CARLOS CASZELY, LA VOZ DEL ESTADIO

Escrita por en Entrevista, Notas

Por Alejandro Duchini

Fue uno de los más grandes futbolistas que tuvo Chile y uno de los pocos que se opuso al gobierno de facto de Pinochet, que torturó a su madre y utilizó el Estadio Centenario, donde este sábado se jugará la final de la Copa América, como una cárcel en la que se albergó a 40.000 detenidos. Muchos de ellos, desaparecidos. Otros fusilados y torturados.

Pocos escenarios deportivos tienen un pasado tan ambiguo y duro como el hoy Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos de Chile, en la ciudad de Santiago, donde este 4 de julio se disputará la final de la Copa América. Goles, torturas y miedo son el eco de su historia. Y pocos futbolistas, como el chileno Carlos Caszely, pueden viajar con el poder de la palabra hacia los convulsionados años 70, cuando la dictadura liderada por Augusto Pinochet tomó el poder y usó ese lugar de juego como lugar de tortura. Opositor al régimen, alguna vez le negó un saludo al golpista. En otra ocasión intercambiaron un leve comentario que no resultó tan leve. En los 80, se sumó al plebiscito para que no continuara la dictadura. Lo hizo junto a su madre, Olga Garrido, quien ya le había contado sobre la tortura a la que fue sometida por ese gobierno de facto. Caszely nunca dejó de ser un emblema del fútbol nacional, tanto con la camiseta de la Selección como con la del Colo Colo en buenos tiempos de Copa Libertadores. Desde España, donde al momento de esta charla dejaba su cargo de agregado de prensa de su país, me dice al hablar de este escenario en el que se definirá el torneo sudamericano: “Tengo sentimientos encontrados. Sentimientos de amor y rabia, ya que un campo de fútbol que se transforme en un campo de concentración es indigno para cualquier persona con sentido común”.

UN PUEBLO SIN MEMORIA, ES UN PUEBLO SIN FUTURO se lee debajo de una de las tribunas de este estadio en el que se espera que lo colmen casi 50 mil personas, según su capacidad actual. Fue inaugurado en 1938 y es el más importante del país. Son 62 hectáreas en las que se realizaron tanto espectáculos deportivos como culturales. Conciertos musicales, entre ellos. También allí, en 1987, se recibió al Papa Juan Pablo II. En 1962 fue una de las sedes del Mundial de fútbol. Chile fue local del grupo B, que integraba junto a Alemania, Italia y Suiza. Fue eliminado en semifinales por Brasil, el campeón. Las remodelaciones para ese torneo extendieron su capacidad a 80 mil espectadores.

caszely

Pero nunca podrá desligarse de los fantasmas del 73, cuando fue utilizado como centro de detención tras el golpe militar del 11 de septiembre, en el que se derrocó a Salvador Allende. Torturas, gritos y fusilamientos bajo las tribunas. También suicidios. Se estima que fueron 40.000 personas las detenidas. Entre ellos, extranjeros.

Para no olvidar, hay sectores que se mantienen intactos. Fueron declarados Monumento Histórico. Como el de las tribunas de madera, detrás de uno de los arcos. Es el sitio que funciona como mudo testigo del recuerdo. Quedan como testimonios fotografías de los presos mirando la cancha desde las tribunas. También de otras escenas que demuestran el desinterés total por la vida ajena. Siempre rodeados de militares armados hasta los dientes. Hoy las imágenes de aquellas víctimas también evitan el olvido. “No se puede dejar pasar y olvidar lo que ocurrió en muchos países en la América morena”, comenta Caszely antes de agregar que “las atrocidades hay que recordarlas para que nunca más vuelvan a suceder”.

