que tengo un conflicto con mi señora y ella le pregunta a Oliverio qué piensa, y él, muy diplomáticamente, le dice que no está para ir llevando y trayendo. No se juega ni para uno ni para otro”.

“Me gustaría cambiar la ventriloquia… desde lo que hago, me gustaría una recepción mayor hacia todos los ventrílocuos, salas, producción de espectáculos. Y que a la vez esa mayor reflexión obligue a innovar sus espectáculos. Y por otro lado me pregunto qué puedo hacer yo. Y bueno, hacer espectáculos en los que se incorporen otros elementos: lenguajes, músicos, videos, tomar el diálogo entre muñeco y ventrílocuo como un punto de partida. Pensar en la relación entre ambos para contar una historia”.

“Si, llegué a este ambiente para quedarme. Porque me divierto, porque la paso bien y porque encuentro un estímulo artístico. Si sintiera que no puedo hacerlo bien o me aburriría… pero es imposible. De hecho, ahora hago un espectáculo nuevo y tengo otro pensado. Y así. Hay como varias ideas para hacer”.

“Oliverio no la caretea nada. No elude temas hurticantes. Puede hablar de fútbol, de política, de sexo, de religión. De cualquier cosa. No tienen ninguna clase de problemas”.

“Tiene en general planteos más radicales, más avanzados, quiere ser una estrella de rock. En esa franqueza, hablando de cuestiones políticas ha dicho cosas duras. Tiene un hit que es ‘Etchecolatz se llevó a mi chica’”.

Riera, que también sacó un libro de crónicas muy recomendable, titulado “Nuestro Vietnam” (Editorial Alfaguara), me muestra a Oliverio antes de que nos separemos. Lo saca de una valija negra, de esas que tienen rueditas, y me lo presenta. Aunque parezca raro, en dos segundos estoy hablando con Oliverio a la vista de los de las mesas cercanas.

-¿Cómo te va?
-Aquí estamos. Acaban de almorzar y me dejaron afuera.
-¿Tenés hambre?
-No. Las estrellas de rock comemos poco. Nos drogamos, pero no comemos.
-¿Hoy te drogaste?
-No todavía. Es muy temprano.
-Te felicito por el lompa (su pantalón es un jean con dibujitos del Hombre Araña).
-Ok. Buenas noches.

Hay mucho más de la nota, pero saldrá en otra revista, en un par de días. Tal vez entonces la cuelgue completa.

Por Alejandro Duchini

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