MARADONA, 30 AÑOS ANTES (O DESPUÉS)

Escrita por en Libros, Notas

Por Alejandro Duchini

“Creo que ellos no querían ni mirar para atrás, para la cancha, por miedo a que lo anularan. Cuando llegó el Checho, me preguntó:

-Lo hiciste con la mano, ¿no? ¿Lo hiciste con la mano?

Y yo le contesté:

-Cerrá el orto y seguí festejando”.

La anécdota se la cuenta Diego Maradona al periodista Daniel Arcucci en el recientemente publicado México 86 – Mi Mundial Mi verdad – Así ganamos la Copa (Planeta). Se lee en el capítulo VII, dedicado al Argentina 2-Inglaterra 1: hoy se cumplen 30 años de ese encuentro en el que Maradona fue más Maradona que nunca. Esa tarde hizo historia con La mano de Dios, al que alude en el diálogo anterior; después se despachó con el mejor gol de todos los tiempos: apiló a todo inglés que se le aparecía en el camino y puso el 2 a 0. Algo más de 10 segundos le bastaron para convertirse en el Barrilete cósmico.

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El primer gol le valió enojos de los ingleses -que aún duran- y dudas propias y de compañeros en su corrida hacia el festejo. Para algunos, lo suyo fue picardía, y para otros, trampa. O ambas cosas a la vez. El segundo fue una cosa de locos. Compensó con creces -si es posible- al anterior. Y significó el mejor relato de la historia, en la voz de de Víctor Hugo Morales. Nunca un relato fue tan perfecto como el de esa tarde. Lo pueden leer acá o escuchar y ver a continuación:

De hecho, el propio Maradona lo cita en su libro. “Ese gol para mí tiene música. Y la música es el relato de Víctor Hugo Morales. Ese gol me lo hicieron ver y escuchar en inglés, en japonés, en alemán. Hasta, un día, me hicieron entrar con un video en el que, al final, la  pelota se iba afuera. Pero el relato de Víctor Hugo es único”.

Ese gol valió además uno de los mejores cuentos que leí: se titula 10.6 segundos y lo escribió Hernán Casciari.  Le pregunté por ese texto al entrevistarlo para mi libro, La palabra hecha pelota, y me contó: “10.6 segundos tuvo como un año entero de evolución. Estábamos almorzando en Madrid con Pedro Mairal y el Chiri, a punto de empezar a hacer la revista Orsai, contándole a Pedro el proyecto y qué queríamos hacer. Fue un almuerzo muy lindo, en el que nos emborrachamos. En un momento, Pedro me dice ‘tengo una idea pero no para escribirla yo sino vos. Se me ocurrió que cuando Valdano corría esperando el pase de Maradona, en ese momento, cuando no recibe el pase, decide hacerse escritor’, me dice. Empezamos a pensar los tres que capaz que a cada uno de los jugadores, tanto rivales como compañeros de Maradona, e incluso al árbitro, en esos 10 segundos de corrida de Diego a cada uno le cambia la vida. Ese germen de historia me lo regaló Pedro y Chiri se puso a investigar qué ocurrió con cada uno de los jugadores y me pasó los datos. Con eso, lo que hice fue recrear. Y entre ese mediodía madrileño y la escritura final pasaron casi dos años. Fue un proceso largo. Con Chiri siempre lo pensábamos, no era para hacer de un día para el otro. Lo dejé madurar seis meses hasta meterme en el texto. No fue fácil de escribir: tenía que encontrar un estado de ánimo. Y cuando lo encontré, lo fui haciendo bloque a bloque. Son ocho bloques. Nunca se menciona a Maradona. Pero cada bloque empieza con una letra capitular mayúscula. El primero con M, el segundo con A. Y así, hasta formar la palabra Maradona. Hubo un gran trabajo de diseño. Fue un trabajo en equipo. Me gustó mucho hacerlo”.

maradona_argentina_inglaterra_86_1Ese partido llegaba con un ingrediente de violencia que el fútbol no podía despejar: cuatro años antes se había producido la guerra de Malvinas. “En la previa, el tema de la guerra no pasaba desapercibido. ¡No podía pasar! La verdad es que los ingleses nos habían matado a muchos chicos, pero sin bien los ingleses son culpables, igual de culpables habían sido los argentinos que mandaron a los pibes a enfrentar a la tercera potencia mundial con zapatillas Flecha. Uno nunca pierde el patriotismo, pero uno habría querido más que no hubiera habido guerra”, recuerda Maradona en su charla con Arcucci.

El periodista Andrés Burgo dedicó un libro entero a ese encuentro: El partido – Argentina-Inglaterra 1986. Lo describe de manera genial. No tiene la voz de Diego, pero cuenta detalles de los que carece el otro libro. Hablan los demás jugadores y hasta se tomó el trabajo de entrevistar a ex combatientes, entre muchas otras voces. El mérito de Burgo reside en que entra en pequeños hechos, algunos de ellos increíbles. Al leerlo uno siente que vive de nuevo la previa, el durante y el después de ese encuentro. Explica cómo se consiguieron las camisetas azules con las que Argentina jugó esa tarde, tiene la voz de ingleses y citas de otros libros, se acerca a los árbitros y habla con Bilardo y demás integrantes del cuerpo técnico. Recomiendo su lectura.

maradona_argentina_inglaterra_86_3La tarde del 22 de junio yo estaba viendo el partido con mi papá, solos en casa. Tenía 14 años. Unos días después iban a operar a mi mamá en el Hospital Fernández, donde estaba internada. Yo aún no sabía de su cáncer. Creía que se trataba de un mal momento, que se repondría y que regresaría a casa y que todo volvería a la normalidad. Unos cuantos meses después la realidad me golpearía fuerte. Pero ahí, en ese momento, mientras se jugaba Argentina-Inglaterra, el fútbol me abstraía de todo: lo único que me importaba era que el Seleccionado fuese campeón del mundo. Unos segundos antes de que Enrique le diera la pelota a Maradona, ahí, en la mitad de la cancha, mi papá había ido al baño. No sé a qué, pero volvió corriendo cuando le empecé a gritar “papá, vení a ver esto, no te lo pierdas, vení, vení, no te lo pierdas”. Cuando llegó, Diego ya había dejado a Shilton humillado y ofendido y mi viejo alcanzó a ver cómo se metía esa pelota en el fondo del arco y en el mejor rincón de la historia.

Me miró. Perplejo. No entendía bien qué había pasado porque se había perdido nueve segundos de aquella perfección. Igual, gritó como un desaforado sin dejar de mirar la tele. Y me abrazó como en la cancha cada vez que Independiente hacía un gol. “A casi todos los ingleses, papá. Hizo lo que quiso. Así, así, así. Los dejó en el camino. No sabés lo que hizo Diego, papá. ¡No sabés!”, le expliqué con lo que me quedaba de aliento tras tanto grito y asombro. Ahora que todo está escrito y que sabemos cómo terminó, todavía me pregunto cómo se le había ocurrido levantarse en medio de ese partido. Cómo era posible que él, futbolero como el que más, haya ido a cagar o mear cuando Argentina ganaba 1 a 0 y nada estaba cerrado. Así que terminó de acomodarse el pantalón pinzado, se ajustó el cinturón, soltó la panza y se pegó a la silla a esperar la repetición. No dijo nada. Ni se movió durante lo que quedaba de la tarde.

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