A VEINTE AÑOS DE LA MUERTE DE FABIÁN POLOSECKI

Escrita por en Entrevista, Libros, Notas

Por Alejandro Duchini

“El pasado no es algo terminado sino en permanente construcción, e intentamos hacer que responda a nuestras necesidades del presente”, escribe Pablo De Santis en el prólogo de “Polo – El Buscador. Vida y obra del periodista Fabián Polosecki”. Es el libro que Hugo Montero e Ignacio Portela escribieron -y publicaron a través de editorial Sudestada- sobre quien cambió la forma de hacer televisión a través de los programas “El otro lado” y “El visitante”. Fue publicado en 2010 pero no pierde vigencia. Lo leo y hablo con sus autores porque este sábado 3 de diciembre se cumplen 20 años de su muerte. Muchos, supongo, saben que Polo se suicidó. Se arrojó a las vías de un tren. Sobre el tema se explayan en este trabajo que recomiendo de principio a fin. Primero, porque es muy informativo sobre el personaje. Segundo, porque nunca cae en golpes bajos. Y tercero porque lo aceitaron muy bien, apelando a la memoria de quienes lo conocieron. Entre ellos, su mamá Aida, su hermano mayor Claudio y el mismo Pablo De Santis, que era su guionista. También sorprende -gratamente- la aparición de Tomás Abraham, quien elogia el trabajo de Polo. Hay más testimonios. Ninguno sobra. El objetivo de los autores, cuentan en las primeras páginas, no era armar una biografía “definitiva” ni hacer “enfoques ensayísticos sobre su obra”. “Lo que dominó a esta investigación desde el principio es la necesidad de saldar una vieja cuenta pendiente con un pibe llamado Fabián Polosecki, a quien le debemos como periodistas algo más que este proyecto”, escriben.

A continuación, mi entrevista a los autores de “Polo – el buscador” (hay también un documental muy bueno, “En la vereda de la sombra”).

-Hay un momento que me encantó del libro: es cuando habla Tomás Abraham. Ustedes le preguntan por qué se sigue recordando a Polo. ¿Por qué creen ustedes que se lo sigue recordando?

-(Hugo Montero) Te podemos contar por qué nosotros lo seguimos recordando… Elegimos escribir sobre la vida y la obra de Polo a partir de la influencia que tuvo para nosotros su trabajo. De alguna manera, elegimos la carrera de Periodismo por la impronta de Polo, por ser espectadores de su programa televisivo a una edad en la que se toman decisiones determinantes con respecto al oficio que uno quiere transitar en el futuro. Teníamos 16, 17 años. Así que, de algún modo, Polo fue el responsable directo para que sigamos el camino del Periodismo. Sus mundos cotidianos, su estilo como entrevistador, su carisma como periodista, sus personajes interesantes y urbanos, fueron los disparadores de nuestro interés por su trabajo en “El otro lado” primero y en “El visitante” después.

-(Ignacio Portela) Es cierto que hay otros elementos, más allá de su talento y creatividad, que lo vuelven un personaje interesante, como la muerte joven o la serie de mitos infundados que se construyeron a su alrededor. Pero cualquier observador atento que haya visto algún programa de Polo, de inmediato te puede mencionar que las particularidades del tipo eran bastante singulares, nada comunes en el mundo del periodismo televisivo. Polo es recordado, me animo a afirmar ahora, porque fue de los pocos que puso al otro, al entrevistado, en primer lugar.

-¿Cómo imaginan que trabajaría Polo en la televisión actual? ¿Se podría adaptar?

-(IP) Creo que sí… Si pudo trabajar en ATC en tiempos de Gerardo Sofovich y el corte de la manzana, está claro que podría trabajar ahora con ideas nuevas y un formato más modernizado. Aparte, hoy en televisión no existe nada parecido y, más allá de los vulgares plagios que pretendieron usufructuar algunos de sus hallazgos, y me refiero a engendros como los programas de Gastón Pauls, Juan Castro, “La Liga” o ahora ese amarillista “Lado B” de Martín Ciccioli en TN, nadie se anima a correrse del lugar protagónico y buscar en universos cotidianos la presencia de lo extraordinario. Ese ejercicio, desde que se fue Polo, está ausente de la tele.

libro-polosecki-¿Le daría, la televisión actual, un lugar a su formato?

-(HM) La verdad, ni idea, no es un mundo que conozcamos en profundidad, más allá de nuestro rol como televidentes. Pero creo que si un tipo creativo y talentoso como era Polo no tiene lugar en determinado formato por las razones técnicas que sean, el problema es, definitivamente, del formato.

