EL DEPORTE TIENE LA PALABRA

Escrita por en Destacadas, Notas

Por Alejandro Duchini

Casi puntualmente, desde hace unos meses, mi colega y amigo Ariel Scher me escribe un escueto mensaje por Facebook. Por ejemplo, “Una de box, Ale. Gran abrazo“. Eso es todo. A través de ese link sé que me espera una historia maravillosa. Siempre la protagonizan deportistas y escritores. Porque en algún punto de esos textos, siempre, el deportista y el escritor sabrán encontrarse. Todo gracias a la calidad del gran Scher, uno de los entrevistados en mi reciente libro, La palabra hecha pelota (Galerna), y autor de, entre otros libros, Contar el juego, sobre el que ya hablamos acá.

Bajo el título “Firpo-Dempsey, de literatura”, se lee que aquella pelea del “14 de septiembre de 1923, en el legendario Polo Grounds de la todavía más legendaria Nueva York no había sucedido nunca”. Agrega: “No existió, pero fue necesario hacer existir a esa pelea porque a la literatura argentina le faltaba un gran tema del que escribir para siempre. Y justificó: “¿Acaso alguien cree que el gran Cortázar hubiera sido el gran Cortázar si su frustración por la presunta derrota de Firpo frente a Dempsey no le hubiera roto las ingenuidades de la niñez?”.

No conocí a nadie que escriba y sepa sobre literatura y deportes como Scher. Después de cada punto final me pasa lo mismo: me quedo con ganas de más. Lo bueno es que al otro día aparecerá un nuevo mensaje, escueto, con otro link, y esta historia volverá a repetirse.

Fútbol, boxeo, tenis, rugby, ajedrez. A la actividad que sea Ariel le encuentra la vuelta para contar . Le envidio y le admiro la cantidad de libros que leyó. También su intuición para marcar en cada uno de ellos el párrafo que servirá para encajar de manera perfecta y hacer funcionar un texto como un relojito. Encuentra en Cortázar, Borges o Soriano la perlita literaria que se cruza con un hecho deportivo. Así, desde el deporte, enseña literatura. Y hace literatura.

Ariel me deslumbró hace poco con un texto sobre el increíble Isidoro Blaisten que me llevó, enseguida, a un poema escrito por el mismo Blaisten sobre otro grande, José María Gatica. Me lo avisó por el mensaje: “Blaisten, Ale”. Así, como siempre. Le contesté entonces que había leído, hacía unos años, “Cerrado por melancolía”, y recordé que ese libro me había parecido maravilloso. Lo tengo aún en mi memoria porque me marcó en una época particular de mi vida, en la que vacacionaba, después de mi divorcio, con mis hijos todavía muy pequeños. Ellos dormían hasta tarde y yo leía desde temprano. Uno de los cuentos homenajea a César Pavese y esa frase que siempre me pareció demoledora: “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”. Frase a la que, a su vez, Andrés Calamaro y Los Animalitos le pusieron música con una canción divina que se titula, también, “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”.

Monzón, Bonavena, Alí, Locche, Frazier, Tyson y Mayweather desfilan en sus crónicas de boxeo. La lista de futbolistas es infinita. Junto a ellos, cómplices, asoman por la ventana de cada relato Bioy Casares, Macedonio Fernández, Leopoldo Marechal y Juan Filloy. Dan ganas de releer a esos autores y descubrir a otros. Porque lo que hace Ariel es eso: invitarnos al conocimiento. Hacernos descubrir a los más grandes.

Racing, Marechal y San Lorenzo fueron protagonistas a horas de un partido entre ambos por la Copa Argentina. Le escribió también al poeta Héctor Negro, al que recordó por su fallecimiento con una pasión tan bien transmitida:

Al Mundial de Rugby le puso literatura, como hizo con el tenis, bajo el título “Los tenistas de la cancha versus los tenistas de la literatura”.

“El clásico de Avellaneda, Ale”, me escribió una tarde de la semana anterior. Entonces tituló “Borges, Braceli y el clásico de Avellaneda” y después de leer  no sólo me quedé admirado sino que me pregunté cómo era posible que lo haya hecho de nuevo. Encima, tan bien.

Cada tema deportivo, de lunes a viernes, aparece en su muro de Facebook. Se lo nota apasionado, al amigo Ariel, quien sabe cómo transmitir esa pasión. El de Eduardo Galeano es otro ejemplo.

Sus textos se me ha convertido en lectura obligada. No me refiero, claro, a un tipo de obligación resignada. Si no a aquella apasionada. Porque la espero para disfrutar y conocer. Para saber algo más de deporte y literatura. Por eso, cada vez que en la ventanita del mensaje me aparece algo como “Arlt, Ale”, siento que me invita a viajar hacia un mundo privilegiado. ¿Qué otra cosa es, sino un privilegio, aquello que nos ofrece la buena literatura? Sobre todo cuando el que la hace, el que la regala, es el genial Ariel Scher.

Compartir
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInPin on PinterestShare on TumblrShare on RedditDigg thisFlattr the authorShare on StumbleUponShare on VKShare on YummlyBuffer this pageEmail this to someonePrint this page