“¡COBRÁ UN PENAL, ELIZONDO!”

Escrita por en Libros, Notas

Hubo una epóca en la que Horacio Elizondo, el árbitro argentino que expulsó a Zinedine Zidane en la final del Mundial de Alemania 2006, no cobraba penales. Algunos, evidentes. Entrevistado para el libro La Palabra Hecha Pelota (Galerna), cuenta por qué le pasaba aquello y cómo fue que se dio cuenta de dónde estaba la falla.

-¿Hacés terapia?

-Hice terapia mucho tiempo. Entre los veintiocho años y los cuarenta y seis, fui a tres psicólogos distintos en diferentes pasajes, por cuestiones de mi vida y no del fútbol. Pero en el fútbol se ven reflejadas un montón de cuestiones de tu vida. El fútbol no te marca absolutamente nada, sino que te desnuda un montón de cosas que pasan en tu vida. Por ejemplo, como cuando me separé de Olga, la mamá de mi hija Malena, y al tiempo conocí a Mili. Como en todo proceso de separación en el que hay confusión y culpa y un montón de otras cosas que se juntan, en ese lapso tuve un momento dentro del arbitraje en el que no cobraba penales.

-Recuerdo que se decía que no cobrabas penales. ¿Fue por eso?

-Yo tenía que tomar decisiones importantes en mi vida y las decisiones importantes del fútbol están en las áreas. Penal o no penal. Gol o no gol. Offside o no offside. El lugar caliente son las áreas, tanto para la defensa como para el ataque. La mitad de la cancha no es complicada, las cosas pasan cerca de las áreas. Los penales pasaban por mi cara y yo “siga, siga”, levantaba siempre los brazos. Eso ocurría en el lapso de mi divorcio y rearmado de mi vida. Pero eran cosas evidentes, ¿eh? Yo no sabía por qué. Lo descubrí después. Hacía terapia, pero no lo descubrí en terapia.

-¿Y dónde?

-Me acuerdo de que el director de la Escuela de Árbitros de la AFA era Juan Carlos Loustau. Él también estaba preocupado por mi abstinencia de penales. Me hablaba y me hablaba y me hablaba. “¿Cómo no cobraste ese penal?”, me preguntaba. Hasta que en un momento, cuando ya eran varios los penales sin cobrar, me dice: “Estuve observando un detalle sobre el que vamos a trabajar”. Me muestra un video editado de distintas jugadas y me pregunta: “¿Qué ves?”. Le digo: “Que esto fue mano, que aquello fue falta y eso, dudoso”. “No, hay un patrón común en todas las jugadas”, me aclara. Lo miraba y no me daba cuenta. “Hay un patrón común”, insistía. “En todas las jugadas estás corriendo dentro del área. Y en el área no hay que correr. Hay que estar firme en el área, porque es el lugar en el que tenés que tomar decisiones importantes”, me suelta. Fue una de las cosas más brillantes que me dijeron en mi carrera arbitral. Cuando me dijo “firmeza” y “decisiones importantes”, me vino el click de todo lo que vivía. Loustau no sabía lo que me pasaba, pero ahí aprendí que la toma de decisiones iba más allá de un conocimiento, que tiene que ver, y mucho, con el estado emocional y el control del equilibrio emocional que tenés. A veces, por más que sepas mucho de algo, no sirve de nada si estás atrapado. Entonces me dijo que desacelerara unos metros antes de llegar al área y que me parara y que observara parado. “Tenemos que bajar el nivel de ansiedad dentro del área porque si corrés estás con muchas pulsaciones y no tenés la claridad necesaria”, me explicó. Esto lo venía trabajando en terapia pero no le encontraba el porqué ni lo traducía con los penales. Esa charla con Loustau sobre las decisiones y la firmeza me sirvió. Ahí me di cuenta de que los verdaderos penales no estaban dentro de la cancha sino afuera, y que mi decisión más importante tenía que tomarla afuera, más allá de que me equivocara. Pero había que elegir un camino. No podía estar constantemente entre la dualidad, en esa cuestión que te termina comiendo la cabeza. Por algo que pasaba dentro de la cancha pude descubrir el misterio de afuera y cuando tomé una decisión afuera empecé a sancionar los penales. De alguna manera en el fútbol, o en tu oficio, independientemente del fútbol, se trasluce todo lo que vivís y hacés. Todo lo que pasa en tu vida se ve afectado en tu profesión. Uno será mejor no sólo por los conocimientos, sino por cómo esté ordenada su vida. Si estás rodeado de afecto, por ejemplo, te van a salir mejor las cosas. Vos podés saber mucho de algo, pero tu capacidad de atención y concentración aumentará o disminuirá de acuerdo a tu estado emocional. Si tu estado emocional no es bueno, tu lucidez mental baja. ¿Y dónde quedan los conocimientos? No se pueden proyectar. O salen a los tirones. Quedan enfrascados. Por eso mi vida cambió cuando me di cuenta de que tenía que tomar decisiones. ¿Para qué tomamos decisiones? Para sentirnos bien. Ahora, ¿vamos a sentirnos siempre bien? No. Hay momentos en que la vamos a pasar mal y habrá que entrenarse para tener tolerancia a la frustración y saber que de esa crisis o frustración saldrá una oportunidad. Cuando descubrís ese panorama te das cuenta de que toda tu vida te prepara para tomar decisiones.

Compartir
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInPin on PinterestShare on TumblrShare on RedditDigg thisFlattr the authorShare on StumbleUponShare on VKShare on YummlyBuffer this pageEmail this to someonePrint this page