RALLY: EL PODER DEL DINERO

Escrita por en Destacadas, Notas

Por Alejandro Duchini – @aleduchini

“Una lista negra de 64 víctimas entre pilotos, técnicos, periodistas y público”, tituló el diario La Nación una nota sobre las muertes en el Rally Dakar. Y agregó que “en sus 37 años de existencia, la competencia promedia casi 1,7 decesos por realización; desde que se corre en América del Sur, la cifra apenas desciende a 1,5”. Sobre su final, añade que “llamativamente, los competidores abarcan apenas un 40% de los fallecimientos, aunque sí componen el grupo mayoritario. Los pilotos y copilotos suman 26 de las 64 víctimas fatales de los 37 años de Dakar; las otras 38 corresponden a varios grupos: los espectadores, que fueron 13 y representan un 20%; los periodistas, que tuvieron ocho bajas (12%), los asistentes de los equipos y los organizadores, que alcanzan a tres en cada caso (casi 5%), y quienes no estaban afectados a la carrera pero murieron como consecuencia indirecta de ella (por ejemplo, en accidentes en vía pública durante tramos de enlace), que totalizan 11 (17%)”.

La semana pasada, en su muro de Facebook, la periodista Fernanda Jara subió unas fotos impresionantes que reflejan el nulo respeto por la vida ajena por parte de los organizadores. Días después, en el diario La Nación, el experimentado Pablo Vignone publicó una nota tremenda, genial, titulada La otra cara de un rally insensible y destructor. En 2009, Ezequiel Fernández Moores también advirtió sobre el tema en el mismo matutino. Su columna puede verse al final de este portal.

Las muertes en esta carrera son moneda corriente. No sorprenden. Nadie se queja. Se toman como un eslabón más en los hechos que se suceden alrededor de máquinas carísimas, anunciantes de primer nivel y pilotos casi siempre millonarios. No ocurre lo mismo con el boxeo, que, por el contrario, es sumamente criticado. ¿Por qué provoca enojos que dos tipos se peguen sobre un ring y no que se maten pilotos, mecánicos y espectadores que compiten en una carrera que, además, ha demostrado que daña el medio ambiente? ¿Por qué los que gritan a veces se callan cuando el automovilismo genera víctimas fatales?

Creo que todo pasa por lo comercial, es decir, los sponsors. Quienes apoyan al Dakar tienen intereses creados y mueven un mercado que el boxeo ni a palos, salvo en Las Vegas. Y como la prensa está encapsulada dentro de las Empresas, a estas les conviene tapar, atenuar, o justificar todo cuanto allí ocurre, que si fuera dentro del boxeo, huérfano de sponsors, de extracción pobre y marginal, lo destrozarían. Básicamente es por eso”, sintetiza Gustavo Nigrelli, a mi gusto uno de los periodistas que más conoce de pugilismo en el país.

A través de un correo electrónica, agrega: “Retóricamente te van a decir que el objetivo del rally es llegar a la meta y del boxeo es destruir, y que se premia golpear, dañar, o destruir al rival. Y no es así. Si fuera así se permitiría subir con un palo, pegar patadas, o todo tipo de golpes, y no habría zonas vedadas. Si tiro a mi rival podría seguirle pegando en el piso, mientras que la regla exige que te vayas a un rincón y le des 10 segundos para que se recupere, y sólo si lo hace puede seguir peleando, si no no. Simplemente es un deporte de contacto por excelencia, y representa lúdicamente una pelea sin armas, donde hacemos “como si” nos peleáramos, nos vamos a pegar como consecuencia de ello, tratando de no dañarnos (por eso los guantes, si no sería a puño limpio), pero en realidad no nos estamos peleando en serio, porque de lo contrario al sonar la campana la seguiríamos, y no es así. Ambos paran cada vez que hay alguna orden, cosa que jamás ocurriría en una pelea en serio. Esto último es más o menos la explicación filosófica que rebate el argumento ideológico que quieren imponer los abolicionistas, que han perdido la batalla, pero ganado la guerra, porque consiguieron demonizar al boxeo al punto de que culturalmente no sea aceptado ni apoyado por las grandes empresas”.

“A fin de cuentas, que haya muertos con o sin intención, con o sin objetivos, está pésimo igual, y es tan grave una cosa como otra. Pero en el rally muere un espectador, que no fue a competir, sino a mirar. En el boxeo, si pasa algo le pasa al que lo practica. No obstante, acá no hay un accidente fatal desde el ’69, cuando murió Paladino en el Luna Park. Hablo de Buenos Aires. Y el boxeo va a la cola de deportes riesgosos en las estadísticas, detrás de muchos. Acá murieron más futbolistas que boxeadores ejerciendo su actividad“, me suelta con el aval de los números.

“Discutamos el tema, pero discutamos sin hipocresía”, pide Walter Vargas cuando le pregunto por esta cuestión. Vargas también es especialista en boxeo. Relata peleas. Además, sabe mucho de fútbol. Es un gran periodista que acaba de publicar un libro que, por lejos, recomiendo, sobre todo para estudiantes de periodismo y hombres de prensa que necesiten enderezar el rumbo: Periodistas depordivos. Después destaca la nobleza del deporte de los puños y cita un par de frases de uno de los mejores libros de temática deportiva que existen: Del boxeo, de Joyce Carol Oates. Otro libro que no hay que perderse.

Vargas defiende al boxeo. Pero eso no le impide ejercer el análisis. “A veces, el mal de este deporte está en sus propios integrantes, como un manager que manda a pelear a un tipo o lo hace seguir cuando no puede más para sacar alguna ventaja, como dinero“, dice. “Se trata del primer deporte antropológico de la humanidad. Muchos creen que es el atletismo pero dos tipos, antes de hacer carreras, empezaron por golpearse”, sintetiza.

En lo personal, me gusta el boxeo. En conocimientos no estoy a la altura de Nigrelli ni de Vargas. Pero lo disfruto porque veo en los boxeadores cierto arte que sólo encuentro en el fútbol. También percibo emoción y respeto, dos cualidades humanas muy necesarias. Hay, sobre el ring, dos tipos que se pegan pero sólo por deporte. Después se darán un abrazo. Entiendo que en los combates hay honestidad. No me gustan, por el contrario, aquellas actividadades que, avaladas por el poder del dinero, arrasan con todo. Inclusive con la vida ajena.

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