Convertini, segun Levinsky y Ramos

Escrita por en Notas

Como parte de la repercusión que tuvo la obtención por parte de Horacio Convertini del Primer Concurso Internacional de Novela Negra y Policial, dos colegas suyos –el periodista Sergio Levinsky y el escritor Pablo Ramos- escribieron a pedido de Libros y Pelotas acerca de él. Les recomiendo que lean lo escrito por ambos, dos grandes de verdad en sus respectivas profesiones. Acá pueden leer la nota que publicamos anteriormente sobre Convertini.

Convertini según Sergio Levinsky
“Conocí a Horacio Convertini en 1982, cuando entramos juntos a estudiar en la escuela del Círculo de Periodistas Deportivos (CPD) y desde el principio lo consideré como uno de los mejores sino el mejor periodista de mi generación, pero él siempre fue una persona sencilla,
que no creía mucho en los halagos que recibía de mi parte.
A Horacio lo conocí bien porque además, en ese tiempo éramos vecinos en el barrio Parque Chacabuco y siempre fue una persona con inquietudes, que hacía confluir el sentido común con una muy buena pluma y una gran visión periodística, y que rápidamente tuvo éxito en Diario Popular que lo fue proyectando a otros medios. Tengo muchas anécdotas con él, que siempre fue muy generoso conmigo, al punto de llevarme en 1997 a un medio por no creerme, como yo le insistía, que no podría yo trabajar en él porque una mafia falso-progre lo impediría. En principio pensó que yo era un paranoico pero los hechos me dieron la razón (lamentablemente) pero siempre le estaré agradecido por insistir en mi contratación hasta donde pudo. Ya hace poco más de una década, le comenté que estaba escribiendo un libro, que luego aparecería con el nombre de “El deporte de informar” (Editorial Paidós) y fue entonces que, entusiasmado, consideró ingenuamente que no podía yo dejar de entrevistar a un personaje del medio, que yo descarté de plano porque no me parecía relevante. En ese momento, le dije que él mismo, Horacio, me parecía mucho más periodista que quien él me mencionaba, y creyó que yo se lo decía por el hecho de tenerle aprecio, cuando le estaba diciendo lo que sentía. En aquél momento, recuerdo que le dije algo así como que yo mismo tenía que defenderlo a él contra él mismo, más que nada para hacerle ver que aquella mafia sin sustento publicitaba la mayor parte de las veces a quienes no reunían más mérito que el pertenecer a ella, y que el propio Horacio había caído en creer en lo que aquellos difundían, tal vez por cierta ingenuidad, o por estar relacionado laboralmente con muchos de sus integrantes.
Por suerte, aquello que hace una década yo le decía sobre su talento, hoy se confirma plenamente. Por los libros que escribe, por los premios que recibe, que estoy seguro de que son merecidos, y esté en el medio en el que esté, creo que sigue tratándose de uno de los mejores periodistas que conocí en mis 30 años de profesión. Tal vez hoy ya tenga la plena seguridad de que aquello que yo le decía (y que tal vez se lo decían muchos otros) era mucho más que por el afecto que le tengo, sino lo que estrictamente pienso. Siempre lo respeté mucho, incluso cuando hemos debatido fogosamente sobre algunos temas.
Recuerdo una vez, allá por 1991, en una conferencia organizada por el Instituto Gino Germani, sobre Diego Maradona visto desde la sociología. Es que desde nuestros tiempos de estudiantes siempre hemos debatido, y siempre me enriquecí en esos intercambios.

Convertini según Pablo Ramos
Como periodista no lo leí mucho, y me relacioné con él, de esta manera, tan sólo en las pocas notas que me pidió hacer. Y es tan claro cuando quiere algo que se nota que debe ser un Torino del periodismo, un auto seguro, clásico donde el diseño o la forma nace de la necesidad. Te lleva a donde querés ir y lo demás viene después, a eso me refiero.
Como ser humano, ¿qué decir? Su amistad es uno de los hallazgos de los últimos años de mi vida. Lo quiero como a un hermano y eso no me da objetividad. Lo mejor es que somos tan distintos, casi opuestos, y sin embargo él sabe mejor que nadie de mis renuncios, de las cosas que me avergüenzan y de todas maneras me abre siempre la puerta de su casa. Horacio tiene una familia hermosa, una relación alucinante con su mujer y sus hijos. Todos son ácidos como él, como yo, y es muy divertido ir a cenar su casa.
Como escritor está creciendo permanentemente, él piensa que me debe más de lo que me debe. Yo sólo le puse en claro algunas cosas, él confió en mí y, trabajando con un objetivo claro logró uno de los mejores libros de cuentos de los últimos tiempos
Horacio es un escritor que siempre está por encima de su discurso. Las ideas que tiene, que son interminables, no brillan en ese lugar tan sobrevalorado que es la originalidad. La originalidad, muchas veces, es tan sólo novedad. Horacio tiene un mirada distinta del mundo, un mirada propia, sorprendente, es una persona que se asombra del asombro que le causan las cosas, y encontró un narrador medio potente y eficaz, que respeta al lector pero lo condena, al mismo tiempo, al mismo sinsentido.
Parece que la vida es un abroma para él, y se toma la broma tan enserio que todo es una gran tragedia.
Horacio escribe sin trompetas, sin ruido, de la misma manera en la cual se está haciendo un lugar en la narrativa argentina. Él gana tantos concursos porque ese es su camino, porque aún no cree lo que está viviendo. Los premios no son nada, de hecho ni siquiera le abrieron muchas puertas. Yo siempre le digo lo mismo, no hay puertas por ahí, hermano. Lo mejor de Horacio es que nomás termina de escribir un libro empieza otro, y si no lo hace, la pasa mal, tan mal como la paso yo.

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