Nuestro Estadio Nacional fue el campo de concentración más grande de Chile bajo la dictadura del General Augusto Pinochet. Se estima que pasaron cuarenta mil personas entre septiembre y noviembre de 1973. El 20 de octubre del 2003, el recinto fue declarado Monumento Histórico con siete sitios de protección especial, se lee en la apertura de la página oficial del Estadio Nacional, http://www.estadionacionalmemorianacional.cl/

La puerta por donde ingresaban los presos era conocida como la Escotilla 8. Es uno de los sitios oficialmente recordado por el Consejo de Monumentos Nacionales con ‘protección especial’. Se le suman otros sectores: Memorial acceso Grecia, Camarín norte piscina, Camarín Nº 3, Memorial puerta oriente, Camino de la memoria, Caracolas y Túnel.

Hubo un personaje nefasto, entre muchos otros tan nefastos, que jamás será olvidado. Lo llamaban El encapuchado del Estadio Nacional porque así se paseaba por las instalaciones mientras reconocía a militantes de izquierda. Más tarde se supo que era Juan René Muñoz Alarcón, un ex socialista que delataba a sus compañeros. Tampoco se olvida el pavor que generaba verlo aparecer en los pasillos, de sorpresa y a cualquier hora. Lo escoltaban uniformados mientras avanzaba y miraba los rostros de los detenidos que ya estaban puestos en fila, a la espera de su decisión. A los elegidos le seguían los interrogatorios. Y la tortura.

En el 77, Muñoz Alarcón se arrepintió y contó lo que hizo ante un organismo de derechos humanos. Poco después, su cuerpo sin vida fue encontrado con heridas de arma blanca.

Carlos Humberto Caszely Garrido siempre se ha comprometido con la política de su país. Lo hizo como jugador y también al abandonar el profesionalismo. Nació en Santiago el 5 de julio de 1950. Como delantero, se hizo referente del Colo Colo, uno de los equipos más grandes de Chile. Ganó cinco campeonatos nacionales y tres copas de Chile en dos etapas entre 1967 y 1973 y 1978 y 1985. También jugó en España (Levante y Espanyol) y en Ecuador (Barcelona, de Guayaquil). Fue un símbolo, además, del seleccionado de su país. Participó en los mundiales de Alemania en 1974 y de España en 1982. Se convirtió en el primer futbolista expulsado en un Mundial por el sistema de tarjeta roja que se implementó a partir de Alemania 74.

UN ESTADIO, MILES DE DOLORES

“La mejor historia que viví en esta cancha fue en Copa Libertadores de América, en 1973, en un partido que jugábamos con un equipo ecuatoriano, el Emelec. Recuerdo que promediado el segundo tiempo tomé un balón en la mitad del terreno de juego y después de sortear a más de algún defensa le hice un túnel al portero y entré con pelota dominada al arco. La gente en ese momento, unas 80.000 personas, se puso de pie y empezó a gritar ‘Se pasó, se pasó, se pasó…’. Y eso, con el tiempo, se transformó en un dicho popular hasta el día de hoy”. La referencia es a un golazo que hizo el 28 de marzo, cuando el Colo Colo ganó 5 a 1 y avanzó a la final, que perdería ante Independiente. Se puede ver en la web. Meses después se produciría el golpe y ese estadio se volvería símbolo del dolor.

Pero él nunca se desprendería de la realidad por más que viviera en la burbuja futbolera. “Siempre he creído que primero somos seres humanos que pensamos y después profesionales de cualquier índole. Siempre he dicho que soy un deportista con conciencia social. No me olvido de mis raíces, y si la vida me ha tratado muy bien, esto no quita que piense en los demás, en las personas que sí necesitan de un apoyo constante para la vida y un mejor pasar”, opina. Y agrega: “Desgraciadamente, el futbolista se olvida de sus raíces. Se mete en este mundo tan ficticio. Claro que nada es más maravilloso que jugar. Para algunos es mal mirado que el futbolista piense; creen que eso es sólo para los actores, escritores. Pero, como te decía, primero somos personas”.

