Carta a dios para 2018

Escrita por en Notas

Sr. Papa Francisco: le envío esta carta con total humildad a los fines de que se la entregue a Dios, ya que usted es su mensajero y la persona que, en esta bendita tierra, más llegada tiene a ÉL (con mayúsculas, como me enseñaron en el colegio que debía referirme a Dios). Sé que como buen futbolero que es, usted entenderá lo que quiero decir. Tal vez en ese entendimiento justifico mi sensación de que le hará llegar estas palabras que, para no dar más vueltas, son las que siguen.

Querido Dios: hace unas horas, antes de la final del Mundial, alguien (no recuerdo quién) dijo lo más sensato que leí: que si perdía Alemania, en ese país todo iba a seguir normal. Que la gente iba a ir a trabajar como si nada, que dormirían toda la noche sin despertarse y que cada uno de los alemanes viviría su vida como de costumbre. En cambio, si perdía Argentina, el país iba a estar triste. Al trabajo iríamos tristes, a la novia o esposa o amante la abrazaríamos más para consolarnos que por pasión, a los amigos los llamaríamos para decirles “la puta que lo parió” y nuestros hijos nos verían desganados y con los ojos llorosos. Cosas así. Pero lo peor no es sólo eso, ¿sabés? (¿te puedo tutear, no?). Lo peor es que en algunos noticieros iban a empezar a decir que Messi defraudó, que no corrió y volverá a ser español y esas cosas. En serio. Ya está pasando. Hace apenas unas horas que perdimos con Alemania y ya dicen eso. Seguro estás viendo la tele y sabés de qué te hablo.

Hace mucho, mucho tiempo, dijeron que vos eras argentino. Y que atendías en Buenos Aires. Tanto lo dijeron que lo creímos. Pero nada que ver. Queda claro que no sos de acá. Porque, ¿qué costaba darnos el título, que tan bien nos venía? Ahora que se nos terminó el Mundial volveremos a Boudou, a los fondos buitre, a la inflación imparable, a los candidatos a la presidencia 2015, etc. ¿Con qué necesidad? Si igual íbamos a hablar de eso. A lo sumo, lo demorábamos una semana, no más. El tiempo suficiente que nos hubiese llevado festejar.

A lo mejor los alemanes también te pidieron lo mismo. Y pensás que merecían ser campeones tanto como nosotros. Pero hay diferencias, querido Dios. Ellos son un pueblo más bien feliz. No festejan tanto las victorias ni necesitan de los festejos como los necesitamos nosotros. Además, los alemanes ya tenían tres títulos. Ahora tienen cuatro. ¿Qué te costaba darnos una manito para llegar a los tres? Quedábamos iguales y todos felices. El de Higuaín en el primer tiempo o el de Palacio en el segundo y listo. Nadie se enteraba. No iba a ser tan alevoso como aquella mano que nos diste en el ‘86. Nosotros hacíamos de Messi el “messias” que tanto anunciamos y decíamos que sí, que Dios es argentino y que además antes nos envió a su imagen y semejanza en hombre que no es otro que Maradona. Hasta más creyentes hubiese conseguido. ¿Sabés todas las promesas que te hicieron por estos pagos?

Ahora estaríamos festejando en serio. Un título estaríamos festejando. Y no un segundo puesto que no es otra cosa que mostrar al mundo que tenemos ganas de celebrar. Algo. Lo que sea. Aunque sea un subcampeonato del mundo.

Hay veces en que no creo en vos (muchas, a decir verdad) y otras en las que sí (cuando estoy en problemas o ando medio bajoneado; o sea, también muchas). Tal vez por eso es que ahora, a las 21 del domingo 13 de julio, creo en vos y te escribo para decirte que está bien, que ya perdimos y que no hay vuelta atrás. Y que encima se terminó el Mundial más lindo que vi en mi vida y que me hizo feliz durante casi un mes. Pero si existís, si de verdad andás dando vueltas por ahí y leés esta pequeña y sentida carta, no olvides mi pedido: faltan cuatro años para otro campeonato del mundo y debo ser el primero en hacerte el mangazo. Más sobre la fecha te van a prometer cientos de cosas a cambio del título para cada selección y ahí sí que vas a estar en problemas. Vas a tener que quedar bien con todos. Pero yo me estoy anotando entre los primeros. Es más, estoy seguro de que nadie aún te pidió que su seleccionado sea campeón en Rusia 2018. Por eso, por orden de pedidos, no dejes de lado esta carta. Danos el tercer título. Dejanos sentir que el amargo sabor de la derrota puede volverse tan dulce como el sabor de la revancha. Y danos el próximo Mundial. Así en la Tierra y sobre todo en Rusia.

 

Alejandro Duchini

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