EL PROBLEMA DE ESTAR EN EL LUGAR EQUIVOCADO

Escrita por en Libros

Por Alejandro Duchini

Si tienen ganas de leer una buena novela recomiendo la última de Martín Kohan, Fuera de lugar (Anagrama). La terminé una noche, en la cama, antes de irme a dormir, y como me desvelé me pasé casi toda la madrugada sintiendo el gusto amargo de ese final. Quiero decir: la historia es tan genial como la forma en que escribe Kohan, pero no esperaba que termine como terminó. Magistralmente. Pero al fin de cuentas, cuando un libro funciona cualquier lector se encariña con algún personaje.

No voy a contarles qué pasa en esas últimas páginas. Prefiero que lo lean. No está de más la sorpresa.

Me pregunto cómo diablos consigue un escritor que quien lo lea quede atrapado por lo que cuenta. Eso es lo que logra Kohan: atrapar.

Fuera de lugar empieza por una tapa siniestra: dos muñecos colgados. Después cuenta sobre un grupo de adultos que se aprovechan de chiquitos huérfanos para sacarles fotos que venden a otros países. Estamos en tiempos en los que internet no es aún frecuente. Pero después la red explota y ya no se compran imágenes. Lo prohibo también está al alcance. Uno de los personajes descubre allí un mundo de sexo, en el que se inmiscuye al mismo tiempo que lo asaltan los temores de que su pasado oculto sea descubierto.

fuera_de_lugar_kohanLa novela de Kohan lleva a reflexionar acerca de la doble vida de cualquiera y de cómo la imaginación puede más que la realidad. Es, al mismo tiempo, una historia de cómo nuestras vidas dependen más del azar o de cosas superiores que de nuestras decisiones. Kohan deja eso en evidencia.

Kohan se parece, en su escribir, a esos jugadores que en un partido se frenan y con sólo cambiar la dirección de su pase rompen el pronóstico y lo que parecía un simple traslado de pelota se convierte en ataque demoledor que puede terminar en gol. Futbolero e hincha de Boca apasionado, a Kohan lo entrevisté para la revista El Gráfico, así que no me sorprendieron los guiños que le hace a este deporte. En el galpón del final aparece un cuadro con la imagen de Maradona, pero antes hay más. En un momento escribe que “al gato le habían puesto Anhielo, por un arquero que había tenido Banfield a mediados de los años setenta y que apodaban, precisamente, ‘Gato’”. En otro, cuando aparece un hincha de Quilmes, se lee que “el fútbol es el esperanto de las conversaciones entre hombres: tema de comunicación universal. Hablamos del equipo campeón del Metropolitano del 78. Hablaron de Horacio Milozzi; hablaron del nueve, Andreuchi. Hablaron del gol de Jorge Gáspari a Rosario Central. Hablaron de José Yudica”.

Al principio uno quiere saber qué ocurrirá con esos chicos. Se pregunta si alguno de ellos aparecerá muerto o si delatará a los adultos. Pero después irrumpe otro pequeño con su tío, desesperado por sus deudas económicas, y todo apunta hacia otro lado. Un suicidio provoca un giro de noventa grados y queda todo listo como para que uno se pregunta qué pasará entre el sobrino y Santiago Correa. También tiene incidencia su esposa, Mariela. Cuando menos se lo espera, se nota que todo tiene que ver con todo. Que el círculo de casualidades se cierra en causalidades. ¿Y entonces?

Ahí es cuando Kohan maneja tan bien el misterio. En esa comodidad que provoca su lectura, lo que se recomienda es dejarse llevar por las palabras. De todos modos, la historia ya está escrita.

Compartir
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInPin on PinterestShare on TumblrShare on RedditDigg thisFlattr the authorShare on StumbleUponShare on VKShare on YummlyBuffer this pageEmail this to someonePrint this page