caszely garrido

Sus ideas de izquierda lo pusieron en un plano opositor a la dictadura de Pinochet, que lo tocó muy de cerca. En 1975, su madre, Olga Garrido, fue secuestrada y torturada. Lo hizo público recién en 1988, cuando se llamó a votar a favor o en contra de la continuidad del gobierno pinochetista. Se emociona al referirla: “Desgraciadamente, mi madre ya no está físicamente con nosotros, pero su recuerdo imborrable continua en nuestros corazones por siempre, a pesar de que ella se fue con el corazón herido al no entender el por qué y para qué de esa situación tan injusta y horrorosa que le tocó vivir”.

Hoy se los puede ver juntos en un video, donde ambos dicen por qué apoyaban al No en el plebiscito que se realizó el 5 de octubre de 1988. Se jugaba la continuidad de Pinochet hasta 1997. El No se impuso con el 55.99 % de los votos. Olga Garrido cuenta ante cámara parte de sus sufrimientos: “Fui torturada y vejada brutalmente. Fueron tantas las vejaciones que yo ni siquiera las conté todas”. Para sorpresa de muchos que la desconocían, a su lado aparece el famoso futbolista, su hijo, quien dice: “Por eso mi voto es No. Porque su alegría, que ya viene, es mi alegría. Porque sus sentimientos, son mis sentimientos. Porque el día de mañana, podremos vivir en democracia, libre, sana, solidaria, que todos podamos compartir. Porque esta linda señora, es mi madre”.

Por otro lado, varios fueron los deportistas que se pararon en la vereda de Pinochet. Entre ellos, otro símbolo del fútbol chileno: Elías Figueroa. Para muchos, el mejor de todos los tiempos. Lejos de las polémicas, Caszely lo refiere al decir que “con Elías somos muy amigos y tenemos un respeto mutuo a pesar de las diferencias que pudiéramos tener. Hay que estar en ese contexto para poder entenderlo”.caszely ayer

“Recién había ingresado a la Universidad cuando por votación popular e histórica, Salvador Allende había sido elegido. Fue algo histórico en el mundo. Era un hombre con un pensamiento sociabilizante para con el pueblo. Alguien que a las grandes mineras de Chile les quiso poner un impuesto para tener educación y salud gratis para todos. Con eso, el pueblo podía tener acceso a una vida digna”, dice al recordar los meses previos a la dictadura. Y refiere además: “Era una época hippie, de mucho amor, de paz, de tranquilidad. Pero se metieron los poderes fácticos y no lo dejaron gobernar. Empezaron a desaparecer los alimentos y las cosas básicas para el buen vivir. Con el tiempo, y desclasificando la documentación de los Estados Unidos, se supo la verdad de por qué Chile terminó sumido en la desconfianza y las revueltas callejeras: por el descontento que agudizaba la prensa de ese entonces”.

EL GOL MÁS TRISTE

El 21 de noviembre del 73 la cárcel-estadio tuvo que ser reabierta para el fútbol. Chile enfrentaría allí a Rusia por un lugar en el Mundial. Ese encuentro está sindicado como El partido fantasma. Y tiene para otros un agregado: allí se produjo el gol más triste en la historia del fútbol chileno. Esas selecciones se jugaban un lugar en el Mundial de Alemania. Pero los rusos no viajaron a Santiago a jugar la revancha (en la ida empataron 0 a 0) alegando cuestiones de seguridad. Con el golpe, ambos países habían roto las buenas relaciones que tenían cuando gobernaba Allende. La FIFA permitió entonces el absurdo. Chile salió al campo de juego sin rival. Con un gol alcanzaba para clasificar. Lo hizo Francisco ‘Chamaco’ Valdés.

Valdés fue compañero de Caszely también en el Colo Colo. Es considerado otro de los grandes jugadores de la historia del fútbol chileno. Se lo recuerda porque en medio de la dictadura pidió por dos compañeros futbolistas presos, Hugo Lepe y Mario Moreno. Formó parte del gobierno de Michelle Bachelet hasta que falleció a sus 66 años, el 10 de agosto de 2009.