-¿Cuales fueron los testimonios del libro que a su criterio mejor describieron a Polo?

-(HM) Muchos, la verdad. El testimonio de su mamá Aída, porque quizá sea la persona que mejor lo conoció. Pero también el cariño que se dejaba traslucir a lo largo de todas las notas con sus amigos y compañeros de militancia y de colegio. Ahora me acuerdo en particular el de Claudio Beiza, el camarógrafo del ciclo, que de algún modo fue el Sancho Panza de las quijotadas de Polo, el que lo seguía a todos lados e intentaba anticiparse a esos momentos de quiebre en los que Polo se conectaba con el entrevistado y ya no importaba más nada: dice Rubén Viñoles, otros de sus productores, que esos momentos concretos durante la entrevista, ese momento puntual en que el otro se abre, se rompe la cáscara de lo superficial y te cuenta algo verdadero, algo emotivo, algo profundo, era como ver a Maradona pararse antes de patear un tiro libre. Ese pálpito sentían los que conocían a Polo.

-¿Qué es lo más fuerte o lo que más los marcó de esta investigación?

-(IP) Creo que encontrarnos con la vida de un tipo luminoso, sociable en extremo, siempre lleno de proyectos y de vínculos entrañables… Nada que ver con el personaje oscuro que se dibujó desde cierta prensa o desde el mito que se fue construyendo a su alrededor a raíz de su muerte trágica. Después nos topamos con un flaco muy creativo, que supo aprovechar el resquicio que se le abría en televisión para experimentar: como en un puchero, juntó ingredientes de todos los mundos que a él y a su equipo de trabajo le apasionaban: la novela policial, el cine de autor, la literatura fantástica, la historieta, la crónica urbana y la historia de vida, la entrevista como herramienta, todo eso a partir de sus amigos… Todo eso mezclado en un programa de televisión.  Y después nos topamos con un sinnúmero de amigos y conocidos que se sumaron entusiasmados a volcar sus recuerdos sobre Polo, aún que hubieran compartido con él poco tiempo. Desde quien fue su compañero de banco en el primer día de primer grado del colegio, como Adrián Korol, pasando por sus compañeros de militancia de su paso en la Fede o compañeros de trabajo en el periodismo gráfico, o personajes de la calle que lo recordaban de un modo entrañable, como Pocho La Pantera, por ejemplo.

-¿Que les dice sobre Polo la gente más joven, la que casi no vio sus programas o que sólo pueden verlos hoy en la web, veinte años después?

-(IP) Nosotros, desde la salida del libro, hacemos el ejercicio de presentaron donde nos invitan y siempre pasamos uno o dos programas del ciclo. El impacto entre los pibes jóvenes sigue siendo llamativo: los primeros 7-8 minutos se los nota dispersos, como no habituados a un ritmo televisivo pausado y casi poético en algún punto: estamos hablando de un programa de hace más de 20 años, lo que en televisión es un siglo. Pero después, apenas surgen los personajes y se van metiendo en sus historias, Polo los engancha. Sucede siempre, nunca falla. Hay ciertos programas estratégicos para nosotros, claro, sabemos que generan un impacto fuerte porque son historias profundas, divertidas y emotivas, pero el efecto sigue marcando a los pibes jóvenes, que vienen con otra cultura televisiva encima. Es muy interesante el fenómeno,

-¿Cosas que destaquen de Polo o que lo hayan hecho un tipo especial en lo suyo?

-(HM) Para nosotros, Polo es una referencia del estilo de periodismo que defendemos: donde el protagonista siempre es el otro y nunca el cronista, donde los temas abordados tienen un perfil poético y literario, donde los personajes son respetados en su intimidad y cuidados a partir de preguntas que apuntan a la curiosidad y a generar un clima, una atmósfera. Esa textura que lograba Polo con sus entrevistados nos parece de lo más transgresor del periodismo televisivo argentino de los últimos treinta años: en tiempos de cámara oculta, de burlarse del otro, del diferente, con el recurso del porteño piola de la cámara oculta, como Tinelli, Pergolini y otros nefastos, en momentos en que el plagio y la copia se multiplicaba en diversos formatos y se imponía como moda la estética del video clip y de lo efímero, los programas de Polo eran todo lo contrario: un remanso de charla con personajes de la calle, vendedores ambulantes, payasos de circo, matarifes de un matadero, gente con una historia para contar. Eran eso: conversaciones con gente con la que convivimos todos los días. Y Polo era un especialista en seguir esas pistas que el entrevistado va sembrando por el camino…

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