Alrededor de 15 mil espectadores –sobre una capacidad de 80 mil- fueron testigos del papelón. El lugar, en tanto, seguía colmado de militares. Los detenidos habían sido desalojados. Pocos festejaron.

Minutos después, esos mismos jugadores disputaron un encuentro amistoso ante el Santos, de Brasil, que se impuso por 5 a 0. El resultado es una síntesis del ánimo que tenían los chilenos.

“Ese fue el teatro de lo absurdo”, me dice Caszely desde España. Y después: “Recuerdo que el día antes, un sábado a las doce de la noche, nos informaron que Rusia no se presentaría. Por lo tanto tendríamos que entrar a la cancha, once contra cero, y hacer el gol para validar el triunfo”. “Si todo era raro, más fue todavía cuando supimos que el árbitro era chileno (Rafel Hormazábal). No había más de 15.000 personas en el estadio. Se jugó luego un partido amistoso con el Santos: ¿cómo era posible traer a un equipo extranjero si lo de la no presentación de Rusia se sabía, según los dirigentes, sólo desde unas horas antes? ¿Cómo viajó el Santos? Yo siempre llamé a este hecho, por lo ridículo, el teatro del absurdo”, agrega.

Del fútbol de esos tiempos, Caszely señala que “fue intervenido injustamente. La gente dejó de ir a los estadios, que estaban vacíos por temor, por (falta de) dinero, y por la incertidumbre de qué podía pasar a la salida si gritaban algo en contra (del gobierno militar)”.

Los compromisos de la Selección chilena, de la que llegó a ser separado por cuestiones políticas, lo dejaron cara a cara con Pinochet. Se sabe: el fútbol, el deporte, siempre es utilizado por el poder de turno. El equipo nacional era necesario. Y Caszely lo simbolizaba. Antes de que el plantel viajara al Mundial de Alemania, el presidente se apersonó para la despedida. Fue el único de los futbolistas que evitó saludarlo. Hoy dice: “No le tendí la mano. No sé si fue una gran valentía, pero sí estaba consciente de lo que hice en favor del pueblo chileno, que sufría constantemente los arrebatos de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) o CNI (Central Nacional de Informaciones) en esos difíciles momentos. No me arrepiento de haberlo hecho. Puedo mirar de frente a cualquiera y poner la cabeza en la almohada y dormir tranquilo”.

Otro encuentro ocurrió en 1985, en el Palacio de la Moneda. Hubo saludo. Y comentario. “Usted siempre con su corbata roja”, le acotó Pinochet. “La llevo al lado del corazón”, le respondió. A lo que el militar añadió: “Así le cortaría esa corbata roja” mientras hacía el gesto de una tijera con sus dedos. “Aquello de la corbata roja es verdad”, me cuenta.

“La política está en todos lados. Hay que saber entenderla como tal y saber que es mejor una mala democracia que una buena dictadura. Por lo menos en democracia puedes discernir y tratar de mejorar y no esconder lo que pasa en los países”, analiza Caszely.

caszely estadio nacional

¿Qué lo salvó de la tortura?, le pregunto al recordar su oposición al gobierno de Pinochet. “El fútbol”, me contesta. “Es tan grande que me permitió decir que no a la dictadura y no pasarme lo de Víctor Jara, creo yo”. Jara fue uno de las víctimas emblemáticas de ese régimen. Fue torturado y asesinado horas después del golpe en otro escenario deportivo: el Estadio Chile, también ubicado en Santiago y que desde 2004 se llama Víctor Jara.

Aunque el recuerdo de goles, torturas y miedo quede por siempre, algunas cosas han cambiado. El 11 de septiembre de 2003 el Estadio Nacional fue declarado Monumento Histórico. Y cinco años después pasaría a ser denominado de manera oficial Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos, en homenaje a un popular periodista local. En 2009 se anunció un plan de remodelación que lo dejaría con una capacidad para 63.598 espectadores. El terremoto de febrero de 2010 aplazó el proyecto. Hoy entran 48.745 personas.

Divisor de aguas y responsable de los peores ultrajes vividos en Chile, Augusto José Ramón Pinochet Ugarte murió el 10 de diciembre de 2006 en Santiago. Dejó el poder el 11 de marzo de 1990 en manos de Patricio Aylwin pero siempre tuvo influencia social y política.

caszely pinochet

Decir públicamente “no me parece bien que Podemos hable de libertad y reciba bajo mesa dinero del gobierno de Maduro”, aludiendo a la coalición española, le valió a Caszely el alejamiento de su cargo como agregado de prensa en España. “Hoy estoy renunciado. No me gusta la censura. No lo acepté antes, menos ahora en esta pseudo democracia. Partiré de vuelta a mi país con la cabeza en alto, como siempre lo he hecho”, aclara en esta entrevista.

En estas horas, además, Caszely acaba de recibir un emocionante reconocimiento de la dirigencia del Espanyol, de Barcelona: la puerta 74 del estadio llevará su nombre. Es un homenaje a quien marcó 29 goles en 61 partidos. Cuenta que hoy es “sólo un seguidor” del fútbol chileno; “como cualquier persona que siente pasión por este deporte. Acá en España lo leo y lo veo cuando puedo, ya que la diferencia horaria no me permite ver muy seguido el fútbol de Chile”, explica. Sin embargo, le alegra que sus compatriotas organicen la Copa América, cuya selección nunca ha ganado. “Me parece fantástico que se haga en mi país. Por eso significa un mes de alegría para todo un pueblo. Algunos dicen que el fútbol es el opio del pueblo. Yo siempre digo que el fútbol es la alegría del pueblo, de la gente que trabaja de sol a sol. Esa gente, durante toda una semana, sólo tiene esos noventa minutos de juego como su tiempo de recreación”.

Dice que un argentino, Marcelo Bielsa, fue quien “llegó a Chile para agrandar la poca historia que tenemos, para dar a conocer que sí se pueden lograr cosas cuando hay profesionalismo en los integrantes de un plantel” y que lo alegra el hecho de que “por primera vez Chile tenga un plantel estelar. Nunca antes había tenido tantos jugadores de primer nivel: seis o siete. A los que nos gusta el fútbol y pensamos con Chile queremos y deseamos que este cuadro se quede por primera vez con el trofeo para celebrarlo de buena forma”.

Su futuro inmediato, augura, estará en seguir dando lo que él llama charlas vivenciales: “Cuento mi experiencia a los más jóvenes para que éstos puedan, el día de mañana, con el sacrificio correspondiente, mejorar su calidad de vida. Simple y directo, sin dobleces ni engaños”.

Más de cuarenta años después del golpe militar, Caszely guarda positivos recuerdos del fútbol. “Me permitió conocer el ochenta por ciento del mundo, hacer amigos de conversación eterna, el café y el cigarro. Muchos y buenos goles recordados hasta el día de hoy. Apenas poco malo, como mis cuatro fracturas en veinte años de carrera profesional”. “Mi vida ha sido, desde que nací hasta el día de hoy, que piso los 65, con una infancia feliz junto a mis viejos, una juventud maravillosa con mis amigos y compañeros, una adultez con lo máximo junto a mi familia, hijos y nietos. Y espero que siga igual hasta el día en que tome mi último viaje”, suelta al cerrar esta charla.

¿Y el miedo, Caszely? ¿Qué es el miedo?, le pregunto. Y sentencia: “Es lo que tiene el ser humano cuando no le alcanza para llegar a fin de mes y entregarle a la familia las cosas básicas de la vida. Eso es el miedo”.

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